Columnistas

¿Lista cerrada o voto preferente?
Autor: Eugenio Prieto
3 de Agosto de 2014


¿Por qué se cuestiona entonces hoy el voto preferente cuando lo que buscaba en el nuevo diseño electoral de 2003 era que contribuyera en el proceso de democratización y fortalecimiento de los partidos?

Tan profundos como diversos fueron y son los problemas que se intentaron enfrentar y solucionar con la expedición de la Constitución de 1991. Uno de ellos, la profunda crisis que vivían los partidos políticos, expresada en baja credibilidad y alta desconfianza ciudadana, lo que se reflejaba en los elevados niveles de abstención en las elecciones parlamentarias, de asambleas departamentales y concejos municipales. 


Según el diagnóstico, teníamos una estructura partidaria concentrada fundamentalmente en dos grandes partidos sin una amplia participación democrática de las diversas fuerzas y movimientos políticos existentes en el país, inmersa además en complejas prácticas y trampas de clientelismo, que no les permitía responder a los grandes desafíos y problemas que en el momento enfrentaba el país como el narcotráfico, las múltiples violencias, el fanatismo, las exclusiones, el marginamiento, la pobreza. 


La respuesta de la nueva carta constitucional y sus desarrollos legales ante esta problemática fue la apertura política, que buscó transformar la vida política del país y hacer frente a problemas centrales como fortalecer los partidos y contribuir a equilibrar y regular el sistema de representatividad y gobernabilidad y el fortalecimiento e institucionalización de los partidos políticos y la consolidación de una cultura política soportada en una ciudadanía responsable.  


Hasta la expedición del Acto Legislativo 01/03, que permitió modificar de manera sustancial el sistema electoral colombiano, siendo uno de sus ejes centrales, el sistema de adjudicación de curules en los partidos, las candidaturas se presentaban únicamente a través de listas cerradas y bloqueadas, donde el elector sólo podía votar por la lista elaborada, sin que pudiera alterar o reacomodar el orden de los candidatos en ellas. A partir de esta reforma política –Acto Legislativo 01/03-, los partidos políticos y los grupos representativos de ciudadanos, presentan candidaturas individuales a través del mecanismo de lista abierta o de voto preferente. El elector es el que realmente decide con su voto, el orden en que ha de quedar la lista presentada. 


¿Por qué se cuestiona entonces hoy el voto preferente cuando lo que buscaba en el nuevo diseño electoral de 2003 era que contribuyera en el proceso de democratización y fortalecimiento de los partidos? Después de una década, los cuestionamientos a su eficacia son varios, destacándose la corrupción y relaciones con grupos al margen de la ley. El debate abierto de nuevo por los propios partidos políticos, plantea si debemos regresar a la lista cerrada o mantener el voto preferente. 


Desde la bancada del Partido Liberal pensamos que la eliminación del voto preferente por el mantenimiento solamente de la lista cerrada reforzaría y fortalecería el papel de los partidos políticos; fomentaría una mayor disciplina partidaria; mejoraría la representatividad política; simplificaría el proceso de votación, el conteo de votos y el escrutinio; acercaría más al candidato con los partidos políticos y a estos con la ciudadanía, evitaría la corrupción promovida por el voto preferente y por el fraccionamiento del financiamiento de las campañas electorales que en la actualidad se encuentran básicamente en cada candidato. Con el voto preferente cada candidato busca financiamiento por su cuenta, mientras que con la lista cerrada el financiamiento se puede concentrar en el partido. 


En contraste, deben señalarse varios riesgos, como el posible retroceso en la ampliación de las libertades de los ciudadanos a la hora de elegir y ser elegido y de manera complementaria, que no se dé la suficiente apertura, democratización y modernización de los partidos políticos y que se retroceda en participación ciudadana si se permite que grandes poderes políticos sean quienes determinen quienes pueden tener posibilidades reales de representación. 


Por tanto, no es suficiente con la eliminación del voto preferente, es necesario implantar reglas institucionales que permitan un verdadero fortalecimiento y democratización de los partidos políticos. Entre ellas, la inclusión de procedimientos que promuevan la conformación democrática de las listas dentro de los partidos; la garantía de representación de minorías y mujeres en las listas; la terminación del mercado de asignación de avales, la promoción de la descentralización y representación territorial dentro de los partidos, y una regulación clara que prevea algunos posibles inconvenientes en términos de competencia en igualdad de condiciones para todos. 


En todo caso, lista cerrada, voto preferente u otro mecanismo, será solo una de las decisiones que debemos tomar en la búsqueda de que los partidos políticos vuelvan a ser faros y guías morales de la sociedad colombiana, de resignificar el sentido de la política, de reformar y descentralizar sus estructuras internas, de acercarlos más a los intereses de la ciudadanía e identificar con ellos, los grandes problemas nacionales, regionales y locales y las propuestas para la construcción de acuerdos y consensos sobre la visión del país y la sociedad que todos queremos.