Editorial

Pasar la página de la violencia
9 de Mayo de 2014


Desde los años 90, los líderes antioqueños han trabajado por el sueño de hacer de Antioquia la “Mejor esquina de América, justa, pacífica, educada, pujante y en armonía con la naturaleza”.

Desde los años 90, los líderes antioqueños han trabajado por el sueño de hacer de Antioquia la “Mejor esquina de América, justa, pacífica, educada, pujante y en armonía con la naturaleza”. Ese sueño ha sido construido en diálogos públicos y validado en la mayor parte de las decisiones electorales. El Planea fue su expresión en tiempos en que convivió con proyectos de región como Antioquia Nueva y Un Hogar para la Vida, que dieron énfasis a la Noviolencia y la equidad. El sueño está en manos del doctor Sergio Fajardo, que enfatiza en “pasar la página de la violencia para escribir la de la inteligencia”. 


Ayer, el gobernador Fajardo y destacados personeros del sector privado escribieron un capítulo brillante en el libro de la equidad, que todos esperan sea el fundamento del de la paz. La inauguración del Parque Educativo de Vigía del Fuerte, que tiene adjunto un colegio Emberá bajo la modalidad semi internado/semipresencial, es un maravilloso acto de inclusión con uno de los dos municipios en la ribera del Atrato y una oportunidad para poblaciones que han sufrido tanta pobreza como violencia. La inversión de $3.413 millones en el Parque Educativo y las posibilidades de hacerlo centro de educación superior virtual, es un hito en el proceso de forjar región con oportunidades, que comenzó hace doce años con los patrullajes del Ejército en el río Atrato. 


Pero esa página de la historia de Antioquia la registramos con tanta alegría como con preocupación tenemos que registrar la tristeza que nos produjo saber que los 117 ciclistas que participan en la Vuelta Antioquia FLA 95 años, no podrían recorrer la etapa Yarumal-Ituango, en el Norte de Antioquia. La prohibición al recorrido, hecha por la “Asociación de campesinos” (¿son todos de Ituango, son todos campesinos?) y la aceptación de este “mandato” por el gobernador Fajardo y su secretario de Gobierno, se convierten en precedentes en los que la ilegalidad, señalada acertadamente por el actual Gobierno Departamental como uno de los más graves problemas en Antioquia, gana terreno. ¿Cómo no pensar en la humillación que sufría Caicedo hace doce años y en su transformación, gracias al apoyo que tuvo de la Gobernación en solidaridad con su decisión de ser el primer municipio noviolento de Colombia? El camino no ha sido nada fácil, pero hoy este municipio es ejemplo para Colombia entera. 


No entendemos cuáles pudieron ser las razones para que líderes campesinos prohibieran el paso de ciclistas, muchos de ellos campesinos también, portadores de un mensaje de paz, vida sana y amor por Antioquia. Por eso lo ocurrido más nos parece un pulso de poder de los enemigos del desarrollo hidroeléctrico (liderados o manipulados por las Farc amenazadas en uno de sus últimos refugios seguros) y las autoridades antioqueñas y colombianas responsables de garantizar que EPM pueda cumplir los cronogramas de obra y operar la promisoria central, pero también de garantizar que los cien mil millones de pesos que se ha ofrecido irradiar en desarrollo rural y municipal en la zona de afectación sí lleguen a los campesinos y pobladores, no a grupos interesados en tan cuantiosas sumas.


Otra manifestación preocupante del rápido crecimiento de la ilegalidad se escuda tras la mal llamada minería informal. Ya Antioquia ha sido testigo de los daños al Bajo Cauca y Nordeste, donde mineros ilegales y sus socios de la guerrilla y las bacrim destruyeron propiedades ajenas, devastaron bosques o tierras fértiles y contaminaron generosas fuentes de agua. Esa huella depredadora de territorios y culturas se está multiplicando de manera exponencial en el Occidente Medio, ante la vista gorda de gobiernos locales, del Departamental y del Nacional, que actitudes evasivas como la del ministro de Minas y Energía, Amilkar Acosta, quien ayer no más, en edición impresa del periódico El País de Cali y refiriéndose al desastre de Santander de Quilichao, señaló que “la Agencia no tiene facultad para cerrar una mina”, aunque ya lo hizo con Drummond por derrames de carbón en el Océano Atlántico.


La página de la paz que Antioquia quiere escribir tiene las letras de la presencia del Estado que soñara el expresidente Virgilio Barco, la de la zanahoria de la inversión social como en el caso de los parques educativos, y la del garrote de una administración firme, una Fuerza Pública y una justicia que cumplan con el mandato constitucional de velar por los derechos ciudadanos, como los de los ciclistas y seguidores de la Vuelta a Antioquia, y los de los empresarios legales y las comunidades y su medio ambiente, afectados por la minería ilegal.