Columnistas

POT, ciudad e identidad
Autor: Jorge Alberto Velásquez Betancur
4 de Septiembre de 2014


Las ciudades son espacios de comunicación. Es un error creer que las ciudades son un conjunto desordenado de calles, edificios y una que otra zona verde. Las ciudades son gente en movimiento, personas en relación.

Las ciudades son espacios de comunicación. Es un error creer que las ciudades son un conjunto desordenado de calles, edificios y una que otra zona verde. Las ciudades son gente en movimiento, personas en relación. Por eso las ciudades no pueden ser estructuras de piedra, inamovibles. Cada ciudad es un universo comunicativo con su propio conjunto de actores, mensajes, sentidos y espacios. La ciudad es el diálogo que cada habitante construye con su entorno.


Con el predominio de las ciudades como unidades territoriales y de relación, gana terreno en el mundo un modelo cultural urbano que afecta lo político, lo social y lo económico. En este modelo urbano, la ciudadanía adquiere significado en relación con la ciudad, pasando a un segundo plano la relación con el Estado nacional. La ciudad permite una vivencia personal. El ejercicio de los deberes y de los derechos, los civiles, los políticos y los humanos, se realiza en la ciudad, donde adquieren valor los nuevos derechos urbanos, sobre los que vale la pena pensar en el caso específico de cada ciudad. 


En esta dirección puede afirmarse que las culturas son el eje de la ciudad porque son las culturas y las artes las que permiten la construcción de tejido social, crean capital social y fortalecen la cultura ciudadana. 


La Conferencia Mundial sobre Política Cultural, realizada en México en 1982 , ve la Cultura como “el conjunto de rasgos distintivos, espirituales y materiales, intelectuales y afectivos, que caracterizan una sociedad o grupo social. Ello engloba, además de las Artes y las Letras, los modos de vida, los derechos fundamentales del ser humano, los sistemas de valores, las tradiciones y las creencias”.


La Ley General de Cultura de Colombia señala que “Cultura es el conjunto de rasgos distintivos, espirituales, materiales, intelectuales y emocionales que caracterizan a los grupos humanos y que comprende, más allá de las artes y las letras, modos de vida, derechos humanos, sistemas de valores, tradiciones y creencias”. 


De estas definiciones se deriva que cultura son los conocimientos compartidos por una sociedad particular, es decir, todas las manifestaciones que conforman la vida cotidiana y que determinan la forma de actuar, de ser, de ver y de sentir. La cultura, pues, incluye las formas de pensar y de actuar del individuo, las pautas de comportamiento adquiridas y transmitidas mediante símbolos y convenciones comúnmente aceptadas.  


Si se entiende la cultura como la suma de las relaciones humanas determinadas por las variables tiempo y espacio, podemos preguntarnos hoy ¿cuáles son los rasgos culturales de la ciudad de Medellín que nos hacen únicos dentro de la gran diversidad cultural del mundo contemporáneo? Si la cultura da sentido e identidad a cada conglomerado humano, ¿cuáles son los valores predominantes y cuál el modo de vida característico de la ciudad? 


Estas preguntas siempre son oportunas. Pero son necesarias en el marco de discusión del POT, porque el debate no puede reducirse solo a los usos del suelo y menos si se piensa en el territorio con mentalidad especulativa. El POT no puede ser solo una feria del suelo. Si la ciudad tiene clara su identidad y sus valores, podrá hacerlos universales y posicionarse en el mundo, como quiere hacerlo.


Un principio fundamental que rige el desarrollo de los pueblos, y el de las personas, es el de identidad. El ser humano forma un todo con el ambiente. El contexto es el espacio o ámbito en el cual el individuo construye su comprensión del mundo. El contexto, siempre de la mano de la cultura, incorpora todo lo simbólico. ¿Cuáles son las imágenes identitarias y los referentes simbólicos de la Medellín actual con vocación de perdurar en el tiempo?