Columnistas

El derecho a tener dos madres
Autor: Alvaro T. López
2 de Septiembre de 2014


A nuestra Constitución Política le falta un pedazo, pues el artículo 13 debería incluir el derecho a no discriminar por razones de preferencias u orientaciones sexuales de las personas. Si se analiza someramente, la norma no es tan garantista como se pregona.

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A nuestra Constitución Política le falta un pedazo, pues el artículo 13 debería incluir el derecho a no discriminar por razones de preferencias u orientaciones sexuales de las personas. Si se analiza someramente, la norma no es tan garantista como se pregona. De hecho desconoce los derechos que se derivan del libre albedrío y del libre desarrollo de la personalidad, tan defendidos en los tribunales y en los planteamientos modernos de sistemas de educación. Si se admite que una persona se declare homosexual y, por lo mismo, decida hacer vida común con alguien de su mismo sexo, también deberían reconocérsele el derecho a decidir sobre su determinación a formalizar una familia con todas sus consecuencias, responsabilidades y beneficios.


No es tolerancia sino respeto por los derechos ajenos lo que se invoca, cuando se aspira a la coherencia en un Estado cuya legislación es de origen claramente liberal y separado por tanto de cualquier canon religioso. Y no tendría que ser la Corte, sino el Congreso de la República, el ente que defina de una vez por todas la situación de quienes reclaman su derecho a ser lo que quieran, si con ello no dañan a nadie, si simplemente están optando por su propia felicidad, sin tapujos de ninguna clase. Desconocer la idoneidad ética y cívica de una persona por el simple hecho de haberse aceptado, y haberlo confesado, homosexual, es una enorme contradicción de quienes se dicen demócratas y juran defender la Constitución cuyo centro, indudablemente, son los ciudadanos.


Esas dos mujeres  colombianas que quieren que se les permita adoptar a una criatura biológicamente hija de una de las dos, no quieren ser un padre y una madre, sino dos madres, de hecho ya lo son, para un ser que inicia la vida. Es muy posible que su condición les hay hecho vivir situaciones dantescas de persecución y señalamiento, por lo que deben saber el valor que tienen el logro de ser aceptadas y defendidas. Si son consecuentes, respetarán a los hijos cuando decidan su vida; nunca les mentirán ni les inculcaran el infierno por razones de la formación de su personalidad. Es muy posible que haya más comunicación y comprensión en ese hogar de dos lesbianas, que en cualquiera de los que por ser formado por un hombre y una mujer, se califique de normal. 


Debió ser difícil para los magistrados de la Corte llegar a una decisión sobre la adopción de parejas del mismo sexo. De hecho se nota una aparente cortedad en la decisión cuando se permite la adopción, solo cuando el menor es hijo de una de las dos mujeres. Lo cierto es que las funciones judiciales no alcanzan para cambiar las normas jurídicas. Pero ya se inició el cambio. Somos un país en el que hasta los más liberales somos de derecha, con una tendencia a condenar y criticar la vida de los otros, aun cuando no haya mucha autoridad moral. Tenemos un congreso lleno de lumbreras que pueden ponernos a la vanguardia en materia de reconocimiento y respeto de los derechos de los ciudadanos. Hay que dejar de pelear contra los molinos y ponerse a trabajar.