Columnistas

Respeto, por favor
Autor: Pedro Juan Gonz醠ez Carvajal
17 de Octubre de 2014


Escribo esta columna en medio de una gran pesadumbre ante el comportamiento poco civilizado de muchos de nuestros compatriotas de todos los c韗culos sociales, pol韙icos, econ髆icos y acad閙icos, con respecto a la gran polarizaci髇...

Escribo esta columna en medio de una gran pesadumbre ante el comportamiento poco civilizado de muchos de nuestros compatriotas de todos los círculos sociales, políticos, económicos y académicos, con respecto a la gran polarización que han generado en un país inculto políticamente, el anterior y el actual presidente, en medio de sus rencillas políticas y personales, atizados por unos medios de comunicación que poco contribuyen a la paz y a la civilidad en Colombia.


Es cada vez más frecuente escuchar en diversos círculos, como los amigos del uno y del otro despotrican de su adversario político, al que consideran enemigo, y se van lanza en ristre a través de críticas, comentarios, chismes, burlas y chistes destemplados y desobligantes, como los que circulan a través de los medios electrónicos.


Para colmo de males, se personaliza un asunto que no es de ellos, sido de todos, de la nación colombiana, como lo es la búsqueda de la paz. Si no se hace por el ejercicio básico de la cultura cívica y ciudadana,  sí al menos debe realizarse por empleo simple de la  urbanidad, que unos y otros deben reconocer, a pesar de que no les guste, que el uno es un Señor Expresidente de la República, y que el otro es el Señor Presidente de la República en pleno en ejercicio, elegido democrática y legalmente, y es la cabeza visible del Estado colombiano ante propios y extraños. A un presidente se le respeta, sí uno se considera un verdadero demócrata. No entender y acatar  lo anterior es un acto de irresponsabilidad, de incultura, de ilegalidad   y de barbarie.


¿Cuál ejemplo se les está dando a los niños y a los jóvenes a quienes se les critica por su apatía política? Pues con razón son apáticos, viendo el comportamiento ridículo, pueril e incivilizado de sus mayores.


¿Qué ambos quieren ser mirados por la historia como los mejores presidentes de Colombia y sus áulicos (la mayoría ignorantes), así se los hacen creer? Pues los invito a que estudien la obra de gobierno de un Bolívar, de un Santander o de un Rafael Reyes para que comprendan que aún les falta mucho pelo para el moño a ambos, a pesar de sus logros, esfuerzos y realizaciones,  comparados ante semejantes personajes, verdaderos colosos de la historia patria.


Dice la Universidad de la Sorbona que un gobernante solo puede ser juzgado en términos de obra de gobierno, una vez pasados dos períodos. Estamos entonces, ad portas, de acuerdo con esta propuesta académica, de poder comenzar a realizar el ejercicio para uno de ellos.


Así mismo, como la historia ilustra hasta la saciedad, ¿Qué pasará el día en que los llamados “furibistas” y los “furisantistas” se encuentren ante una posible reconciliación de sus dos líderes? ¿Qué camino van a coger? ¿Cómo sanar las heridas y cicatrices producto de sus posiciones y posturas acaloradas, dadas usualmente entre sus círculos afectivos y de relación  más cercanos? Recordemos que en términos del comportamiento de la  especie humana, el siempre y el nunca no existen. Está demostrado que es más fácil que los enemigos se encuentren, a que los amigos continúen de amigos toda la vida.


Descalificar obras de gobierno se ha convertido en un deporte. De acuerdo con las cifras oficiales somos, en números redondos, 46 millones de Colombianos; 21 millones de los cuales, están debajo de la línea de pobreza; de esos, 8 millones están en la miseria y de esos, tenemos 4 millones de desplazados. Si estos son los resultados que estamos teniendo, producto obviamente de un acumulado histórico, no considero inteligente hacer apologías de buenos gobiernos que han contribuido  y nos han legado semejante calamidad, hasta el presente.


Requerimos actuaciones con altura, en medio de la legalidad, por parte de todos, para que podamos mostrarnos ante el mundo como un país civilizado. La decencia y la elegancia no nos cuestan nada, ejerzámoslas.


Recordemos la postura humana, elegante, histórica, enorme y ejemplarizante del senador y candidato Republicano John McCain, cuando reconoció la victoria del senador y candidato Demócrata Obama  en las elecciones presidenciales: “Hasta ayer el Senador Obama era mi contrincante político como candidato a la Presidencia de los Estados Unidos de Norteamérica. A partir de hoy, es mi Presidente”.


Ahí les queda esta perla para los mal educados de hoy, cualquiera sea su posición.


Recordemos el pensamiento popular que dice: “En los ojos del joven arde la llama, en los ojos del viejo brilla la luz”.