Economía

Agricultural challenges in the next four-year term
Retos agropecuarios en el próximo cuatrienio
Autor: Duván Vásquez
29 de Junio de 2014


Ante su reelección, el Gobierno del presidente Juan Manuel Santos tendrá cuatro años más para fortalecer el campo colombiano, que ha sentido un abandono de décadas y que conllevó a que los productores se manifestaran con un paro nacional el año pasado.


Foto: Cortesía 

La producción cafetera es la principal exportación del sector agropecuario en Colombia.

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Twitter: @duvanandvasquez


El Producto Interno Bruto (PIB) del sector agropecuario creció 5,2 % en 2013, en comparación con el año inmediatamente anterior y 0,9 puntos porcentuales por encima de la tasa de la economía colombiana (4,3 %), de acuerdo con los registros del Departamento Administrativo Nacional de Estadística (Dane).


Esa misma entidad confirmó el andar positivo de la economía agropecuaria con un incremento en el primer trimestre de este 2014 (6,1 %), por encima de los promedios de los últimos años. Sin embargo, el inconformismo campesino, reflejado en las dos huelgas agrarias en menos de ocho meses, contradice esas cifras verdes del sector y por ende fomenta una discusión que va más allá del crecimiento y toca el punto de la rentabilidad.


Así se infiere del panorama presentado por el presidente de la Sociedad de Agricultores de Colombia (SAC), Rafael Mejía López, quien vislumbra que el aumento del PIB agropecuario es “carreta”, porque en realidad son pocos los subsectores que muestran tendencias continuas al alza.


“Quítele el café y queda en 2,6 % que es lo tradicional. Entonces eso no es y fuera de eso el crecimiento no le veo ninguna relación con la rentabilidad que es baja o negativa  en la mayoría de los casos”, aseguró el director gremial.


Esto quiere decir que sin duda el cultivo de café se mantiene como el subsector que sale mejor librado y jalona la actividad agraria. Tanto así que, a pesar del intenso paro cafetero de febrero y marzo de 2013 y los bajos precios, la Federación Nacional de Cafeteros reportó que la producción del sector alcanzó los 10,9 millones de sacos de 60 kilogramos, 3,1 millones más que en 2012, lo que significó un incremento del 41 % al comparar los dos años. Asimismo, este repunte estuvo en sintonía con la cantidad de exportaciones que subieron 35 % y llegaron a los 9,7 millones de sacos, es decir, el 88,9 % de lo que produjo el país. Sumándole que los productores contaron con el asistencialismo del Gobierno, que destinó más de $1 billón en subsidios como la Protección al Ingreso Cafetero (PIC).


Sin embargo, las positivas cifras del café están lejos de las demás actividades del sector agrícola y pecuario, porque este último, por ejemplo, mostró también caídas en su rentabilidad.


De acuerdo con José Félix Lafaurie, presidente de la Federación Colombiana de Ganaderos (Fedegán), las bajas rentas del sector se evidencian cuando, en un caso hipotético, en un día de sacrificio el ganadero mata $25 millones y solo puede reponer $22 millones, lo que representa una reducción del acto con un claro efecto en la sostenibilidad y competitividad de la ganadería.


“El crecimiento del ganadero no es por otra cosa sino por la cantidad de animales que se sacrifica. Y cuando usted sacrifica y no está reponiendo, se está disminuyendo el impacto. Eso no es porque la situación sea buena sino que por el contrario es muy mala”, afirmó Laufaurie.


A pesar de la situación agropecuaria, no se deslegitima que, aunque en el 2014 bajó un 31 %, el presupuesto del campo se incrementó en un 57 % entre 2011 y 2013; y en más de 60 % en comparación con el Gobierno anterior. Sin embargo, con esos recursos se requieren usos e inversiones más eficaces.


Hacia una política agraria


Al parecer, los cuatro primeros años del Gobierno del presidente Juan Manuel Santos no alcanzaron para realizar las reformas estructurales que necesita el sector agropecuario y las zonas rurales del país, y como paños de agua tibia se hicieron algunos coyunturales que solucionaron dificultades del momento.


