Columnistas

¿Campaña presidencial?
Autor: Iván Guzmán López
20 de Mayo de 2014


La política colombiana está pidiendo a gritos, renovación, cambios, limpieza. Está exigiendo verdaderos partidos políticos con estructuras doctrinarias y organizacionales verdaderas, no apócrifas y malolientes, como las vigentes; con auténticos líderes políticos, donde no quepan delincuentes, mercaderes y agentes del odio y de la guerra.

Ivanguzman790@gmail.com.co


La política colombiana está pidiendo a gritos, renovación, cambios, limpieza. Está exigiendo verdaderos partidos políticos con estructuras doctrinarias y organizacionales verdaderas, no apócrifas y malolientes, como las vigentes;  con  auténticos líderes políticos, donde no quepan delincuentes, mercaderes y agentes del odio y de la guerra. Es lo menos que colige la ciudadanía de los últimos episodios de la mal llamada “campaña presidencial”. ¿Puede llamarse “campaña presidencial” a la asquerosidad de acusaciones, odios, presuntos pagos multimillonarios, cifras escandalosas de dineros calientes, chuzadas orquestadas desde sedes de “campaña”, manipulación política o politiquera del proceso de paz de la Habana, participación pagada de personajes oscuros, por no decir delincuentes que promueven la muerte, el nazismo, el totalitarismo, la guerra y toda suerte de aberraciones para un pueblo que como el colombiano no soporta más barbarie? Me niego a creerlo.


 Si asumimos que una campaña presidencial es un conjunto de estrategias para elegir al presidente de un país, con la idea del bienestar para sus ciudadanos, podemos deducir que todos los candidatos que hoy están en campaña, algunos usando las estrategias delincuenciales arriba denunciadas, ¿tienen el perfil profesional, ético y moral para ser presidente de los colombianos?, ¿para trabajar por el bienestar de los colombianos, en especial por las amplias masas empobrecidas, desempleadas y en alto porcentaje en la indigencia?


Sin duda, el mensaje que está recibiendo el país de personajes oscuros como J.J. Rendón, de Luis Alfonso Hoyos, del delincuente Andrés Sepúlveda (a decir por su lenguaje y la semiótica de muerte y odio que cruda y abiertamente presenta en sus mensajes y en su trabajo de asesor presidencial), de Germán Chica, a más de los centenares de segundones incondicionales, es que lo que se busca no es el bienestar de un país, sino un botín ansiado y jugoso que hay que conseguir por el método que sea y al precio que sea, aunque en ellos se les vaya el alma misma (y creo que todos se dicen católicos, apostólicos y romanos). 


Esta “campaña (guerra) sucia”, como es la denominación general que hoy tiene, no sólo oscurece el panorama de Colombia, ad portas de un hecho trascendental y definitivo para nuestra vida económica, social y política; también está erosionando grave y peligrosamente la regular imagen democrática que tenemos externamente, y trayendo el caos y la desinformación a un pueblo que, como el colombiano, padece de amnesia histórica y le dificulta diferenciar entre la verdad y la mentira, no obstante el estigma delictivo que hay en la frente y en la hoja de vida de algunos de los candidatos y padrinos, cuyas sola imagen, como en los versos de Valencia, evocan ruina y predicen males.


La tarea urgente de la academia, de los pocos políticos verdaderos (que sé que todavía tenemos), de la clase empresarial y de la sociedad en general, al finalizar esta sucia campaña, no es otra que la de regular el comportamiento de los políticos, poner en cintura a los directorios de garaje, reestructurar los partidos y someterlos a una dura depuración. Los pseudo marxistas de los años 80, de esos que hoy abundan en el gabinete Fajardo, repetían como loros en las cafeterías universitarias, que: “los partidos se fortalecen, depurándose”.  


Puntada final: La Procuraduría Regional de Antioquia, acaba de sancionar e inhabilitar a Mauricio Alberto Valencia Correa, el flamante secretario de Infraestructura de Antioquia, y a sus colaboradores Sebastián Álvarez, Juan Carlos Restrepo Monsalve y Óscar Orlando España Pulido, “por desconocer los principios de transparencia, economía, eficacia, celeridad, buena fe e imparcialidad que regulan la contratación estatal y la función administrativa” en la doble calzada hacia el Túnel de Occidente. El gobernador Fajardo se apresuró a decir que “apelará el fallo de primera instancia que expidió el Ministerio Público”, como si el fallo no recayera exclusivamente en sus muy amados funcionarios Valencia y compañía, asumiendo así que la no transparente es la gobernación entera. ¡Tampoco, amigo Fajardo! “La justicia cojea, pero llega”, dice el adagio popular. En esta columna llevamos 2 años denunciando que los puentes construidos a la altura de la Facultad de Minas, antes de tener lista la doble calzada al Túnel de Occidente, sólo sirven para darle la vuelta al Éxito de Robledo, con una multimillonaria inversión, sin importar el taco diario y monumental que ocasionan en la 80, y la pérdida de tiempo, la contaminación, el sobrecosto y las incomodidades que sufrimos los vecinos de Occidente, para llegar a nuestros olvidados municipios.