Columnistas

Por razones de conciencia
5 de Febrero de 2014


R韔s de tinta han corrido durante las 鷏timas semanas de cuenta de las salom髇icas sentencias pronunciadas por la m醲ima l韉er de la Iglesia Ministerial de Dios Jesucristo Internacional, Mar韆 Luisa Piraquive.

Juan Camilo Arias


Ríos de tinta han corrido durante las últimas semanas de cuenta de las salomónicas sentencias pronunciadas por la máxima líder de la Iglesia Ministerial de Dios Jesucristo Internacional, María Luisa Piraquive.  “¿Cómo así: ese predicador allá minusválido que le falta una mano o le falta un brazo y como así que predicando?... ¿Qué es eso?”, prorrumpía la líder sin que un ápice de vergüenza pudiera apreciarse en sus palabras  o un mínimo resquicio de decoro afectara el argumento con el cual daría sustento a sus ideas: “por causa de conciencia, eso está mal”, afirmó.  


Acto seguido esgrime un silogismo que haría cerrar los ojos al mismo Santo Tomás con tal de no creerlo: si Dios es creador de la “perfección”, luego sería “escandaloso” que a uno de sus predicadores le faltase algún miembro del cuerpo.  Finalmente, en la ya célebre reunión en la cual estableció los lineamientos para seleccionar a los pastores de su iglesia, sostuvo que por razones vinculadas con la “estética” una persona discapacitada no podría ser un “modelo” a seguir.  


Lo más llamativo de lo anterior es que esta perla de la teología criolla quizá hubiese pasado inadvertida de no haberse filtrado en internet un video en el cual se revelaba a la Piraquive haciendo gala de una oratoria más bien precaria y bastante excluyente.  ¿Cuántas veces no habrá incurrido en sermones de esta índole para cohesionar a su secta? ¿A cuántas personas habrá  relegado al silencio y la oscuridad – tanto directa como indirectamente – con tal de sostener las milagrosas ganancias de su empresa celestial?


Más allá del ribete novelesco que van cobrando las hazañas de la mujer que logró erigir en Colombia un templo en honor a Tartufo, es necesario interrogar a la sociedad en la cual se presentan estas declaraciones.  Por razones de “conciencia” el país todavía debe interrogarse a sí mismo respecto del espíritu poco democrático que se respira en muchas de sus esferas; ese talante soberbio que adoptan algunos de los defensores del “sentido común”  a la hora de dejar en claro los parámetros de lo normal.


La procaz discriminación que en este caso nos exhibe la matriarca Piraquive, es a su vez la expresión de una pobre noción de lo público que todavía es posible observar en Colombia; de la misma pasión sectaria que durante décadas ha arrojado leña al fuego del conflicto y el tremendo derroche de insensatez que en algunos casos es necesario para llegar a ser considerado “máximo líder” en el país.