Editorial

La guerra como soporte político
15 de Julio de 2014


Amparado en su legítimo derecho a defenderse, Israel inició el pasado ocho de julio la operación Margen Protector, cuyo fin, según el Gobierno de Benjamín Netanyahu, es atacar el movimiento de resistencia islámico Hamás...

Amparado en su legítimo derecho a defenderse, Israel inició el pasado ocho de julio la operación Margen Protector, cuyo fin, según el Gobierno de Benjamín Netanyahu, es atacar el movimiento de resistencia islámico Hamás, que gobierna la franja de Gaza desde 2007. Si bien la operación es el desenlace de una cadena de acontecimientos que inició con el secuestro y posterior asesinato de tres adolescentes israelíes en un asentamiento judío de Cisjordania el pasado mes de junio, también ha dejado al descubierto la tensión interna en el Gobierno israelí y el descontento que en ese país generó el gobierno de unidad formado por Al Fatah y Hamás, que desde junio lleva las riendas de Gaza y Cisjordania.


Tras el incidente con los tres jóvenes, el Gobierno de Israel se apresuró a culpar a Hamás que, por su parte, dijo no tener conocimiento de los hechos. Pero el posterior asesinato del adolescente palestino Mohamed Abú Judeir, generó disturbios que terminaron en el ataque a Israel con cohetes lanzados desde Gaza, lo que configuró el escenario ideal para el inicio de la operación por parte de las Fuerzas de Defensa de Israel, que ya completa una semana y que ha mostrado, por un lado, que Israel está tomando medidas desproporcionadas al pretender una incursión terrestre en Gaza y, por otro, que la capacidad ofensiva de Hamás, a través de su brazo armado “Azedim al Kasam”, se ha incrementado con el uso de  “drones”, cohetes más sofisticados y una estrategia de ataque que ha puesto en aprietos la capacidad de los escudos antimisiles de Israel.


Los ataques contra la infraestructura de Hamás mediante operaciones aéreas ha permitido al primer ministro israelí Benjamín Netanyahu mantener a raya al ala más radical del Gobierno, encabezada por el ministro de Exteriores, Avigdor Lieberman, y el de Economía, Naftalí Bennet, quienes criticaron duramente la contención militar que precedió al ataque. Sin embargo, no es creíble que la operación Margen Protector se convierta en el “margen protector” de la gobernabilidad de Netanyahu ya que la campaña militar no tiene un éxito garantizado, pues como en todo conflicto, es imposible la derrota por vía militar de Hamás, organización considerada como terrorista en Occidente. Y un endurecimiento de los ataques no haría más que acrecentar las ya numerosas voces de solidaridad con el pueblo palestino, al que gran parte del mundo ve como mártir de una política de sometimiento a raíz del control que ejerce Israel sobre la franja de Gaza. Los primeros en pronunciarse en este sentido están precisamente en el otro extremo del espectro político israelí, el partido de izquierda Hadash, que ha encabezado las protestas, poco concurridas, de los propios israelíes contra la operación.


Pero la apuesta por la guerra tiene otro propósito, mucho más importante para el estado de Israel que la estabilidad política de su Ejecutivo. Se trata de demoler la unidad política que alcanzaron los palestinos en abril pasado y que se materializó en junio con la estructuración del Gabinete de gobierno. La unidad entre Hamás, que controla la franja de Gaza, y Al Fatah, que gobierna Cisjordania y al cual pertenece el presidente Mahmud Abbás, deja en la práctica sin motivos a Israel para atacar al Gobierno de la franja y pondría en evidencia la falta de voluntad política para reanudar los diálogos de paz, rotos precisamente por Israel cuando se conoció la formación del gobierno de unidad por parte de Palestina. Provocar a Hamás a reaccionar de manera violenta, como efectivamente lo hizo tras la muerte del joven Mohamed Abú Judeir, le permite a Netanyahu acusar a Abbás de aliarse con terroristas, mientras del lado palestino prefieren desviar la mirada al asunto de la autoría del secuestro y muerte de los tres jóvenes judíos, para mantener con vida el gobierno de unidad.


Entre tanto, las oraciones por la paz de la histórica reunión que convocó el papa Francisco con el presidente de Israel, Simon Peres, y el líder de la Autoridad Nacional Palestina, Mahmud Abbás, parecen haber caído en tierra estéril después de las elecciones en Israel, donde el próximo 24 de julio asumirá la presidencia el derechista Reuven Rivlin, del partido Likud, el mismo de Netanyahu. Si bien la presidencia es un puesto protocolario en ese país, la figura de Peres y su ascendencia en el Estado, permitía verlo como un hombre que podía incidir de alguna manera en la reanudación de las conservaciones de paz, pero ahora esa posibilidad también queda prácticamente cerrada.


Solo la presión internacional a favor de un cese al fuego y de una reanudación de las conversaciones de paz, podría frenar este nuevo episodio del sangriento conflicto y  propiciar un ambiente en el que se pueda abordar, una vez más y de manera definitiva, el fondo del conflicto, es decir, la formación de un estado palestino en la Franja de Gaza y Cisjordania, el estatus de Jerusalén oriental, el desmantelamiento de asentamientos israelíes en los territorios ocupados y el mutuo reconocimiento de Israel y Palestina de su derecho a existir y a vivir en paz.