Columnistas

“Educadores Ciegos”
Autor: Mariluz Uribe
30 de Junio de 2014


Hace ya algún tiempo se usaba que los padres “educáramos” a los hijos y que les enseñáramos todas las cosas posibles.

Hace ya algún tiempo se usaba que los padres “educáramos” a los hijos y que les enseñáramos todas las cosas posibles. ¡Las que nosotros sabíamos! Se hacía lo que se creía que se debía hacer. No se seguían los impulsos del corazón. Grave error porque el corazón no se equivoca. No sé si los padres de hoy todavía quieren imponer sus principios, en lugar de aprender de los niños, seres puros y sin pre-juicios, que nacen con una sabiduría auténtica en sus mentes limpias. 


Asistí una vez a una obra de teatro llamada “Una vida más”: Aparecían en escena unos personajes que llevaban anteojos negros y bastones de ciego y que trataban de conducir a un  joven a tumbos por la vida, sin dejarle ninguna libertad…


Le pregunté al autor qué significaban esos personajes ciegos y me contestó: “Son los educadores que son todos ciegos”. 


¡En ese momento aprendí lo que en verdad era la Vida y todo lo que yo ignoraba! La escena me llegó hondo y aprendí mucho, aunque ya tal vez un poco tarde.


 La pieza continuaba desarrollándose mostrando la época de auto identificación, estudios,  problemas, viajes, amores y amistades, hasta las enfermedades, el paso del tiempo y la espera de la muerte, cosa que en la pieza el actor representaba con mucha elegancia y acierto, sonriendo, llorando, cayendo, arrastrándose, cansado, dejándose llevar y apoyándose en personas que acaso le daban ayuda, o lo desayudaban. 


Varias veces lo llamaba la muerte y él se negaba a irse con ella porque todavía sentía que tenía muchas cosas que hacer, escribir, -aunque ya se estaba paralizando-, para dejar las memorias de su vida y de su enfermedad, y dejar su testamento espiritual y una forma de acercarse a la muerte con humor...


La pieza era punzante y dramática, y mantenía al público en silencio y en suspenso.  Al final el actor se dejaba llevar por la muerte cuando ya se sintió  muy fatigado e impedido y le pareció descortés permanecer vivo. 


En se momento el espectador se da cuenta de lo importante que es bien-usar la inteligencia y mantener los sentidos alerta, para que la vida sea más grata, más fácil y acaso más larga para todos.


 Pero los padres y las madres que nos adjudicamos ese título, casi siempre sin merecerlo, somos pretenciosos y creemos tener toda la verdad. 


Sería muy bueno para cada persona, cada familia y para el país entero,  para la Colombia que decimos amar pero que se ve que odiamos por la manera como la tratamos y nos tratamos: ¡Hablar! Somos él único animal que tiene el don del habla y no lo utilizamos. No sabemos amar, entonces esa energía la ocupamos en odiar, agredir, creer que acabando con “el otro” vamos a estar bien nosotros. ¡Ay! Qué poco pensamos. Si ni siquiera sabemos qué es pensar. Es detenerse, esperar antes de actuar, esperar que las emociones suban al cerebro, sin responder automáticamente: “Me pegan,  muerdo”.  ¿Con morder se van a acabar los latigazos?  ¿O hablando y mirándose a los ojos?


Siempre puede haber otra respuesta, las cosas no tienen que ser como se dice que son (recomiendo leer Jacques Derrida). 


Hay demasiadas respuestas diferentes para saber ¨de una¨ cuál es la acertada. ¿Por qué no idear respuestas nuevas sin acogerse a lo establecido?  Hay veces que se piensan cosas para las cuáles el mundo puede aún no estar preparado, ¡pero sólo los innovadores ganan! 


Esta semana leí en la prensa la frase de la premiada escritora española (Premio Cervantes 2010) la célebre Ana María Matute, que acaba de morir: ¨El que no inventa…..No vive¨.


*Psicóloga PUJ y Filóloga U.de A.