Columnistas

Sudán: guerra por el petróleo
Autor: José E. Mosquera
28 de Diciembre de 2013


Hace dos años y cinco meses que Sudán del Sur se convirtió en el Estado 54 de África, un país del tamaño de España y Portugal, ubicado en África Oriental, cerca de las conflictivas regiones de los Grandes Lagos y el Cuerno de África,

Hace dos años y cinco meses que Sudán del Sur se convirtió en el Estado 54 de África, un país del tamaño de España y Portugal, ubicado en África Oriental, cerca de las conflictivas regiones de los Grandes Lagos y el Cuerno de África, en una de las áreas de influencia de los países del arco del Islám.


Una nación de múltiples culturas y de ancestrales conflictos étnicos entre sus siete grupos donde los más agudos son entre las dos etnias mayoritarias: la dinka y la nuer. Pese a que ambas antes de la independencia habían pactado un acuerdo de paz, este se rompió el año pasado y se reanudaron las mutuas matanzas. Un conflicto que se agudizó por las disputas por el dominio de las zonas petroleras y cuando el Presidente Salva Kiir, perteneciente a la dinka, destituyó en julio al vicepresidente Riek Machar de la nuer.


El punto más crítico de sus disputas por el poder fue la semana pasada cuando fuerzas militares leales a los dos se enfrentaron en un intento de golpe de Estado, liderado por Machar y por eso el país cabalga hacia una guerra civil.  Ahora más allá de las disputas por el poder entre los dos, ambos que representan los intereses de Estados Unidos y China, las dos potencias que se reparten las riquezas petroleras en este país africano.


Sudán del sur con sus enormes reservas petroleras, calculadas en más de 6.400 millones de barriles, hace parte de un nuevo escenario en las luchas geopolíticas entre EE.UU. y China en el África.  De allí se derivó el apoyo que recibió en su lucha por su independencia de estas potencias, ambas con el surgimiento de éste nuevo país afianzaron sus intereses económicos en África. Por eso fue que jugaron papeles trascendentales en el fin de la guerra en Sudán y en la creación del nuevo Estado. 


La desmembración de Sudán fue el epilogo de dos guerras. La primera de 1957 a 1972 y la segunda del 2003 al 2005, el detonante de ambas fue el control y el reparto de las riquezas petroleras, entre un norte Árabe y musulmán y un sur cristiano y animista. 


Las luchas de los dirigentes independentistas del sur siempre estuvieron centradas en lograr una autonomía que permitía el control del petróleo. El punto neurálgico de todos los acuerdos de paz que se firmaron desde 1972 entre el gobierno y los rebeldes fue el reparto del petróleo entre las dos regiones.  El acuerdo de paz que se firmó en el 2005 y que puso fin a los años de guerra se hizo sobre la base del reparto del petróleo y la independencia del sur.


 EE.UU. condicionó al régimen de Omar Hassan al-Bashir a respetar las reglas definidas en el proceso de paz y la celebración del referéndum sobre la autonomía del Sur a cambio de levantar el embargo, las sanciones y el retiro de la lista de gobiernos que apoyan al terrorismo. En cuanto a China, para salvaguardar sus intereses económicos, estuvo en el centro de la jugada. Porque el régimen de Beijing importa de Sudán el 7% del petróleo que consume y tenía millonarias inversiones en explotaciones, oleoductos y refinerías. Así como el lucrativo negocio de venta de armas y empréstitos que había otorgado al régimen de al-Bashir. Por eso movió sus fichas y pactó acuerdos para apoyar la independencia del sur a cambio de la protección y expansión de sus inversiones en el nuevo país.