Palabra y obra

German Castro Caycedo: “I am not going to write more of violence”
Germán Castro Caycedo: “No voy a escribir más de violencia”
Autor: Daniel Grajales
20 de Septiembre de 2014


El cronista presentará hoy, a las 5:00 p.m., en el Salón Humboldt del Jardín Botánico, su nuevo libro Nuestra guerra ajena, durante las actividades de la Fiesta del libro y la cultura de Medellín.



Germán Castro Caycedo dijo que buscará nuevos temas, que no tocará más el narcotráfico, al igual que lo hizo en obras como Candelaria.

cultura@elmundo.com


Twitter: @danielgrajalest


Para Germán Castro Caycedo no ha sido un impedimento que editoriales decidan no publicar sus libros, el tiempo se ha encargado de que las mismas lo busquen después para que, sin tapujos, presente los datos que recolectó en sus investigaciones periodísticas, las cuales ha definido simplemente como el trabajo de un cronista.


Ese fue el caso de Nuestra guerra ajena, su nuevo libro, el cual la Editorial Planeta se negó a publicar en un principio por “su contenido en cuanto a la posición del Estado frente al conflicto interno (2002-2010)”, que hoy será presentado por él mismo, en las jornadas de la Fiesta del libro y la cultura de Medellín.


Y es que los datos que allí reveló hablan de corrupción, de debilidad del Estado y entidades como la Aeronáutica Civil, además de diferentes problemáticas sociales del país como la prostitución y el tráfico de drogas.


Castro Caycedo separó un espacio de su agenda en Medellín y compartió con EL MUNDO una conversación, sin tapujos, de lo que es su nueva obra.


-En este libro se precisa que Estados Unidos aporta solo el 11 % al Plan Colombia y el 89 % lo hace el país, ¿por qué entonces los grandes aviones de combate y fumigaciones como El Sar, no tienen dominio del estado o siquiera participación?


“Los documentos dicen que aporta el 11 %, yo no he ido más allá. El asunto es que se contrata con empresas de mercenarios, que son muy poderosas, y unos ponen los pilotos, otros los helicópteros y con ello pagan sus mercenarios. No quiero meterme mucho en eso, porque no quiero adentrarme en su contabilidad”. 


Ellos lo manejan todo, lo controlan todo, envían a sus mercenarios según quieran y nisiquiera se sabe qué hacen”.


 


-¿Y la Aeronáutica Civil...? 


“No tienen control de nadie, ni del ejercito de nadie, porque eso es lo que determinan los gringos y este país es de ellos. Esto es una situación especial, estos helicópteros tienen matricula de la policía colombiana y no control de la aeronáutica”. 


-En este libro usted habla con funcionarios estatales que le piden no revelar su identidad, ¿cuáles son los miedos de ellos y cómo los expresan?


“Que tomen represalias con ellos, los gobiernos y será la embajada, esto es una situación del día a día del periodismo investigativo: ‘No me nombre, pero tome nota de eso’”.


-Usted se centra a contar cómo los mercenarios, contratados por entidades estadounidenses para las fumigaciones en Colombia, quienes tienen inmunidad para diferentes actividades; cometen delitos que no son denunciados, cuéntele a nuestros lectores un poco de esto.


“Ellos iban a las bases militares de la Amazonía, con el cuento de la fumigación, y llevaban putas, su metre, su cocinero, aviones que les llevan el mercado y les llevan las putas, por allá no se pasa mi general colombiano. 


Aquí y en otras partes del mundo los han agarrado con narcóticos”.


-¿Qué siente usted, un cronista que ha contado diferentes caras del conflicto colombiano, cuando habla con un mercenario que, sin reparo, dice que no le importa este país, que es “un Estado terrorista y de traficantes”?


“Dolor, cómo no, mi expresión de dolor es ponerlos en entrevista, esa es la forma de expresarlo periodísticamente. Me va a doler a mí, pero también le va a doler a quienes lo lean”. 


-En su libro usted hace una analogía Uribe-Bush, para mostrar la influencia del expresidente de Estados Unidos en el colombiano y además llama al ahora senador como “presidente no de paz sino de guerra”, ¿qué quiere precisar con este caso acerca de la no dignidad de Colombia?


“No es poco que Uribe le haya pedido ocho audiencias a Bush durante su gobierno y todas se las haya concedido. Nunca en la vida Colombia ha sido un Estado digno, ni siquiera desde Uribe, históricamente nunca lo ha sido”. 


“El libro no es antiuribista, yo estoy por encima de Uribe, que tal quedarme en esa ‘maricada’ de Uribe o de Santos, los nombres sirven para mostrar cómo se ha usado al país para la lucha con narcóticos, que quiero hacer el trasfondo del libro, de cómo luego ellos, en su crisis de recursos naturales se están interesando en conquistar la Amazonía del país”.


“Al final del libro dice que con esas ocho reuniones nos metieron un TLC, que es una copia de TLC y Plan Colombia, que fue firmado por Uribe y luego Santos lo ratificó y dijo que era un día histórico para el país, ambos han sido iguales”. 


-¿Cómo es que el Plan Colombia fue una cuartada para que el país aceptara el TLC con Estados Unidos?


