Columnistas

Mentes estrechas
Autor: Pedro Juan Gonz醠ez Carvajal
28 de Octubre de 2014


Cuando uno eval鷄 el criterio con el cual se toman algunas decisiones en lo p鷅lico y en lo privado, no queda sino reconocer, de manera impotente, que prima sobre la l骻ica, la racionalidad, y la planificaci髇, la mirada estrecha, cortoplacista...

Cuando uno evalúa el criterio con el cual se toman algunas decisiones en lo público y en lo privado, no queda sino reconocer, de manera impotente, que prima sobre la lógica, la racionalidad, y la planificación, la mirada estrecha, cortoplacista, miope y enana (disculpas por la utilización del término), que hace que una obra antes de ser inaugurada ya se queda chiquita, o muchas veces, no alcance a resolver el problema que se pretendía erradicar.


El túnel más importante del país, el túnel de La Línea, no se hace sobre la altura sobre el  nivel del mar que se requiere para que de una vez quede como debe ser, sino que se hace a una mayor elevación para “mermar costos y acelerar su entrega”, lo cual finalmente, contrastado con la realidad, muestra incumplimiento en todos los sentidos: se evidencia que  su recorrido no tendrá el impacto positivo en la magnitud de los costos logísticos que se esperaba, además tendrá sobrecostos en su ejecución, y obviamente, el cronograma inicial será olímpicamente incumplido. ¿Entonces en qué quedamos?


Ya se me perdieron en el tiempo el número de concesiones otorgadas para la reconstrucción y rehabilitación de nuestra red ferroviaria, al menos al nivel que teníamos hace unos 50 años. Por eso en Colombia casi siempre hay que hablar de  desatrasar y no de desarrollar. ¿Y dónde están los avances? Obviamente no  se han terminado completamente los trabajos y además no  se aprovechó para cambiar del sistema de “trocha angosta” al de “trocha ancha”, lo cual impedirá una mejor relación costo/beneficio por kilómetro recorrido.


Se anuncia la adjudicación de las primeras rutas de las llamadas “Autopistas de la Prosperidad”, sin quedar muy claro aún si tendrán, desde su diseño inicial, especificaciones de doble calzada. De no ser así, pues tendremos unas carreteritas más, comparadas con las que requiere la globalización y los niveles de competitividad exigidos en la actualidad.


Llega uno a la nueva terminal del Aeropuerto El Dorado en Bogotá y se encuentra con un espléndido diseño que no se compadece con las largas filas que se observan, a cualquier hora, de la gente que espera turno para usar el baño, pues a los brillantes diseñadores se les ocurrió que con baterías de a 3 sanitarios era suficiente. ¡Qué estupidez y qué imprevisión tan supinas!


Ni hablar de la necesidad de construir una tercera pista, que obviamente se requiere para poder evacuar a tiempo, las  frecuencias establecidas y por establecer.


Ni pretendamos hacer el inventario de obras inconclusas o de “elefantes blancos”  no utilizados después de terminada su construcción, pues moriríamos en el intento.


En lo local, tenemos imponentes puentes de varias calzadas que desembocan en un número menor de calzadas, lo cual obviamente genera congestión.


No se hace respetar el concepto de densidad urbanística y a pesar de la congestión actual, uno hace el recorrido por la transversal inferior y da la vuelta hasta conectarse con la transversal superior y luego al Intercontinental y cuenta varias construcciones nuevas, de varios pisos, a borde de carretera (sin contar las que se encuentran hacia adentro), cada uno con demanda de nuevos vehículos que entrarán a congestionar, aún más, el “taco” actual. ¡Ahí está la Virgen Santísima!  


De cara al nuevo POT es necesario que Planeación Municipal cuente con las herramientas suficientes para hacerlo respetar y cumplir. De no ser así, no va a pasar absolutamente nada, a no ser, el deterioro creciente de la calidad de vida de los medellinenses. 


Recordemos la siguiente reflexión: “A los veinte años reina la voluntad, a los treinta el espíritu y a los cuarenta el juicio”.