Columnistas

Se compra elección
Autor: Rafael Bravo
16 de Mayo de 2014


Los magnates con sus ingentes sumas no escatiman esfuerzos por inclinar a su favor las próximas elecciones de noviembre. No es que ello sea algo nuevo.

Los magnates con sus ingentes sumas no escatiman esfuerzos por inclinar a su favor las próximas elecciones de noviembre. No es que ello sea algo nuevo.


Lo que sorprende son los montos de quienes gracias a su cómoda posición, comprometen su propio peculio apoyando el partido y el candidato que asegure sus negocios o los intereses gremiales de determinados sectores. Con una frase lapidaria el exvicepresidente Al Gore ha manifestado: "El sistema político norteamericano es una catástrofe total. La democracia ha sido espiada". Demócratas y republicanos parecen haberle vendido el alma al diablo aceptando contribuciones que en no pocas ocasiones riñen con los principios democráticos y la voluntad de los electores. 


El dinero en la política se multiplicó exponencialmente gracias a la Corte Suprema y sus miembros de la derecha que declaró constitucional el ingreso ilimitado de contribuciones a las campañas políticas. Citizens United como se conoce el fallo que le permite a las corporaciones y sindicatos contribuir ilimitadamente a través de lo que se conoce como Comités de Acción Política- Super PACS, sin necesidad de divulgar los aportantes pues son entidades sin ánimo de lucro. Todo un adefesio en donde el poder económico se hace sentir con el dios dinero.


En el ojo del huracán entre muchas otras esta  la organización Americans for Prosperity auspiciada por los hermanos Koch dueños de un inmenso conglomerado cuyo objetivo es desbancar del legislativo a los congresistas demócratas. Con un aporte anunciado de 125 millones de dólares buscan convencer a los norteamericanos que la respuesta a los problemas económicos se resuelve con menos gobierno, es decir, poca o ninguna regulación, bajos impuestos y la Mano Invisible del mercado. 


Los conservadores quieren hacerle creer a la gente que los beneficios tributarios deben dirigirse a los innovadores, empresarios y aquellos que crean empleo y desarrollo tecnológico. Una idea que suena justa sino fuera porque entre ese grupo se encuentran aquellos que sin mayor esfuerzo reciben miles de millones que no son gravados en el sector financiero. Los conocidos Hedge Managers que operan gigantescos portafolios de inversión inexplicablemente están por fuera de la corriente tributaria. En el año 2013, 25 individuos dedicados a esa actividad lograron ingresos por 21 mil millones de dólares. Haciendo cuentas cada uno recibió  840 millones de dólares en tan solo 12 meses.  


Esa larga tradición según la cual las altas rentas y las grandes fortunas pagan impuestos mayores, es lo que permite una justa distribución del ingreso y le pone límite a la concentración económica. Pues ahora resulta según algunos, que es inmoral y destructivo gravar a los ricos con tarifas impositivas superiores pues son ellos los generadores de empleo. La respuesta se encuentra en la teoría Reaganiana del "trickle down" que no se tradujo en más empleos. Los balances de las empresas muestran que se gana más con menos gente.


Los demócratas por su parte han emprendido una feroz estrategia en contra de los hermanos Koch. El líder en el senado Harry Reid los ha acusado de "multimillonarios embriagados de poder" y de buscar el compro del voto. Se olvida que el financista húngaro George Soros es el principal aportante a la causa demócrata al igual que muchos en Hollywood. Más bien como congresista debiera promover una ley que acabe con el esperpento de los dineros privados sin topes en las campañas políticas.


En momentos en que la gente pide oportunidades de trabajo y salarios justos, los políticos se apegan al ataque personal como forma de lograr el respaldo del electorado. Los agravios en lugar de los argumentos son la estrategia que garantiza llegar al congreso. Esa mezcla explosiva de cientos de millones dólares atados a los intereses de la clase política no es ninguna expresión de la voluntad popular.