Editorial

Una señal de alerta
23 de Diciembre de 2013


Lo que sigue es diseñar los mecanismos que permitan encontrar los explosivos camuflados en todo tipo de mercancía que llega a la ciudad, así como se hace para detectar el tráfico de estupefacientes en los aeropuertos y las terminales.

Aunque por estos días la agenda noticiosa es alimentada principalmente por los balances del año que termina y las proyecciones del que está por llegar, pasó muy desapercibida la incautación que la Policía Metropolitana del Valle de Aburrá hizo de alrededor de ocho toneladas de pólvora dentro de uno de los bloques de la Central Mayorista de Antioquia, el principal centro de abastos no solo del departamento sino del noroeste colombiano, en un hecho que el propio comandante de la institución, general José Ángel Mendoza, calificó como grave por el riesgo en el que se puso a una  gran cantidad de personas que a diario acuden a este lugar para mercar o para surtir los negocios de alimentos de los municipios de la región.


Este hecho nos causó tristeza pues apenas dos semanas atrás reseñábamos en nuestras páginas de información económica que la Central Mayorista había sido resaltada con el Premio a la Excelencia Logística, categoría plata, por parte de la Unión Mundial de Mercados Mayoristas, gracias al sistema automatizado para el ingreso de los vehículos de carga, que mediante un chip instalado en los camiones que a diario ingresan alimentos y mercancías, le permite a la Central hacer un registro que incluye identificación de placas, verificación de seguros, monitoreo del tiempo de permanencia y débito automático del pago de ingreso. Un avance que, junto a otros como las adecuaciones en infraestructura y la integralidad cada vez mayor de sus servicios, han ubicado a este centro de abastos en un lugar de privilegio tanto en el país como en el continente.


Un panorama tan provechoso, sin embargo, no está exento de dificultades, pues la Central es una ciudadela en la que, como sucede con otros entornos similares, se replican las patologías sociales. Se trata de un lugar de 288.000 metros cuadrados en el que conviven a diario un promedio de 55.000 personas entre compradores y distribuidores, y a donde ingresan 800 vehículos de carga cada día para surtir los 1.500 locales repartidos en 30 bloques. Ni la más avanzada tecnología de control de ingreso, ni el monitoreo constante que puedan hacer las autoridades dentro de ese complejo, podrían evitar que, por ejemplo, entre las mercancías ingresadas (el mayor tráfico se da entre las 2:00 de la madrugada y las 10:00 de la mañana) se camuflara la pólvora que, por fortuna, se pudo encontrar el viernes antes de que fuera comercializada por todo el Valle de Aburrá, seguramente para las noches de Navidad y Año Nuevo que se avecinan y que se tienen como fechas críticas por parte de la Dirección Seccional de Salud de Antioquia por el número de quemados que se presentan.


Estamos seguros de que en el hecho que nos ocupa no hay complicidad de las autoridades de control de ingreso de la plaza y tampoco que se esté poniendo en evidencia un alarmante problema de seguridad. Pero sí creemos que esta es una importante pista y señal de alerta para las autoridades de Policía y para los alcaldes de la región, a quienes reiteradamente se les ha cuestionado por la falta de resultados en cuanto a establecer los métodos y los medios que tienen los distribuidores de pólvora para hacerla llegar a las calles. Lo que sigue es diseñar los mecanismos que permitan encontrar los explosivos camuflados en todo tipo de mercancía que llega a la ciudad, así como se hace para detectar el tráfico de estupefacientes en los aeropuertos y las terminales. Los daños que causan los detonantes y las bengalas en los seres humanos, especialmente en los menores de edad, bien justifica las inversiones que en esta materia se deban hacer.


Mientras tanto, esperamos que la Central Mayorista de Antioquia siga su camino hacia la excelencia en todos los procesos que adelanta, especialmente en el del mejoramiento de la seguridad dentro de sus instalaciones, para lo cual el sistema de peaje -que si bien fue premiado ahora lleva un año de operación- juega un papel fundamental gracias a la red de cámaras instaladas dentro del complejo, que ha permitido también la reducción del robo de vehículos y de mercancías en sus instalaciones.