Columnistas


¿Cuánto nos cuestan?
Autor: José Alvear Sanin
17 de Septiembre de 2014


El Gobierno sigue negándose a informar al país sobre los emolumentos que perciben sus comisionados en La Habana.

El Gobierno sigue negándose a informar al país sobre los emolumentos que perciben sus comisionados en La Habana. Tampoco responde a quienes preguntan si es verdad que los gastos de los señores de las Farc en hoteles y viáticos corren por cuenta de nuestra Tesorería Nacional.


Ese impenetrable silencio dizque forma parte de la confidencialidad y el sigilo que deben rodear esas negociaciones. Por tal motivo no se responden los “derechos de petición” formulados por varios ciudadanos preocupados por saber hasta dónde se lucran los individuos que asisten, muy amañados, al parecer, a los interminables diálogos en la capital cubana.


Se ha dicho que el jefe de la delegación apenas recibe congruos viáticos, pero el Gobierno calla frente a la pregunta de si siguen lloviendo a su bufete los astronómicos honorarios de origen oficial, y si su ominoso silencio frente a todos los despropósitos que exigen las Farc, y su aquiescencia a muchos de ellos, tienen algo que ver con las extravagantes sumas con que el Ejecutivo engorda las grandes raposas jurídicas de Bogotá. 


En todo caso, el doctor De la Calle no tiene afán de cesar en su supino y vergonzoso papel. Mientras más dure, mejor…


También se ignoran los pagos directos a los otros silentes delegados. A uno de ellos ya se le premió con la mejor embajada. Otros quizá aguardan parecidas misiones diplomáticas como reconocimiento a su plegable prudencia y a la obsequiosa compañía que, como escuderos, brindan al Dr. De la Calle cuando este da conferencias para explicar el famoso proceso público, sin referirse jamás al verdadero, secreto y paralelo, con don Timoleón, jefe único y omnipotente de las Farc. 


Mientras los compañeros del Dr. Humberto guardan absoluto silencio, los de alias Iván hablan hasta por los codos, pero sin dejar por eso de estar bien coordinados. En realidad, mientras el gobierno no dice hasta dónde va a seguir cediendo, los de las Farc no pierden ocasión de manifestar que van por todo, porque ven el proceso como parte del camino para que se les entregue el poder, única forma de paz aceptable para ellos.


Para cualquier observador es evidente la superioridad del equipo negociador de la subversión. Saben lo que quieren. Creen en su ideal revolucionario. Nunca ceden. Amenazan a la contraparte. No tienen afán porque esperan que caiga la fruta madura, y fuera del goce futuro del poder no tienen apetencias materiales inmediatas…


En realidad, los estímulos monetarios y políticos para los delegados del gobierno en La Habana, por apreciables que sean para ellos, no son otra cosa que platicos de lentejas frente a lo que está en juego, que es Colombia, las libertades individuales, la democracia, el estado de derecho…


Por la inmensidad del daño que pueden cohonestar, el país tiene derecho a saber cuánto nos están costando estos señores. Desde luego, en relación con el gasto público, lo de La Habana representa una suma infinitesimal, pero hay que revelar los lamentables términos económicos que bastan para motivar la permanencia de las mediocres marionetas que danzan en el simulacro.


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¡No pudo estar mejor escogido el Secretario de Unasur, que toma posesión ante Maduro elogiando a Fidel Castro!