Columnistas

Un rayo en el corazón
Autor: Álvaro González Uribe
11 de Octubre de 2014


¡Qué dolor! Y cayó ese rayo en medio de la Sierra y de la noche. En medio de la vida de 11 hermanos mayores wiwas. Ese rayo que abrió otra fisura en el “corazón del mundo”, otra fisura más entre tantas que han abierto guaqueros, colonos...

@alvarogonzalezu


¡Qué dolor! Y cayó ese rayo en medio de la Sierra y de la noche. En medio de la vida de 11 hermanos mayores wiwas. Ese rayo que abrió otra fisura en el “corazón del mundo”, otra fisura más entre tantas que han abierto guaqueros, colonos, narcotraficantes, guerrilleros, paramilitares y bandas criminales.


Llegaron muchos wiwas el domingo pasado, llegaron al poblado de Kemakumake situado Sierra arriba seis horas a pie desde Guachaca, corregimiento de Santa Marta ubicado en la base de la gran montaña. Llegaron a deliberar sobre su comunidad; llegaron a escuchar a los mamos, sus sacerdotes, consejeros y autoridades, sus sabios (otra enseñanza de cuál es el lugar que deben ocupar los sabios o, de otra forma, de las cualidades que deben tener quienes ocupan esas posiciones entre nosotros los “hermanitos menores”).


Rafael Mojica, líder wiwa, “asegura que en la cosmogonía de su comunidad el rayo es el padre del trueno, y cuando cae en algún lugar significa que está reclamando reparar algún acto que se ha cometido contra la madre Tierra”. (El Tiempo, 7-10-14).


Y continúa Rafael: “Cuando un rayo cae en medio del monte, los mamos (…) se reúnen para consultar qué tipo de pagamento deben hacer y qué van a ofrendar. Ellos se encargan espiritualmente de pagar, para que no le caigan a un animal o persona, pero nunca había ocurrido una tragedia así en una comunidad wiwa.


Agrega que lo ocurrido ese lunes no es porque los wiwas hayan cometido esos actos, sino porque desde mucho tiempo atrás, otras personas llegaron a la región a guaquear y se llevaron objetos sagrados. ‘De pronto esos objetos eran del padre trueno, y él lo que viene es a reclamar lo que se han llevado’, asegura Mojica, quien considera que lo ocurrido fue injusto porque los wiwas lo que hacen es preservar el medioambiente y los sitios sagrados”. (Ibíd.).


Es su manera de entender la destrucción del Planeta. Y es cierto, ellos no tienen la culpa, pues no sólo han intentado cuidarlo desde su montaña corazón de mundo, sino que pregonan el mensaje a todos los rincones posibles.


No sé qué tanto esa tormenta eléctrica que los mató se deba al cambio climático, pues pese a que según los científicos es una zona que por sus características es propensa a dichas tormentas, todos sabemos que el cambio climático ha alterado a máximos o mínimos todos los fenómenos naturales. Lo que sí relata Mojica es que los wiwas no tienen recuerdos de un fenómeno similar, al menos con muertos. De todas maneras, es un símbolo para todos: la naturaleza enfurecida, como los megahuracanes, las sequías, las inundaciones, las crecientes, los aludes o los deshielos.


Esta vez fue el rayo que implacable se ensañó injustamente contra unos de los máximos defensores del Planeta, contra los hijos de la Tierra descendientes de los tayronas. Pero ellos, generosos, consideran ese ataque como un pagamento o mejor, sacrificio, que debieron ofrendar por los daños e irrespetos causados por otros.


Hace mucho tuve la oportunidad de conocer al mamo Ramón Gil, sobreviviente aunque herido en la tragedia y cuyo hijo murió en ella. Ramón expresó que “hace dos años la naturaleza le había advertido que debían pagar por tantas talas y saqueos que se han realizado en estas montañas (…). El domingo a las 6 de la tarde cuando cayeron los primeros relámpagos sentí que estaban molestos, pidiendo que le devuelvan a la naturaleza todo lo que se han llevado de la Sierra”. (Ibíd.).


Y termina Ramón: “‘Le dije a la comunidad, el trueno está bravo, dice que nos mandó el primer castigo el verano, pero como suplicamos mucho, manda el aguacero, pero no pagamos y ahora va a venir guerra de la naturaleza y de la humanidad’, asegura el viejo Mamo que le dijo la naturaleza (…) ‘Le quitamos 11 para que usted reflexione, analice y hable con hermanitos menores y les advierta también’”.


¿Le dejamos la tarea a Ramón y a los otros mamos? ¡Ay Planeta, qué dolor ese rayo en tu corazón arrugado!