Columnistas

Tango verdad
Autor: Rodrigo Pareja
24 de Junio de 2014


Es tanto lo que se ha dicho y escrito sobre Cambalache, la canción protesta por antonomasia creada por Enrique Santos Discépolo en 1935 pero que por su profundidad y clarividencia bien pudo haberse escrito ayer...

Es tanto lo que se ha dicho y escrito sobre Cambalache, la canción protesta por antonomasia creada por Enrique Santos Discépolo en 1935 pero que por su profundidad y clarividencia bien pudo haberse  escrito ayer, que otras páginas de similar temática del cancionero argentino han pasado inadvertidas, algunas inclusive del propio filósofo del tango.


Las sentencias y metáforas en ellas contenidas tienen cabal aplicación y parecen haber sido concebidas pensando en Colombia, y en  las distintas situaciones que en este país del Sagrado Corazón se viven con asombrosa similitud.


Tal es el caso de algunos versos contenidos en el tango Camuflage, donde el autor, José García, homónimo del pianista que dirigiera la orquesta de “Los zorros grises”, plantea que hoy “cualquier gato con tarjeta se las da de gran señor”, síntesis apropiada para describir aquellos aparecidos venidos a más que moran en el exclusivo Poblado, y que ni ellos mismos saben de dónde salió tanto dinero con el que suelen ofender en su ampulosa ostentación. 


Más adelante el mismo García consigna: Hoy en día todo es grupo/ Disfrazado de verdad/ Una sarta de mentiras/ Ha invadido la ciudad, para significar la falsedad e hipocresía que caracteriza casi todas las actuaciones del hombre actual, llámese este empresario, político, profesional en alguna rama de la ciencia, burócrata de oficio o, por qué no, periodista, relacionista o comunicador social.


También se sentencia en el mencionado Camuflage  que “Hoy los chorros se dan cita/En el campo del honor/ apropiada frase para identificar a cierto expresidente  que ahora cuestiona la compra de votos, con olvido total de que él fue quien institucionalizo el sistema para intentar perpetuarse en el poder, aunque lo hizo  con compras al por mayor que se pagaron con puestos y notarías.


En cambio a Juan Manuel, para poderse quedar otros cuatro años con la sartén por el mango,  le resulto más ingente y onerosa la tarea, pues los tuvo que comprar a mayor precio, al detal y rebuscándolos en distintos sitios, según denuncio su contradictor.


Para terminar con Jose García y su Camuflage, esta estrofa: En el corso de la vida/ Todo el año es carnaval/ Con careta de angelito/ disfrazado va el chacal/, algo que parece escrito y dedicado a cierto candidato reciente, aunque en el señalamiento se haya equivocado de animal.


Y que tal estos versos de la genial Eladia Blasquez: Tan grotesco es el absurdo/ Tan inmundo está el chiquero/ Que mirando el noticiero/Me reí por no llorar/, afortunado compendio de ese mundo que “fue y será una porquería”, según la lapidaria sentencia de Discépolo.


Sobre la justicia, otra lacra que necesita extirparse, la Blasquez le presta a Colombia: La justicia ya sin venda/ A un corrupto le hace un guiño/ y acomoda el desaliño/ del poder y del favor….Y en  la cruda indiferencia/ entre el cólera y el curro/ hay un juez que se hace el burro/ y hay un burro al que hacen juez.


Después de García y Blasquez hay que retornar al visionario Discépolo para escucharlo decir que “la razón la tiene el de más guita/ que la razón la venden al contado/ y a la moral la dan por moneditas.


¿Se dan cuenta que hoy 24 de junio, fecha emblemática por el trágico fallecimiento de Carlos Gardel, también puede hablarse de tango sin tener que recurrir  a la consuetudinaria, cansona y repetida suma de los años que el cantor lleva de muerto?


Para terminar, algo que les cae de perlas a los impolutos, incontaminados y promotores del onanismo electoral, Vargas, Robledo y compañía, también de la cosecha de Discepolin: “No hay ninguna vedad que se resista/ Frente a dos pesos moneda nacional/ Vos pareces hacienda el moralista/ Un disfrazado sin carnaval”.


Mejor dicho, para verdades y metáforas contenidas en el tango, Colombia es una nación recipiendaria que ni mandada a hacer.