Columnistas

Ética de la compasión
Autor: Anibal Vallejo Rendón
17 de Junio de 2014


El pasado 8 de junio circuló en EL MUNDO el inserto La Tekhne del Instituto Tecnológico Metropolitano donde se publicó un artículo sobre el uso de los animales en investigación  que terminó con una cita concluyente...

El pasado 8 de junio circuló en EL MUNDO el inserto La Tekhne del Instituto Tecnológico Metropolitano donde se publicó un artículo sobre el uso de los animales en investigación  que terminó con una cita concluyente: “La primera condición del investigador que trabaja con animales de laboratorio es el respeto por la vida, por el dolor o el sufrimiento a que estos  pueden ser sometidos  en los trabajos bajo su responsabilidad, dentro de la cual se incluye la búsqueda de alternativas al modelo experimental”.


Acaba de ser publicado “El triunfo de la compasión” de Jesús Mosterín (Alianza Editorial) donde tras larga reflexión filosófica, biológica y ética propugna por la consideración moral de los animales, por no convertir en un infierno su vida bajo nuestra custodia. La cita final de los estudiantes autores del artículo es concluyente: ese respeto por el que se propugna es precisamente el que se le niega al modelo animal. La noción de sufrimiento es más amplia que la del dolor. El dolor es el sufrimiento más inmediatamente físico que acompaña a la herida, la lesión o la enfermedad del organismo. Otros tipos de sufrimiento son el hambre, la sed, el frío, el miedo, la ansiedad, el estrés, la pena, la congoja, el disgusto, la soledad, el aburrimiento y la frustración. El perro herido sufre dolor, pero el perro abandonado por sus amos sufre ansiedad y congoja. Todo deseo insatisfecho es sufrimiento y frustración. Los gemidos, las vocalizaciones intensas, las resistencias, los temblores, las convulsiones y otros signos externos de aflicción son señal inequívoca de dolor. A esos llamados animales de laboratorio se les niega la consigna de moda: el bienestar. Nacen artificialmente, no se aparean; están confinados hasta la muerte; no tienen libertad de movimiento; no siempre tienen contacto con los de su especie;  sobreviven en un mundo artificial, no tienen los ciclos naturales de luz y oscuridad; no pueden desarrollar sus instintos; no se pueden reproducir; no pueden depredar; no pueden migrar; no pueden escarbar, no pueden anidar… Esto sin contar lo que se les espera en los bioterios: dietas depletadas, antibióticos (enemigos de la vida); extirpación de glándulas; cepos, estabularios; induración; aparatos de contención; refinamiento en las intervenciones; choques eléctricos; estrés, angustia, eutanasia. 


Se acude entonces al término animal de laboratorio como si fuera otra especie. Se utilizan por motivos legales y no científicos, como una etapa necesaria para salvar responsabilidades; por la prohibición de hacer disecciones humanas; por tratarse de intervenciones riesgosas o dañinas; porque la conciencia moral prohíbe someter a esas condiciones a los humanos. En los experimentos con animales, el dolor, el sufrimiento y la angustia se infligen de forma deliberada en los animales mientras que esto se consideraría maltrato ilegal en otros campos. La crueldad con los animales es contraria a la dignidad humana.