Columnistas

Poesía y cambio
4 de Agosto de 2014


El domingo 27 tuvo lugar la clausura del 24º Festival Internacional de Poesía de Medellín, tras nueve días y más de 140 eventos a lo largo y ancho de la ciudad.

Enrique Yepes


eyepes@bowdoin.edu


El domingo 27 tuvo lugar la clausura del 24º Festival Internacional de Poesía de Medellín, tras nueve días y más de 140 eventos a lo largo y ancho de la ciudad. Como en sus anteriores ediciones, el teatro al aire libre del cerro Nutibara estuvo colmado de gente de muy diversas edades y orígenes. En el evento de cierre se leyeron las conclusiones del foro “Celebración de la Tierra con los Pueblos Originarios”, que invitaron a fomentar una conciencia de respeto por el planeta y las diversas formas de venerarlo. También se leyó el manifiesto del grupo coordinador del Movimiento Poético Mundial, que propuso continuar con una “revolución poética”, inundando de mirada transformadora la conciencia contemporánea. Y, por supuesto, más de cincuenta poetas de diversas geografías llenaron la tarde de palabra y silencio, de risa y reflexión, de entusiasmo, asombro y empatía.


El Festival es fruto y semilla de una sensibilidad única hacia la poesía por parte del público medellinense. Cada invitado, nacional e internacional, comenta su fascinación con esa nutrida y respetuosa asistencia a lo que en muchos otros lugares se considera un arte de minorías. El poeta Juan Ramón Jiménez se refirió al público de la poesía como “la inmensa minoría”. Minoría, por el limitado lugar que ocupa en los ratings comerciales; inmensa, más que por su volumen, por su visión, por continuar gestando tercamente un modo de pensar que sepa manejar las simultaneidades, respetar las diferencias, ir más allá de los opuestos, nombrar lo innombrado, hacer convivir amor, humor, horror y maravilla.


Queda entonces por continuar esa aventura en el cambio de conciencia, no solo necesario sino urgente en “tiempos de penuria” como había dicho Hölderlin hace ya casi dos siglos. La contribución del Festival es llenar el aire de voces y encuentros durante unos cuantos días en esta capital de sorpresas. La tuya y la mía, lectoras y lectores del mundo, es abrir ese espacio de escucha, de silencio y de palabra estremecida, en medio del prosaico molino de una mirada sin magia. Si a veces intentar mejorar el mundo parece una lucha quijotesca contra gigantes, contra molinos de viento, generar un cambio en la propia conciencia está al alcance de la mano, al alcance del próximo poema que se cruce por tu mirada.


* Profesor de Bowdoin College, Maine, EE. UU.