“Debo aclarar que eso no se llama Plan Colombia, se llama Ofensiva al sur o Estrategia andina, pero a Colombia se lo vendieron, como si fuéramos niños, como Plan Colombia. Esto salió en una revista y un gobernador, creo que del Putumayo, lo vio y le avisó al gobierno”.


“Durante las ocho audiencias de Uribe con Bush fue que donde vendieron el TLC, pero mezclado con Ofensiva al sur o digámosle Plan Colombia, por eso, Jorge Enrique Robledo demandó a Uribe por traición a la patria por firmar el TLC, que Santos lo ratificó, lo firmó”. 


-Usted menciona obras de escritores como Bertrand Russell, Seymour Hersh, ganadores de diferentes premios, para contar cómo la Guerra de Vietman está conectada al interés de Estados Unidos en Colombia, ¿había leído sobre ellos o los descubrió a través de esta obra?


“Sus escritos son de la guerra del Vietnam, yo he leído varios, Como a Hersh y Rusell. En Vietnam fue donde enviciaron con marihuana y otras cosas a los gringos. 


“Habló del triangulo de oro de la droga. El libro de Hersh, La matanza de My Lai, junto a entrevistas telefónicas que hice a vietnamitas me sirven para mostrar cómo quisieron enviciar a los gringos para minar el futuro del imperio.


Luego de ello, empiezan a buscar la marihuana y les dicen que en Colombia es donde está, entonces se vienen hasta aquí a buscarla”.


-El conflicto de Colombia ha hecho que sea más fácil que los norteamericanos se apoderen de la guerra, de esta Guerra ajena.


“Es una situación degradada, de años de siglos de violencia, el que recite que llevamos 50 años de violencia no tienen ni idea de su historia. La última etapa de nuestra violencia comienza en 1930, hoy más de 80 años, con las hegemonías conservadoras que terminan y comienzan las liberales. Desde la conquista y la colonia son violencia”.


“No lo ha hecho más fácil, se apoderaron hace mucho, desde que Virgilio Barco se quedó con el petróleo, desde que nos quitaron Panamá, por 25 millones de dólares, a cambio de que les entregáramos el petróleo”. 


-No podemos dejar a Colombia como la pobre víctima, ¿cuál ha sido el gran pecado del país en esta Guerra ajena, en esta apropiación estadounidense?


“La falta de dignidad, el arrodillarse, bajar la cabeza frente a lo extranjero, no tener identidad nacional. Es que hemos sido un pequeño paisito, donde la gente de la clase burguesa colombiana y la clase media tienen como única frustración no haber nacido en Miami. Eso es lo que causa todo un país pequeñito”.


Usted plantea que ahora el interés será por el agua dulce, ¿por qué cree que por primera vez no vendrán por algo que no sea droga?


“Primero por su crisis, sus recursos naturales están en crisis. Además, creo que hay gran cantidad de cosas de nuestra biodiversidad que ellos han patentado. Es un tema en el que no me quiero meter, ya que no tengo sobre la mesa los documentos, pero podría decir que muchas de las leyes han sido facilitadas para que lo hagan”.


-Usted en el 2013 presentó la mirada de las víctimas en su libro La tormenta, ahora habla del papel de Estados Unidos en nuestro conflicto en esta obra, Nuestra guerra ajena, ¿qué viene ahora, seguirá abordando el conflicto en su próximo libro?


“No, no voy a volver a trabajar ni en violencia ni en narcotráfico. Me estoy buscando un tema como El Karina, Mi alma se la dejo al diablo o El Alcaraván, que tienen más rítmo. Uno no es monotemático, si es buen periodista no puede escribir de lo mismo. La vida nuestra es tan rica que es una aventura”.


-Cuando decide cambiar de enfoque, ¿cómo consigue los temas, qué vendrá ahora?


“La mayoría llegan por titulares de prensa, por los medios. Por ejemplo, hace ocho días vi una nota muy pequeña que me mandó mi hija de París, que salió en Le Monde, en la que se habla de que un joven francés leyó Perdido en el Amazonas, se vino al Amazonas y se perdió en el Amazonas, en el río Yavarí, que marca frontera entre Perú y Brasil en esta región, voy a comenzar por ahí, pero va a ser muy difícil, no se sabe nada del perdido, sus padres estuvieron en la zona y no encontraron nada”.


“Sino es muy complicado lo haré, no me voy a gastar diez años tampoco”. 



El cronista

Germán Castro Caycedo nació en Zipaquirá el 3 de marzo de 1940. El periodismo es el único oficio que ha desempeñado en su vida. Fue cronista general de un diario nacional durante diez años y creador del programa de televisión Enviado especial, del cual fue director durante dos décadas. 


Ha ganado once premios nacionales de periodismo y ocho internacionales y escrito diecisiete libros de testimonio y una novela, Candelaria.


En 1999, por su libro El karina, recibió el premio Rodolfo Walsh, concedido a la mejor obra de no ficción publicada durante ese año en España. En 2005 obtuvo el Premio de Periodismo Planeta por su libro “Que la muerte espere”. Su obra se ha publicado en Europa y América Latina.