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Ciudadanos
Autor: Jorge Alberto Velásquez Betancur
1 de Mayo de 2014


Muchos años después la nación colombiana entendió que García Márquez no era una anécdota ni un premio ni un traje de lino blanco en el frío invernal nórdico.

Muchos años después la nación colombiana entendió que García Márquez no era una anécdota ni un premio ni un traje de lino blanco en el frío invernal nórdico sino una obra compacta digna de ser conocida y estudiada por todos, en la escuela y más allá de sus muros.


Los grandes escritores nunca mueren. Como tampoco mueren los artistas y creadores universales. La ciencia, el arte y la filosofía son el camino de la inmortalidad. ¿Han muerto, acaso, Homero, Platón, Aristóteles o Nietzsche? Al contrario, todos los días cobran vida en lecturas, discusiones y trabajos académicos. ¿Acaso no están más vivos cada día Miguel Ángel, Leonardo, Rafael, Modigliani, Van Gogh, Rembrandt? ¿Nos hemos puesto a pensar si están muertos Salvador Dalí, Luis Buñuel, Miguel Hernández  o Antonio Machado? ¿No nos dicen algo todos los días Hermann Hesse, Pablo Neruda, Jean Paul Sartre, Marguerite Yourcenar y Gabriel García Márquez? ¿Cada día, acaso, no disfrutamos de la presencia de Mozart, Beethoven, Vivaldi, Gustav Mahler, sin preguntarnos cuando fallecieron? ¿Pensamos en un Kant muerto cuando nos acercamos a su “Crítica de la razón pura”? Aunque no están exentos los grandes creadores de que sus contemporáneos conviertan la muerte física en un espectáculo. En una nueva feria de vanidades. En un desfile de egos impotentes. Pero eso también es parte de la condición humana. García Márquez sobrevivió a “gabólogos” y “gabistas”, que no son aquellos que hablan de su obra sino de su persona, de sus anécdotas para ganar indulgencias y compartir un poco de su gloria. O al menos eso creen.     


El disfrute de las obras de los grandes creadores es un goce estético sin fecha de caducidad, es un deleite del espíritu que no requiere altoparlantes ni vociferaciones. Quien lee por convicción, quien contempla una pintura o escucha una composición musical no se para en el atrio de la iglesia ni en el centro de la plaza para gritarlo a los cuatro vientos para que el pueblo entero se muera de envidia. El arte es un bien colectivo pero su disfrute es privado porque es un diálogo entre autor y lector, entre autor y espectador (aunque está por verse que si no hacemos algo ya, en el futuro cercano los lectores también serán figuras de museo). La inmortalidad está en las bibliotecas, en los museos, en los libros, en la herencia de científicos y artistas de la cual nos beneficiamos cada día, como disfrutamos de los inventos y de las innovaciones médicas. 


García Márquez recibió en 1982 el Premio Nobel de Literatura, la mayor distinción que un colombiano haya recibido jamás (sin contar el record Guinness de la cabalgata y el de ciudad más innovadora del mundo, claro está) y nunca se pensó en establecer el Día de García Márquez, para que al menos una vez al año los colombianos leamos su obra. España celebra a Cervantes: tiene un instituto que lleva su nombre y un codiciado premio de literatura que entrega todos los 23 de abril. Irlanda y el mundo literario celebran cada 16 de junio del Día de Joyce o “Bloomsday”. 


¿En Colombia qué se nos ocurre con García Márquez? Esperar el día de su fallecimiento para contar anécdotas y mostrar fotos. ¿Y dónde estás las reflexiones sobre el alcance de su obra? ¿Cuántas cátedras García Márquez hay en las universidades colombianas? ¿Cuántos grupos de investigación sobre su obra hay registrados en Colciencias? ¿Cuántos libros suyos leen los bachilleres? El pénsum de bachillerato, en mora de actualizarse, debe tener un curso anual enteramente dedicado al conocimiento y análisis de la obra de García Márquez. Y no esperar más tiempo para establecer el 6 de marzo como el Día de su obra literaria. ¿Estamos?


Posdata: Tomo prestado el título de este artículo de la nunca bien ponderada directora de cine español Pilar Miró, autora de la película “Gary Cooper que estás en los cielos” (1981). A muchos no les gustará, a otros sí. Para gustos, la literatura.