Columnistas

Blanco White en la independencia americana
Autor: José Alvear Sanin
22 de Julio de 2014


No responde la independencia hispanoamericana a una causa única, el alejamiento de los criollos de la administración, confiada por lo general a los peninsulares.

No responde la independencia hispanoamericana a una causa única, el alejamiento de los criollos de la administración, confiada por lo general a los peninsulares, y el dominio de los primeros por los segundos, como repiten los textos de escuela primaria. Habría que indagar, entre otros factores, sobre los efectos de la invasión napoleónica de España, que impedía la comunicación de los dominios de ultramar con la Península; acerca de la ambición de individuos enérgicos y estudiar la acción solapada de Inglaterra, que mientras apoyaba militarmente a los españoles contra el invasor francés, en América alentaba a los criollos, para edificar sobre las ruinas de un imperio decadente su creciente poderío. 


Esa labor de zapa, ejercida por las logias que obedecían a Londres, encontraba también la rivalidad de otras logias que seguían al Gran Oriente de Francia, más interesadas estas últimas en la colonización ideológica, mientras las primeras estaban más dirigidas hacia la dominación comercial y financiera de las nuevas repúblicas.


Es ese el telón de fondo de un excelente libro de Ignacio Arizmendi Posada, “´El Español´, de Blanco White y la causa americana (1810-1814)” (Medellín: UPB; 2010. 221 páginas), originado en su bien calificada tesis de grado en la Universidad de Navarra. 


Empecemos por el personaje que Arizmendi rescata. José María Blanco Crespo nació en Sevilla en 1775. Después de colgar sus hábitos sacerdotales se establece en Londres en 1810 para nunca regresar a España. A partir de entonces empieza a llamarse Blanco White, y después de hacerse clérigo anglicano, termina sus días como predicador unitario. Escribe en buen inglés varias obras virulentas contra el catolicismo, alguna novela, su autobiografía, y también un soneto que ha pasado a las antologías inglesas. Muere en Liverpool en 1841.


Ignacio Arizmendi lo “descubre” en Pamplona, en 1968, muchos años antes que Vicente Llorens, su antologista en español, lo haga, en 1971; o su prologuista, Juan Goytisolo, en 1974, que no duda en calificar a Blanco White, con la mayor temeridad, como el principal escritor español de la primera mitad del siglo xix. 


Nuestro autor concentra su estudio en “El Español”, periódico publicado por Blanco White en Londres entre 1810 y 1814, donde rechazaba la política tradicional de España frente a sus dominios americanos y comprendía los movimientos independentistas, aunque preconizaba un imperio donde la madre patria y los nuevos estados, con amplia autonomía, fuesen iguales dentro de la monarquía española. Esa publicación también se ocupaba de la Península invadida y de las reformas que debían introducirse cuando se lograse la expulsión de los franceses, que él odiaba tanto como reverenciaba a los ingleses.


“El Español” se publicaba en Londres y, por lo general, aparecía cada mes con una tirada de entre 1000 y 2000 ejemplares. Su formato era de 1/8 y salieron 47 números, totalmente escritos por Blanco White. Su publicación era posible gracias a un subsidio del gobierno de Su Majestad, cuyos barcos lo llevaban a los puertos de la Península y a los de México, Centro y Suramérica.


El Consejo de la Regencia de España, el 18 de agosto de 1810, expidió una Real Orden prohibiendo su circulación, por el supuesto apoyo que brindaba el autor a la independencia de las colonias. 


A medida que los americanos van rompiendo definitivamente con España y que la guerra civil entre patriotas y peninsulares arrecia, Blanco White se desengaña y cierra su periódico en 1814, cuando comprende la imposibilidad de su visión en la vida real y en su tiempo, la que hubiera conducido —en palabras de Arizmendi— a la formación “de una especie de comunidad hispánica de naciones, parecida a la británica que surgió años después”. 


Arizmendi descubre la influencia de Blanco White en numerosos pronunciamientos de Bolívar, quien recomendaba la lectura de “El Español” en la Carta de Jamaica (6 de septiembre de 1815), lo que nos lleva a preguntarnos hasta dónde podía irradiar esa pequeña publicación. 


Para aproximarnos a una respuesta debemos recordar que entre Londres y Lisboa o Cádiz, había tres o cuatro días de navegación, y entre Inglaterra y Veracruz o Cartagena, hasta dos meses. Y hasta tres, para alcanzar a Buenos Aires. La comunicación o la dificultad de ella entre los dos continentes es el apremiante tema de estudio que, entre muchos, suscita la lectura de este valioso aporte de Ignacio Arizmendi Posada al estudio de nuestra independencia. 


¿Fue Blanco White un espía británico? 


Si nos atenemos al minucioso análisis que hace Arizmendi de su pensamiento, sacamos en conclusión que probablemente el juicio negativo de Menéndez y Pelayo sobre ese personaje, en su portentosa “Historia de los heterodoxos españoles”, es excesivamente severo.  


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Esta columna se asocia complacida a la celebración de los 95 años de un gran colombiano, Jaime Tobón Villegas.