Columnistas

El fantasma de los muertos de Iguala
Autor: Rafael Bravo
14 de Noviembre de 2014


Mientras los mexicanos y la comunidad internacional piden el esclarecimiento por la desaparici髇 de los 43 estudiantes en la poblaci髇 de Iguala en el estado de Guerrero, el presidente Pe馻 Nieto toma su avi髇 hacia China para la reuni髇 de pa韘es de la Apec.

Mientras los mexicanos y la comunidad internacional piden el esclarecimiento por la desaparición de los 43 estudiantes en la población de Iguala en el estado de Guerrero, el presidente Peña Nieto toma su avión hacia China para la reunión de países de la Apec. No importa que los padres y sus familias aun no encuentren a los muchachos con vida o al menos algún indicio de su paradero. Entretanto, la situación toma visos de insurgencia cívica pues lo consideran un “crimen de estado y de lesa humanidad”. El mismo papa Francisco denunció la dramática realidad y la creciente criminalidad derivada del tráfico de drogas.


En un principio las protestas se concentraron en el ámbito local para luego llegar hasta El Palacio de los  Pinos tocando al primer mandatario a quien se le pide la renuncia, en un clamor que se extiende por casi todo el territorio mexicano. La estrategia gubernamental para enfrentar la crisis ha sido desastrosa. Cada paso que las autoridades dan es un traspié que las acerca al abismo. Inexplicablemente, el Gobierno se niega a aceptar que tiene enfrente un movimiento popular que cual bola de nieve crece como espuma, a lo que han respondido echando mano de la politiquería en una apuesta por ganar tiempo cuando de sobra se sabe que no existen milagros para recuperar a los desaparecidos.


El Gobierno Federal pretende dar un relato oficial de la presunta masacre buscando evadir su negligencia y responsabilidad para librarse de posibles demandas internacionales. Lo que hoy día vive México es una toma del narcotráfico de los poderes locales sometidos por la fuerza de los carteles, en donde corrupción política y crimen organizado son una misma cosa. Las policías locales sirven a los intereses del hampa y quien se oponga termina muerto o desaparecido. 


Peña Nieto parecía una figura fresca de un partido que como el PRI había manejado los destinos del país por 60 años en medio de acusaciones de corrupción hasta que los mexicanos hastiados de la podredumbre, optaron sin mucho éxito por los líderes del Partido de Acción Nacional. Peña Nieto recién comenzado su mandato, se había impuesto la tarea a través del Pacto por México llevar a cabo los mayores cambios institucionales de los últimos 30 anos. Desde permitir el ingreso de capital privado a Pemex, hasta desmontar los ostentosos privilegios de la cúpula dirigente de los maestros.


En menos de un mes pasó de estadista del año, un galardón recibido de manos de Henry Kissinger, a estar señalado por los sucesos de Iguala. Asimismo, el escándalo por la llamada ‘’casa blanca’’ el sitio de vivienda del mandatario y su esposa, aportada por un grupo económico beneficiario de contratos gubernamentales, ha encendido la polémica sobre la transparencia de su mandato.


La situación mexicana no es ajena a lo que han tenido que padecer colombianos y hondureños en las últimas décadas por el narcotráfico. Es más bien un escalamiento de los métodos violentos que dejan  a su paso decenas sino cientos de muertos en un mismo episodio. Los carteles mexicanos en sus disputas territoriales han sembrado el terror y aliado con fuerzas políticas como la mejor forma de controlar un negocio allende las fronteras y que llega al norte a los Estados Unidos. El alzamiento civil en el que participan estudiantes, maestros, policía comunitaria y organizaciones campesinas, es el principio de la desinstitucionalización de un estado incapaz de erradicar a los violentos apelando a la ley y la constitución.