Palabra y obra

Carlos Patiño Millán sobre “El año pasado bajo tierra”
21 de Junio de 2014


El poeta caleño habló de su obra “El año pasado bajo tierra”, un Libro íntimo, cotidiano, existencial vivido y realizado ante la muerte.


Foto: Cortesía 

“Ni sacrificio ni oficio: ganas de cambiar de aire, allá abajo, sin aire”. 

Carlos Patiño Millán.

Óscar Jairo González Hernández


Profesor Comunicación y Lenguajes Audiovisuales


Universidad de Medellín


Especial para EL MUNDO


¿Por qué y en qué momento decides, aunque no sea como una decisión racional, como lo dices, hacer este libro que no es como todos los otros tuyos de poesía y relatos?


“Quería resucitar a la muerta, que en realidad, son dos difuntas. El deseo de que no acabara aquello o de que acabara de otro modo. El olvido es la segunda o tercera muerte que damos a los nuestros. Quise decir ‘algo’ antes de ese momento definitivo, antes del punto final, una frase dicha que demorara lo inevitable, la tierra arrojada sobre el cuerpo inerte, el fuego calcinando los huesos. Si lo pienso bien no es ‘resucitar’, es enterrarlas con manos propias, no las del ajeno sepulturero. Y claro, no es poesía ni relato, es un adiós escrito por el muerto que nos sigue viendo y escuchando desde abajo”.   


-Hay todavía en este libro, elementos, formas, maneras, metódicas que ya tienes concentradas en ti mismo y que te propician una manera de la escritura muy tuya: ¿En qué medida es una transformación o no de tú estética? 


“La gente muere, no solo el poeta. La gente cambia, no solo el poeta. La gente se abandona a sí misma, se deja ir, río arriba, río abajo. Ahí está el poeta para dejar constancia de la sangre que sube y baja. Ahí el poeta cuando la barca atraviesa el agua, con él o sin él, con Dante o con Madonna”.  


-¿Hay en este libro una poderosa concentración desde el Yo, qué tanto lo concebiste como una catarsis o como un drama melancólico? 


“Era tan feliz, eras tan feliz, es lo que me repetía escribiéndolo pero, ahora, ni yo, ni Yo, ni nosotros, ni ella, ni Ella, ‘somos’. Presencias -sombras lejanas, remotas pero también cercanas, cercadas, cercenadas- se hicieron presentes. Ni catarsis ni derrota: un año pasado bajo tierra. Ni fuego ni lágrimas: polvo, tierra y más polvo. Un poco de drama, quizás. Pero ni siquiera la melancolía alimenta tumbas”.     


-Todos estos momentos que relatas o que narras, son resultado de una combinación, de una mixtura entre las sensaciones que provienen de los sentidos (Poesía) y una reflexión racional (Pensamiento): ¿Cómo fundes una y la otra?


“Todavía no me prohíbo las emociones pero ya lo haré o lo harán. Todavía mi familia es mi familia pero ya dejaron de serlo o lo dejarán. O dejaré, en cuyo caso las emociones y los pensamientos se irán conmigo a dormir en una tibia cama de piedra”.


-Nosotros quisiéramos saber, si el libro se suscita por medio de lo que desencadenó y diseminó en ti, la lectura de Nathaniel Hawthorne, como lo indicas al principio del libro, desde sus “Cuadernos norteamericanos: ¿O que torsión realizaste para desarrollarlo desde allí? 


“Un duelo lleva al otro, un libro al siguiente, la luz a la noche. Leí desde Nathaniel Hawthorne hasta el Diario de duelo de RolandBarthes. Desde Buda a Radiohead, pasando por The Cure, como buen amante de la desintegración”. 


-El año pasado bajo tierra está estructurado como bien lo dices, de muchas maneras, de muchas formas como: “líneas dispares, bocetos, ideas, sueños, fragmentos, imágenes sueltas”: ¿Qué buscó alcanzar, si es que se alcanza, como escritor, provocar un efecto en este barroco texto? 


“Nunca he buscado lectores complacientes. Menos ahora, cuando todo se celebra. Esta es quizás la generación que más se ha auto-promocionado en la historia. El temor al fracaso, a la desaprobación es general. Yo asumí un riesgo. En tanto vivo una vida dispar, el texto es dispar. No busco agradar hablando de mis muertos. Creo en los lectores críticos que no desfallecen ante la primera incomodidad”.     


-Como sus lectores, quisiéramos saber: ¿Por qué Valery Larbaud, por qué se apoya también en el decadente A. O. Barnabooth, qué relación o coincidencias hay en usted para con él, entre la decadencia y la contemporaneidad?


“Todo es decadencia y vanidad. Y jamás hubo tanta vanidad como en esta decadencia”. 


-Podemos decir, que el libro está constituido e hilado por una serie de instantáneas, como escritos que se hacen desde una cámara (work): ¿Qué es lo que buscaba al inmovilizar el instante, eso que Éluard llamaba “el duro deseo de durar” y Bachelard “la intuición del instante”? 


“Es una suerte deálbum de recuerdos de nuestralocura. Y ni Eluard ni Bachelard. O sí, uno no lo sabe nunca. Pensé en  Henri Cartier Bresson y su  “‘instante decisivo’”. 


-¿Considera usted que podría escribir de nuevo un libro así como escribió El año pasado bajo tierra; que en nuestro criterio obedece (y desobedece) en mucho lo que los Situacionistas llamaban “Construcción de situaciones”?


“Toda situación es tan incómoda como toda posición. En ese sentido, ignoro si repetiré el experimento”.  


-¿Qué es para usted,  aquí en este libro la melancolía, la desesperación y la esperanza en relación con su mundo, su mundo de escritor, que las sostiene y las transforma?   


“No hay nada tan definitivo como la muerte. La finitud. El sujeto que ya no es. El objeto que sigue siendo. Desesperación y desintegración de lo amado y de lo vivido. Después de un año bajo tierra, uno es otro. No hay esperanza ni vida. Hay una sombra que vuelve sobre sus lugares, una mano que limpia el polvo de la habitación clausurada. Un corazón que ya muerto sigue andando”. 



Búsquedas

-¿Qué buscas excavar, exhumar de ti ante los otros, ante el lector. Concebías a ese lector mientras escribías este libro o era otro libro el que te escribía a ti en su deseo?


“Fuimos esos huesos que enterramos, esas cenizas que guardamos celosamente como si el muerto estuviera aun respirando y fuera a despertar. No pensé en lectores, yo era –creo- el único lector que podían tener esas muertes; no el único que las había sentido o llorado, no el único que tenía el derecho o el deber de cantar sobre la vida y las risas derramadas, pero sí el único que aceptaba pasar un año bajo tierra para despedir a las amadas. Fui yo; no ellos, no los demás. Ni sacrificio ni oficio: ganas de cambiar de aire, allá abajo, sin aire. No fui un personaje literario, fui yo. En esa medida escribí y no fui escrito. En esa medida fui lector y quise serlo”.




Lo thanático

-¿Por qué lo thanático se propone –de la proposición- como una tentativa extrema, excesiva blakeana, como desde o buscando la visión, la videncia? 


“El amor es ciego, ya se sabe. La visión, si es que hay alguna, está en la muerte. Revisas al recién nacido para comprobar que todo está bien, revisas a la muerta a saber porqué todo salió mal. Ambas son visiones extremas. Pero cierras los ojos o los abres, lo que desvirtúa lo de “extremo”. Solo los cobardes cierran o abren los ojos. Los videntes no saben de pausas”.