Columnistas

Educación superior prestigiosa e incluyente
Autor: Danny García Callejas
20 de Agosto de 2014


La educación superior en Colombia es la esperanza que persiguen muchos ciudadanos para obtener mejores oportunidades económicas y sociales en el futuro.

danny.garcia@udea.edu.co


La educación superior en Colombia es la esperanza que persiguen muchos ciudadanos para obtener mejores oportunidades económicas y sociales en el futuro. No en vano, 59 de cada 100 familias de los estudiantes en la educación terciaria percibe ingresos entre cero y dos salarios mínimos mensuales legales vigentes, según el documento “Acuerdo por lo Superior 2034” del Consejo Nacional de Educación Superior (Cesu).


Por lo que representa la educación superior para los colombianos, la sociedad hace un esfuerzo significativo para financiarla. De hecho, en 2013, el gasto público en educación superior del sector público y privado ascendió a 2% del Producto Interno Bruto (PIB). Una cifra poco despreciable pero que impide que el país alcance y supere el promedio de cobertura en educación terciaria de América Latina.


Por ello, el Gobierno Nacional ha dispuesto que de cada 100 pesos del presupuesto 13,4 se dediquen a educación en general y menos de 2 a educación superior. Los recursos son insuficientes para quienes tienen el sueño de ingresar a una institución de educación terciaria y, más aún, si viven lejos de los centros urbanos, en áreas rurales y con acceso limitado a servicios públicos y medios de comunicación.


Tres elementos fundamentales reducen las posibilidades de una mayor financiación de la educación superior y de la educación en general. El primero, los gastos generados por el conflicto y la violencia en el país que pueden estar entre 8% y 10% del PIB de Colombia. El segundo, la corrupción que podría rondar 5% del PIB colombiano y que contribuye al fortalecimiento de la violencia, la inequidad y el atraso social. Tercero, el bajo recaudo tributario con poca progresividad —falta cobrarle más a quienes más tienen—.


Pese a la restricción de recursos, las universidades públicas han buscado alternativas creativas como la venta de servicios de asesoría y consultoría o el aumento en la oferta de programas de posgrados y de educación continua. Pero estos ingresos inciertos impiden el aumento de la planta profesoral de vinculados a término indefinido por lo que el sistema ha dependido en mayor parte de los catedráticos.


Lo cuestionable es que las condiciones económicas y la estabilidad laboral para un profesor de cátedra son deficientes en muchos casos. Y la búsqueda de una mayor cobertura en regiones y zonas de difícil acceso para las universidades está limitada por los recursos disponibles y la falta de profesores permanentes, proliferando dudas sobre la calidad de los programas impartidos que, en ocasiones, carecen de pertinencia o proyección nacional.


El Cesu acierta en hacer un llamado a la cobertura con calidad, incluyente y para todo el territorio. Por ello, a las regiones y en especial a los municipios más apartados de las grandes urbes, las universidades deben llegar con programas nuevos y de impacto nacional que puedan generar reconocimiento para estas sedes, motivando a estudiantes de todos los rincones a participar de una educación superior prestigiosa e incluyente.


* Profesor, Departamento de Economía


Universidad de Antioquia