Columnistas

Me duele ¿o es que creo o quiero?
Autor: Mariluz Uribe
4 de Agosto de 2014


La vez pasada hablé de nuestro sabio neurólogo Rodolfo Llinás, y de una de su frases clave: “Las palabras cambian el cerebro”, algo que no debemos olvidar...

La vez pasada hablé de nuestro sabio neurólogo Rodolfo Llinás, y de una de su frases clave: “Las palabras cambian el cerebro”, algo que no debemos olvidar, sobre todo nosotros los tragi-colombianos que tenemos por marca de fábrica el quejarnos hasta de lo bueno: ¡Ay! Decimos para todo. Creo que los españoles dicen: ¡Ah! Y los franceses ¡Oh!


Pongo un curioso ejemplo: -“Ay muchachas, ¡les cuento que me caso!” (¿Premonición?) 


Y cuando algo verdaderamente maravilloso sucede, decimos “¡De infarto!” Y sí, puede que lo suframos en ese momento, de la pura dicha, tan emocionales y dramáticos somos. 


Así que atención: “Las palabras cambian el cerebro”. Por eso el oficio de psiquiatras y psicólogos es hacer que la gente hable. No es dar drogas o consejos. Estos no se dan nunca, y lo que es bueno para una persona puede ser malo para otra. En EE.UU. un hombre demandó a su psicólogo porque le había aconsejado algo tan delicado como casarse y le había ido mal, se divorció pero demandó al psicólogo. Cada uno es cada uno, tiene un cerebro, un cuerpo, una familia y una genética diferentes. Y por eso mismo no se puede atender psicológicamente a amigos ni parientes.


Continuando con lo aprendido con el  Dr. Llinás, es necesario que nos demos cuenta de que una cosa es tener un dolor y otra cosa es sentirlo. Por eso existe la intervención quirúrgica del bloqueo, que se hace en los conductos del sistema nervioso que pasan por la columna vertebral; con el bloqueo no se extinguen el dolor ni su causa, pero se extingue la sensación de dolor que llegaría al cerebro.


También es posible que suceda que se sienta un dolor que no se tiene, porque éste ha quedado grabado en el cerebro. ¡Ay! ¡Ahí si hay un ay!


He ensayado, cuando me duele la mano izquierda, decirme que la que me duele es la derecha, el pobre cerebro “no sabe qué pensar” y claro, yo tampoco, así que me pongo a leer a Daniel Samper, o una Mafalda, en lugar de ver en la TV las enfermadoras  noticias de la Colombia de hoy... 


A menos, claro, que estén mostrando esas barquitas en el mar Caribe donde se recrean los hacedores-actores de la paz, los “pacifistas” de La Habana... e imagino que paseo por el Malecón, con un heladito  del  Copelia, o que voy a la Bodeguita del Medio, o a la Floridita de 1818, o al Pico Blanco-Rincón del Feeling de los 40s del Hotel St. John, y tengo en la mano un Daiquiri -invento cubano- de ron con limón. Concluyo que pensar en otra cosa también sirve.


Y a propósito de todo esto los invito a que se enteren ahora de quién es Christian Flèche  un nuevo sabio francés que también nos habla de por qué sentimos dolores y cómo escogemos qué región nos va a doler e inclusive qué parte del cuerpo se nos va a enfermar, cosa que depende de nuestro paso o paseo por la vida, con o sin familiares y sin o con amigos o enemigos. Lean por favor: 


Cristian Flèche ideó lo que él llama “Descodificación Biológica Original de las Enfermedades”. Leyendo sobre él, por indicación de mi gran amigo Ricardo Pérez-Arciniegas, encuentro que Flèche  cree en la Neurolingüística, el poder de la palabra - no del pensamiento- sobre nuestro cerebro. 


Tal como lo mencionó Carl Jung, desde la época de Freud, Flèche  cree que la enfermedad es un esfuerzo de la naturaleza para curar algo en el cuerpo. Este es su enfoque terapéutico. Christian Flèche propone un acercamiento a la enfermedad considerándola una reacción biológica de supervivencia, en la cual el propio cuerpo es la herramienta de la curación. Pongámosle atención a esto, a ver si nos va mejor y al menos no tendremos males que no queremos o no queramos.


* Psicóloga PUJ y Filóloga U de