Editorial

Lecciones de Ferguson
25 de Agosto de 2014


Si Obama consigue que los manifestantes en Ferguson actúen pacíficamente, que el crimen se aclare y que el país reconozca la inequidad como la peor forma de discriminación, habrá cosechado la semilla que siembra entre críticas e interrogantes.

Hoy en Ferguson, Missouri, será sepultado Michael Brown, hombre de 18 años, afroamericano como la mayoría de sus conciudadanos, bachiller aspirante a iniciar estudios universitarios, muerto el 9 de agosto después de recibir en su cuerpo seis balas disparadas, en circunstancias por aclarar, por el policía Darrel Wilson, blanco como la mayoría de sus colegas, en esa localidad. El oficio funerario estuvo precedido por días de tensas protestas callejeras y debates sobre la equidad, la criminalidad y la justicia, de un lado, y sobre el temperamento, prudente para él y distante para muchos de sus seguidores, de Barack Obama, primer presidente negro de Estados Unidos. 


En estos días, la opinión pública ha sido llamada a tomar partido, y actuar, bien por el agente de Policía, que alegó haber sido agredido por el joven Brown y su acompañante, o bien por el joven muerto al comenzar la noche, cuando caminaba con su amigo Dorian Johnson, y luego de una interpelación del agente Wilson. La abundante actividad en redes sociales, incluidas la creación de páginas web que recogen ayudas para la defensa del agente o para la familia Brown, y la información minuto a minuto sobre el hecho, las decisiones de las autoridades y los incidentes callejeros, han sido utilizados como impulsos que buscan la rápida toma de posición individual y, en consecuencia, el reclamo de acciones que ofrezcan soluciones inmediatas y, se señala desde ambas orillas, radicales.


Esa presión de la opinión pública, que se ejerce por igual sobre el Gobierno, el fiscal y el jurado investigador, no ha logrado confundir, sin embargo, al presidente Barack Obama, que en esta ocasión ha decidido hacer valer su criterio de analista que pretende entender las complejidades de las situaciones antes de decidir sobre ellas, su talante equilibrado y su condición de defensor de la institucionalidad, que garantiza los derechos a todas las partes involucradas  en una situación conflictiva. La decisión de “no actuar con estupidez”, que es una frase a la que recurre el presidente con gran frecuencia, explica que haya designado al fiscal Eric Holder para visitar Ferguson, reunirse con todas las partes y presentar exigencias a cada una de ellas. 


El fiscal Holder, primer afroamericano en su cargo, visitó a Ferguson para reunirse con líderes afros y juveniles, con los medios de comunicación y con el fiscal Bob McCulloch -que ha sido cuestionado por su aparente racismo o porque su propio padre murió estando en servicio-, para dejar clara la postura imparcial del Gobierno federal. Al señalar que  “entendemos la necesidad de una investigación independiente y esperamos que la independencia y minuciosidad de nuestra indagación traiga la calma a Ferguson”, el jurista dio una lección de democracia y respeto por la majestad de la justicia, enseñanza valiosa para la situación que ellos enfrentan y para todas aquellas en que son fuertes las tentaciones de usar la justicia en beneficio propio, o el de los amigos.


El 28 de agosto de 2013 fue un día para mirar a Washington y al pasado, para recordar la Marcha por el trabajo y la dignidad que presidió el reverendo Martin Luther King y que reclamaba derechos civiles y equidad para la minoría afroamericana. Aquel clamor ha sido recogido por analistas y medios de comunicación que reclaman revisar el conflicto de Ferguson, en el que la muerte de Michael Brown es un episodio entre muchos dolorosos, para analizar los hilos delgados que tejen la inequidad y la discriminación de las comunidades afroamericanas con la delincuencia juvenil y el mayor encarcelamiento de sus integrantes. 


Como lo hace en política exterior, el presidente se arriesga a darle un nuevo estilo a la Presidencia de la Unión Americana, quitándole protagonismo y arbitrariedad y convirtiéndola en colaboradora de los responsables de enfrentar y solucionar conflictos y crisis incubados en décadas de acciones equivocadas o de falta de acción fuerte. Si Obama consigue que los manifestantes en Ferguson actúen pacíficamente, que el crimen se aclare y que el país reconozca la inequidad como la peor forma de discriminación, habrá cosechado la semilla que siembra entre críticas e interrogantes.