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Urabá.. ¿por fin ?
Autor: Rodrigo Pareja
24 de Diciembre de 2013


Si hay alguna región en Colombia que pueda recibir con justicia el nombre de tierra prometida esa es Urabá, alguna vez descrita como “la mejor esquina de América”, pero por la cual hasta ahora muy poco se ha hecho en realidad

Si hay alguna región en Colombia que pueda recibir con justicia el nombre de tierra prometida esa es Urabá, alguna vez  descrita como  “la mejor esquina de América”, pero por la cual hasta ahora muy poco se ha hecho en realidad por parte de todos los gobiernos, tanto nacionales como departamentales.


Puede resultar exagerada o injusta la anterior afirmación, pero si se tienen en cuenta las potencialidades que en todos los órdenes ofrece la privilegiada región antioqueña, resultan pocas y hasta cierto punto inefectivas las distintas acciones emprendidas para hacer justicia a esa tierra y a sus habitantes.


Es cierto que anteriores administraciones, sobre todo de la órbita departamental, han puesto sus ojos sobre Urabá y le han dedicado algunos esfuerzos, pero ellos no han sido suficientes ni estado acorde con las necesidades y expectativas que allí se tienen.


En muchas ocasiones, como gran cosa, se han designado gerentes para esa zona, pero el asunto en la práctica no  ha pasado de una especie de cortejo o de coquetería con los urabaenses, a quienes los gobernantes parecieran contentar con el solo nombramiento de uno de sus hijos en la alta burocracia.


Ahora por fin, con la puesta en marcha del Proyecto Regional Integral de Urabá, y el contrato Plan Atrato Gran Darién, programas en los que se prevén inversiones cercanas a los dos billones de pesos, pudiera decirse que por fin se ha tomado en serio la exuberante zona de Urabá.


Esta vez no se trata solo de anuncios y promesas a cargo de uno más de la nómina gubernamental, sino que se ha tenido en cuenta el liderazgo, el empuje, la visión empresarial y la decisión ejecutiva de un hombre con experiencia y credibilidad, Federico Restrepo Posada, ex gerente del grupo EPM.


Vale decir que si con este funcionario no despega Urabá hacia el futuro promisorio y merecido – que es el mismo de Colombia dada su posición estratégica – no habrá más nada que hacer en el futuro.


Pero no se trata en esta nota de rendirle culto al pesimismo, habida cuenta de las experiencias frustrantes que tantas veces se han tenido con Uraba,  hacia la cual se mira con fruición en los primeros momentos y luego el silencio y la omisión se encargan de hacer su negativa parte.


Esta vez, con el Proyecto Integral Regional y el Plan Atrato Gran Darién, ambos en marcha y con inversiones tangibles, sí puede decirse que por fin le ha llegado la hora a Urabá y a sus habitantes, muchos de ellos sometidos en los últimos años no solo al abandono secular del Estado sino a toda clase de violencias.


Urabá educada, Urabá sostenible, Urabá socialmente comprometida, Urabá conectada, Urabá portuaria y Urabá industrial, son las seis líneas de acción que podrían llevar a este ubérrimo territorio, a su verdadera emancipación, a ser en realidad no una tierra feraz al servicio de unos pocos, sino una despensa insustituible de productos y servicios para beneficio de toda la nación.


Hacer realidad la formación técnica o profesional de sus jóvenes mediante el asentamiento de la gloriosa Universidad de Antioquia; revivir y llevar a la práctica el sueño del puerto; y conseguir que el viaje por tierra se haga en inmejorables condiciones y en mínimo tiempo, son objetivos que pueden alcanzarse antes de diez años, una eternidad para muchos pero un rato apenas en el inatajable crono de la historia.


Si en el siglo pasado fue don Gonzalo Mejía, el visionario y enjundioso líder que acercó Urabá al conocimiento y la envidia de los colombianos, en este siglo XXI puede ser Federico Restrepo Posada, si lo dejan, el que haga realidad la quimera del ilustre antepasado.


Urabá merece la atención de Colombia, y Colombia necesita de su riqueza, material y humana. Ojalá esta vez sí se haga justicia y todo no pase de ser otro sueño frustrado.