Por eso, en este nuevo periodo presidencial del reelegido mandatario se debe, en primer lugar, a apuntar a una política agraria de Estado. Esto significa que se debe tener en cuenta dos componentes fundamentales que son el desarrollo rural y el productivo, como lo aseguró el presidente de la SAC, Rafael Mejía López, quien dijo que en segundo lugar, esa política debe tener una dirección hacia bienes públicos y subsidios directos. 


Como tercer punto, se debe atacar la tasa de cambio para que sea competitiva y buscar una protección a los instrumentos sectoriales. Es así que en cuarto lugar, esa política de Estado debe tener un desarrollo rural con enfoque territorial, pero que contemple no solo el crecimiento sino la rentabilidad. Y para eso, “tenemos que tener en cuenta, en quinto lugar, que es importantísimo la seguridad jurídica, porque sin esa no hay inversión ni local ni extranjera”, añadió Mejía López.


Además, como un sexto aspecto visionado por el presidente de la SAC, se debe fortalecer el componente de educación porque está muy relacionado con el crecimiento, productividad y la rentabilidad. Así mismo, junto a un refuerzo de la institucionalidad, no solo la público sino la privada.


Finalmente, sobre la disponibilidad presupuestal. Si hay $5,2 billones para el campo se debe garantizar que eso continúe y se incremente. En otras palabras, “todo esto de política agraria de Estado debe estar orientado a estimular la formalidad de todas las actividades del sector agropecuario y no simplemente a darle gusto y contentillo a la informalidad y las vías de hecho”, concluyó Mejía López.


Por su parte, José Félix Laufarie, presidente de Fedegán, adujo que “el Gobierno ha estado atrapado en la dualidad. Entre un sector agropecuario para hacerle frente a los Tratados de Libre Comercio (TLC) y uno más orientado a los sectores campesinos con una parte de esa visión influida por los diálogos de La Habana”.


En ese sentido, según el dirigente gremial, y por tratar de que coexistieran esas dos visiones, el Ejecutivo no tuvo políticas asertivas para hacer del campo una actividad rentable y competitiva. “La mejor prueba de ello son las manifestaciones de inconformidad: los paros del mes de agosto del año pasado. Sin embargo, el presidente (de la República) dijo que ‘el tal paro agrario no existe’. Eso es la confirmación de la absoluta desconexión con la realidad rural”.


Por tal razón, se debe apuntar en este cuatrienio a que el sector agropecuario cuente con aquellos bienes públicos que son necesarios para competir: infraestructura para la producción, capacitación y transferencia de tecnología, créditos con tasas que sean razonables y por supuesto, una visión mucho más clara para que la estructura de costos acompañe la rentabilidad de los diferentes regímenes de la economía rural. 


Buscan más recursos


Desde que Rubén Darío Lizarralde lidera la cartera agropecuaria comprendió que las necesidades del campo colombiano demandan cada vez más recursos. Es así que anunció que este requiere por lo menos $10 billones anuales, es decir, el doble del actual presupuesto que suma los $5 billones.


“Los elementos prioritarios en los cuales deberíamos invertir es en  el manejo de aguas, expresado en riegos y drenajes, canalizaciones y embalses. Los otros son vías terciarias, investigación y desarrollo, y asistencia técnica”, expresó el ministro.


Este propósito se asemeja a las peticiones de los gremios agropecuarios para este cuatrienio y más aún porque el Ministerio de Agricultura tiene como meta mega dotar de infraestructura y tecnología de riego y drenaje a más de 2,5 millones de hectáreas del campo colombiano, que cuesta alrededor de $56,5 billones, según un estudio conjunto con el Incoder.



Banca de inversión

El Ministerio de Agricultura y Desarrollo Rural puso en marcha la Unidad de Banca de Inversión que beneficiará a cerca de dos millones de habitantes del campo, porque promoverá grandes proyectos productivos viables y rentables en los subsectores de maíz, soya, hortalizas, frutas, forestales y cacao.


De acuerdo con el titular de la cartera agropecuaria, Rubén Darío Lizarralde, la meta de esta iniciativa es ampliar el área sembrada en Colombia a un millón de hectáreas por cadena para el año 2020.


Entonces, más de 540.000 pequeños productores y sus familias se convertirán en emprendedores que podrán mejorar su calidad de vida, gracias al empleo y rendimientos que generarán estos proyectos, porque dejarán ingresos al sector por más de $5,4 billones y tendrá un impacto superior a $3 billones en el PIB.