Columnistas

El ideal de lo práctico
Autor: Dario Valencia Restrepo
22 de Junio de 2014


Hay que celebrar la publicación por parte del Fondo Editorial Universidad Eafit de la segunda edición en español del libro ya clásico de Frank Safford “El ideal de lo práctico – El desafío de formar una élite técnica y empresarial en Colombia”.

www.valenciad.com


En un ensayo sobre el trabajo industrial publicado en 1884 y atribuido a Manuel Ancízar, uno de los fundadores y primer rector de la Universidad Nacional de Colombia, puede leerse lo siguiente (http://tinyurl.com/nenelqp):


  “Aquí, en vez de armonizar la inteligencia con los brazos, como en los Estados Unidos… el trabajo material y el pensamiento andan reñidos… El libro y el arado son incompatibles; la pluma y el martillo son irreconciliables. Queremos vivir de abstracciones, alimentarnos de palabras, alejarnos de la clase trabajadora, respirar el aire de las teorías. El colegio es la antítesis del taller. Nos parece un contrasentido que quien hace muebles haga también versos y estudie los principios de la ciencia.”


Esta lúcida crítica a una tendencia predominante en la clase alta del país durante el siglo XIX nos servirá como introducción para comentar más adelante la aparición de un importante libro. Pero por ahora señalemos lo apropiado de la referencia a los Estados Unidos: en 1861 se aprobó el acta fundacional del Instituto Tecnológico de Massachusetts, hoy considerado el primer centro educativo de ingeniería en el mundo; tres años después se adoptó el sello oficial de la institución en el que aparecen un artesano ante un yunque y un estudioso con un libro, ambos acompañados por el lema Mens et Manus (Mente y Mano). Y un ejemplo de pensamiento de largo plazo: dos días después de dicha acta se inició la guerra civil en el país.


Hay que celebrar la publicación por parte del Fondo Editorial Universidad Eafit de la segunda edición en español del libro ya clásico de Frank Safford “El ideal de lo práctico – El desafío de formar una élite técnica y empresarial en Colombia”. El autor es  especialista en aspectos políticos y económicos de Hispanoamérica en el siglo XIX, con énfasis en Colombia, y en 1976 publicó dicho libro en inglés. 


Cuenta Safford que en 1965 llegó a Bogotá para completar su tesis doctoral sobre pequeñas empresas manufactureras que funcionaron o intentaron funcionar en la capital durante la primera mitad del siglo XIX. En la Academia de Historia encontró unas cartas dirigidas al general Pedro Alcántara Herrán, en ese entonces embajador de la Nueva Granada en Estados Unidos desde 1845, por parte de padres de familia que habían enviado sus hijos a estudiar en este país y deseaban que el general, como acudiente de éstos, los orientara hacia una educación práctica.


Fue tal la importancia de lo encontrado que el autor se olvidó de su investigación original y se encaminó a analizar los esfuerzos de algunos líderes políticos para promover, entre 1821 y 1903, una educación técnica y práctica que impulsara el desarrollo, tarea bien difícil en un país con una economía estática, una geografía difícil, conflictos casi permanentes y una estructura social poco propicia. Fue sorprendente enterarse de la existencia de un minoritario sector de la sociedad granadina deseoso de apartarse de la marcada preferencia por la política, el derecho y la burocracia, al igual que por las obras literarias, poéticas y gramaticales; y, además, resuelto a oponerse al tradicional menosprecio del trabajo manual.


Dichos esfuerzos tuvieron en Antioquia una expresión en la Facultad de Minas cuando sus fundadores Tulio y Pedro Nel Ospina proclamaron la necesidad de la “ciencia útil”. Muy ilustrativos los consejos que su padre, Mariano Ospina Rodríguez, les dirigiera en 1877 cuando ellos estudiaban en Estados Unidos: “La ciencia es el más seguro de todos los caudales. En dos o tres años de un estudio serio y continuo pueden ustedes hacerse ingenieros... Hay ciencias muy atractivas pero muy poco provechosas, como la Botánica, la Zoología, la Astronomía, que deben dejarse a los ricos, y en el mismo caso se halla la Literatura. Religión y moral, cuanto les quepa en el alma y en el cuerpo; ciencia aplicada y aplicable, muchísima; idiomas vivos, bastante; ciencia puramente especulativa, literatura e idiomas muertos, algo; novelas y versos, nada.”