Columnistas

Mi amigo Evelio Ramírez
Autor: Bernardo Trujillo Calle
1 de Febrero de 2014


El martes, en una tertulia de amigos que Evelio presidía, celebrábamos las buenas nuevas de su lenta recuperación.

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El martes, en una tertulia de amigos que Evelio presidía, celebrábamos las buenas nuevas de su lenta recuperación. No sospechábamos que la muerte acechaba de cerca. A las pocas horas, el miércoles en la mañana, fuimos informados de la infausta noticia de su fallecimiento que nos dejó sorprendidos y profundamente consternados. Se había ido uno de los amigos más queridos. Un amigo de muchísimos años que nos ha dejado el vacío de su ausencia.


Evelio fue un personaje de altísimos valores intelectuales, profesionales y cívicos apreciado por la sociedad medellinense, no sólo por quienes fuimos parte del círculo más cercano a sus afectos. Él se hacía querer por su excesiva bondad, por esa descomplicada forma de mirar la vida. No presumía de nada. Nada lo envanecía. Jamás hacía alusión a sus méritos personales, muchísimos por cierto, que él sabía disimular discretamente. Yo admiré especialmente de él su respeto por las buenas maneras de caballero cabal. Fue un gran señor que jamás se expresó con palabras descompuestas. Detestaba la vulgaridad, el lenguaje soez y no celebraba los chistes vulgares, ni las demasías de sus contertulios en las conversaciones. En pocas palabras, fue un cultor de la decencia personal. Y tenía otra virtud que lo hacía más amable, más confiable: su prudencia, su ecuanimidad. No parecía pertenecer a este mundo de odios, envidias y deslealtades. Fue un hombre superior.


Mi amistad con Evelio jamás empañada, se remonta a los años cincuentas. Antes sabía apenas de quien se trataba Éramos por entonces jóvenes militantes del liberalismo que hacíamos política al lado de los hombres importantes del partido. Nuestra amistad nació cuando el Alcalde Jacques de Bedout nos llamó a hacer parte de su gabinete, a Evelio en la Secretaría de Obras y a mí, en la de Gobierno. Teníamos una difícil misión que se la expusimos al Alcalde. Empezaba el Frente Nacional y debíamos abrirle algunos espacios a nuestros copartidarios en los cargos de la administración que dependían de aquellas Secretarías. Y a fe que lo hicimos sin traumatismos, sin causar daño, sin atropellar. A partir de este momento empezó una espiral de ascensos y reconocimientos para Evelio de los cuales fuimos testigos. Recorrió la escala política desde la concejalía, diputación y congreso dejando huella de su impronta. Un laborioso trabajador autor de sesudos acuerdos, ordenanzas y leyes.


En la administración fue igualmente destacada su presencia: Alcaldía, Secretario General del Ministerio de Obras y Ministro encargado y Embajador. En la academia su desempeño fue brillante como profesor y decano en varias universidades. Tuve el honor y la satisfacción de haberlo llevado a la naciente Facultad de Estadística de la Universidad de Medellín. Esa vinculación fue un primer paso a partir del cual Evelio tuvo gran figuración en el Claustro.


Hay en la vida de los hombres públicos facetas íntimas, comportamientos humanos que no se pregonan, que pertenecen a ese mundo interior que simplemente se manifiestan en los hechos, en los actos individuales de cada quien. En política los ánimos suelen exaltarse y la objetividad trastornarse. Evelio fue un ejemplo de ponderación con ser un liberal de raca mandaca como lo dijo el miércoles en emotivas palabras su hija Lucrecia. Sus escritos, sus discursos, sus conversaciones privadas las mantuvo en el plano esencial de las ideas, sin caer en los insultos y trato denigrante contra sus adversarios. Basta leer cualquiera de los escritos en EL MUNDO para captar esa cara amable de su temperamento que era el mismo que hacía valer en las reuniones de amigos, en las tantas a que asistía, diría yo, puesto que Evelio fue un contertulio habitual.


No olvidaré el tono menor de sus palabras y la expresión alegre de su cara acompañada de un inquieto movimiento de sus manos al hablar. Él quería expresarse sin fingidas actitudes. Un amigo sincero en sus opiniones, respetuoso en la controversia, firme en sus convicciones. Extrañaremos la ausencia de nuestro inefable amigo Evelio, la calidez de sus palabras y su hombría de bien.


Nuestras palabras de condolencia a su familia.




Comentarios
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LUIS
2014/02/01 06:51:56 am
Tuve la oportunidad de conocerlo cuando era embajador en Bulgaria, desde donde realizó la gestión para que un grupo de colombianos viajáramos a estudiar a ese país y lo que expresa el columnista sobre el doctor Evelio describe la calidad de persona que era.