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A votar por Santos, aunque duela
Autor: Guillermo Maya Muñoz
2 de Junio de 2014


El pasado 25 de mayo, como era esperado, ni Juan Manuel Santos y ni Oscar Iván Zuluaga, alcanzó la mayoría electoral.

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El pasado 25 de mayo, como era esperado, ni Juan Manuel Santos y ni Oscar Iván Zuluaga, alcanzó la mayoría electoral. Por lo tanto, tendrán que disputar la Presidencia de la República en una segunda vuelta el próximo 15 de junio.


Ambos candidatos representan la continuidad de las políticas económicas y sociales de los últimos 44 años en Colombia, después de la presidencia de Carlos Lleras Restrepo, el más lúcido de los políticos colombianos y que transformó a Colombia, de una manera todavía no comprendida del todo. Lleras tenía una visión estratégica nacional de desarrollo económico que impulsaba la industria, el sector agropecuario, al mismo tiempo que las exportaciones, y que fue capaz de desafiar al FMI que pretendía imponer en Colombia la política cambiaria, pero que Lleras desafió con la devaluación gota a gota del decreto 444 de 1967. Después de Lleras todo  ha sido mediocridad y circo.


Hoy, la política económica, diseñada sobre el neoliberal Consenso de Washington, de mercados libres y estabilidad de precios, solo busca los equilibrios macroeconómicos, fiscales y externos, mientras la política cambiaria, en los últimos 24 años ha revaluado el peso colombiano. La revaluación ha servido como ancla inflacionaria, pero, ha destruido la competitividad de la industria y la agricultura, en un contexto de tratados de libre comercio. La élite colombiana no tiene una visión estratégica nacional del desarrollo, y ha supeditado la soberanía nacional a los organismos multilaterales como el FMI, el BM, la OMC y el Departamento del Tesoro de los EEUU.


Mientras tanto, el sector financiero, que nada produce sino deudas y productos financieros, ha adquirido una predominancia e importancia inusitada (20 % del PIB), construida sobre las necesidades crediticias de los sectores económicos nacionales, y que han sido depredados con los altísimos costos financieros. La crisis colombiana de 1998-2002, la peor de todo el siglo XX, fue el resultado de las altas tasas de interés y la revaluación  del peso colombiano. Las quiebras hipotecarias de las familias colombianas endeudadas en UPAC y las de los pequeños y medianos empresarios,  al igual que el desempleo, fueron los resultados. 


Igualmente, y a pesar de la apertura, hay una alta cartelización de la economía, en cementos, bebidas, cervezas, costos financieros, etc., que permiten a ciertos empresarios imponer precios dos o tres veces más altos que en los países vecinos, como el cemento, al mismo tiempo que aumenta del contrabando (James Robinson).


El siglo XX abrió con la expansión de la inversión extrajera, especialmente minería y petróleo, fomentada no solo con los altos precios internacionales, sino también con las gabelas tributarias del gobierno central, especialmente de Uribe Vélez. Sin embargo, las reformas tributarias se montan sobre los ingreso del trabajo. Mientras, el 10% de los colombianos más pobres pagan 8% de impuestos sobre sus ingresos, el 10% más rico solo paga 3% (James Robinson, Colombia: ¿Otros cien años de Soledad? Revista Ensayos de Economía, UN Medellín). 


Estos factores, la cartelización, el sistema tributario sesgado, la desindustrialización, la informalidad del empleo, y la represión salarial han conducido a una mayor desigualdad en la distribución del ingreso y de la riqueza. En este sentido, Colombia va a ser el país con los peores indicadores sociales en la Ocde, quitándoles el puesto a México y a Chile.


Detrás de este escenario, se ha desarrollado en los últimos 50 años, una guerra de desgaste, sin que la guerrilla haya estado ad portas de la toma del poder; pero al mismo tiempo, la clase gobernante colombiana, tanto con las fuerzas militares regulares como con el uso ilegal de grupos paramilitares, tampoco ha logrado erradicar de raíz las fuerzas guerrilleras, que todavía presentan combates, y tienen un número significativo de hombres en armas. Sin embargo, los grandes damnificados directos han sido la población campesina, y los pobres urbanos que prestan el servicio militar obligatorio. Los combates, el miedo y la falta de libertades políticas han obligado a millones de colombianos a desocupar el campo con consecuencias desastrosas para nuestra sociedad.


Pero igualmente la vida de todos los colombianos ha sido afectada por el conflicto y han tenido que financiarlo con sus impuestos, mientras las elites regionales se han beneficiado directamente, con la concentración de la tierra, la evasión tributaria y la corrupción en la apropiación de los presupuestos regionales y locales. Igualmente, el movimiento social que lucha por mejores conquistas sociales, servicios públicos, o mejores salarios, han sido judicializados y victimizados confundiendo sus luchas legitimas con las de los enemigos en armas. 


En este sentido, dado que el gobierno de Juan Manuel Santos está negociando un acuerdo con la guerrilla de las Farc, para que entreguen las armas y se sometan a la justicia, al mismo tiempo que se les da la oportunidad de participar en la vida política de la nación, es el momento para votar por Santos en contra de Oscar Iván Zuluaga que, como encarnación de Uribe Vélez, promete acabar con las negociaciones, y prolongar el conflicto, al mismo tiempo que refuerza el gasto público para la guerra y no para en el bienestar de los colombianos.


Por esta razón, y aunque sea la única, los colombianos, de la derecha y de la izquierda democrática, debemos votar por JM Santos. No se trata de pedir puestos burocráticos como es costumbre en la politiquería tradicional liberal-conservadora. Tampoco se trata de dejar a los electores en libertad de escoger su opción electoral, como han decidido el Partido Verde y el Polo Democrático. Los electores siempre están en libertad de escoger, pero los partidos políticos y sus dirigentes están en la obligación de orientar la opinión pública, sobre todo en los momentos más decisivos y cruciales para el país. No es lo mismo Uribe que Santos, y el primero que lo supo fue Uribe, cuando no había manera de remediarlo. Por el fin del conflicto armado: Santos.




Comentarios
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guillermo
2014/06/02 08:52:47 am
El primer párrafo debe decir: “El pasado 25 de mayo, como era esperado, ni Juan Manuel Santos, ni Oscar Iván Zuluaga alcanzaron la mayoría electoral. Por lo tanto, tendrán que disputar la Presidencia de la República en una segunda vuelta el próximo 15 de junio”.