Columnistas

Manual para votar
Autor: David Roll
6 de Marzo de 2014


No hay excusa para no votar en las pr髕imas elecciones al Congreso en Colombia.

No hay excusa para no votar en las próximas elecciones al Congreso en Colombia. Las personas que con descaro dicen orgullosas que nunca han votado están completamente equivocadas en su autocomplacencia, con excepción de quienes decidieron cambiar este deber ineludible por un trabajo social intenso en su comunidad, por escepticismo frente al real efecto de la representación en la vida de las personas del común. La otra minoría son quienes creen mejor una dictadura de derecha o de izquierda o no desean sistema político alguno, pero todos ellos juntos no pasan del 6% en todos los estudios.


Pero la mayoría de los que no piensan ir a votar, fuera de los que les da física pereza, lo cual es lamentable, sienten que no saben a quien dar su voto porque desconfían de los políticos y los partidos en su conjunto o se encuentran perdidos en el sistema electoral colombiano. Este manual le quitará esa excusa si estaba pensando usarla para autojustificarse y después andar quejándose del Congreso como si  hubieran hecho algo para tener uno mejor.


Lo primero que debe verificar es que usted pueda votar en el lugar que vive y saber dónde es exactamente. Mire bien que ese día no haya organizado un viaje sin recordar la fecha (me ha pasado, lo confieso) o se haya comprometido con un trabajo de tiempo completo que le impida ir al puesto de votación. Despeje su agenda, agarre su cédula y vaya temprano para no tener la excusa de  que llegó tarde y no pudo.


La más difícil es decidir por quien votar por la desconfianza generalizada que hay frente a la labor de los congresistas, que en algunos aspectos es acertada, pero que en  parte es un lugar común que suena bien decirlo sencillamente, aunque lo cierto es que no votar es facilitarle las cosas a los que tienen los votos comprados. Sea sensato y reconozca que es matemáticamente imposible en una elección en la cual hay tantos candidatos que no exista uno solo del cual usted pueda decir que le inspira confianza, bien por lo que ya ha hecho en política o por su formación académica o por su previo trabajo social. Mire las listas y la propaganda, y reconocerá caras y recordará historias. 


Entre los que reconozca y le suenen, haga una lista y luego siga el siguiente procedimiento. Póngale a cada uno un punto por cada cosa que recuerde que haya hecho bien y quítele dos por situaciones desagradables que recuerde de él, dentro o fuera de la política. Si le falla la memoria consulte en Internet o con un vecino o amigo (la sociedad colombiana es muy politizada aunque no vote tanto y hay mucha gente enterada de la vida y obra de los políticos). Los que tengan mayores puntajes póngalos en una nueva lista y vaya eliminando. Saque a los que viven cambiándose  de partidos (salvo buenísimos motivos circunstanciales), porque eso demuestra falta de seriedad. Elimine o quite puntos luego a los que pertenezcan a partidos políticos que se vea que los inventaron para usarlos y luego desecharlos, porque ese personalismo no es bueno para la democracia (menos en coyunturas muy específicas), o a aquellos en los que la mayoría de sus congresistas terminaron en la cárcel. De los que queden piense si el partido al que pertenece ha tenido cierta coherencia con respecto a los demás partidos o si ha dado siempre bandazos, y quite los candidatos que sean de partidos muy ambiguos. Premie a los que pertenecen a partidos que hayan hecho mejores leyes y gobiernos en comparación con otros partidos (mírelo globalmente en los últimos 20 años). Luego escoja  entre los que quedaron mirando lo que proponen, y si eso le da pereza vote al azar entre los escogidos pero no deje de votar. Para el Senado prefiera los que han hecho mejores leyes a nivel nacional  o que se noten su preocupación por el país en su conjunto y no solo por la región donde consiguen los votos. Para la Cámara sí esta bien que vote por quienes han defendido su departamento en el Congreso y ante el partido.


Este manual es para los indecisos. El ideal es que usted sepa claramente que tan de derecha o izquierda es y tenga un partido al que pertenezca  conforme a eso o con el cual simpatice, y vote por los candidatos de ese partido que están más cerca de su posición ideológica, que al mismo tiempo tengan buen pasado y propongan cosas que usted considera necesarias y viables. Si ya es de estos, felicitaciones.


Por otra parte si usted es un furibundo uribista, un liberal de la cuna a la tumba, un conservador innegociable, un santista de tiempo completo, o le fascina el Partido Verde o el Polo y desprecia a los demás, etc, no se sienta mal y vote en consonancia con su obsesión. Ese fanatismo en tiempos de paz es conveniente para la democracia, e incluso si quiere haga proselitismo, participe en la campaña, vinculese al partido. No importa que usted no distinga entre los factores emocionales y racionales de su elección, mientras se mantenga en la legalidad y de vez en cuando reflexione si no lo están engañando con bravuconadas.


Alguna vez una persona de una región colombiana diferente a Antioquia me dijo en una entrevista: “ustedes los paisas son muy inmorales con la política, venden el voto y luego votan por otro diferente al candidato. Yo sí tengo palabra y cumplo lo que prometo”. Esa ética no le sirve a la democracia. Por supuesto no se deje presionar por sus jefes o allegados del mundo político a cambio de presentes o futuros favores; pero si no tiene la fortaleza moral para enfrentarlos, sígales la corriente y luego vote de acuerdo con su convicción o siguiendo este manual. Nadie se va a enterar y también en política es mejor un pecado venial que uno mortal. 


 


* Profesor Universidad Nacional