Columnistas

Lánguido balance
Autor: Rodrigo Pareja
19 de Agosto de 2014


Es común transcurridos los primeros cien días, hacer el balance de las administraciones nacionales, departamentales o municipales, pero como el Congreso trabaja mucho menos, tanto en tiempo como en calidad, resulta conveniente hacer el suyo ahora que se cumple un mes de su instalación.

Es común transcurridos  los primeros cien días,  hacer el balance de las administraciones nacionales, departamentales o municipales, pero como el Congreso trabaja mucho menos, tanto en tiempo como en calidad, resulta conveniente hacer el suyo ahora que se cumple un mes de su instalación.


Arqueo que de ninguna manera lo favorece y, por el contrario, sirve para acrecentar la pésima impresión que una gran mayoría de colombianos – recuerden el 60% de abstención – tiene de quienes integran el poder legislativo, al cual muchos de sus integrantes llegaron mediante condenables argucias y malas mañas.


Se puede adoptar como propia una célebre frase pronunciada por el exministro de Estado, Rodrigo Marín Bernal para aplicársela sin ningún miramiento a senadores y representantes actuales, quienes con su cuestionable comportamiento, al decir del citado personaje, “están perdiendo desprestigio”.


Una somera enumeración de las grotescas situaciones que hasta ahora se han registrado en ambas cámaras, ratifica a cabalidad la poca o ninguna importancia que, pese a las promesas pre-electorales, le dan estos señores de la política a los verdaderos problemas y necesidades de quienes cada cuatro años, con una ingenuidad y torpeza que asombran, los ratifican con sus votos.


La descortesía, la grosería, el enfrentamiento burdo, la apetencia burocrática, el oportunismo, la demagogia  y otras lindezas que a raudales ostentan senadores y representantes, han salido a relucir en estos escasos treinta días de sesiones, las cuales permiten vaticinar que cuando ellas terminen en diciembre, el cómputo no será de mostrar ni aplaudir.


El partido Conservador, por ejemplo, una vez más echó por la borda las doctrinas y postulados de sus creadores, y resolvió de nuevo poner todo su empeño y su poder(? ) ante el Ejecutivo, para defender y mejorar las cuotas burocráticas que le han permitido sobreaguar en los últimos años sin naufragar definitivamente como colectividad importante.


El liberalismo, la otra agrupación tradicional convertida en retazos y hecha trizas por la labor de zapador que con tanto gusto y dedicación ejerció en sus dos mandatos el expresidente Uribe, no se quedó atrás y empleó todas sus energías para conseguirle trabajo al “delfincito” Simón, y procurar de qué manera podía asegurar la Contraloría General de la República, así este objetivo hiciera añicos la llamada Unidad Nacional.


El partido de la U no quiso estar ausente del lamentable espectáculo y muchos de sus principales voceros se engarzaron en peleas de comadres por dignidades, puestos y ministerios, pues parece que los titulares de estos últimos si no son de la costa Atlántica no pueden ejercer ni son capacitados.


Por los lados de la oposición, sobre todo de la más numerosa acaudillada por el senador Uribe, también se tuvo tiempo para mostrar altas dosis de descortesía, oportunismo y demagogia, comportamientos que aunque son condenables, fueron recibidos con paroxismo por todos sus seguidores que alientan y manifiestan un odio enfermizo por el presidente Santos y todo lo que se le parezca.


Ante 128 delegaciones extranjeras que avalaron con su presencia la legalidad del mandato santista, practicaron algo común en el Congreso, el ausentismo, en una actitud que muestra cómo será su afán de servir a la “patria”, palabrita tan manida por su mandamás pero tan olvidada a la hora definitiva.


Lo anterior sin contar su pretensión demagógica de impulsar un alza del 10% en el salario mínimo; o su intención de poner en libertad a todos los militares encartados con la justicia, sean  inocentes o culpables,  para dejarlos en manos de un “Alto Tribunal” que se tomaría doce años para revisar cada caso.


Dicen que desde el desayuno se sabe cómo será el almuerzo, así que ya están avisados.