Columnistas

Universidades para la competitividad
Autor: Danny Garc韆 Callejas
13 de Noviembre de 2013


Bogota-Cundinamarca y Antioquia son los l韉eres en competitividad, seg鷑 el escalaf髇 de la competitividad de los departamentos en Colombia elaborado por la Comisi髇 Econ髆ica para Am閞ica Latina y el Caribe (Cepal).

Bogota-Cundinamarca y Antioquia son los líderes en competitividad, según el escalafón de la competitividad de los departamentos en Colombia elaborado por la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal). Sin embargo, el liderazgo antioqueño estaría en riesgo de continuar la crisis en las universidades públicas del departamento.


Los desmanes y la debilidad institucional en las universidades públicas en Antioquia —en especial en la Universidad de Antioquia— generan altos costos sociales y económicos que son irrecuperables. La reputación y prestigio de egresar de estas universidades disminuye y los estudiantes con mayor capacidad de pago y desempeño académico buscan refugio en universidades privadas.


La incertidumbre para la obtención del título por causa de los paros, actos violentos y diversas manifestaciones sociales dentro de de las universidades públicas incrementa los costos y desesperanza para los estudiantes. Además, trae consigo un estigma y estereotipo que hace a egresados de estas universidades poco competitivos solo por el hecho de “ser hijo de la universidad pública”.


También, se crea un fenómeno de auto-segregación en el que se consolidan universidades para las élites, los ricos, los pobres y los informales. Este es el peor de los escenarios pues se profundizan las brechas sociales, el resentimiento y los enfrentamientos entre clases. El efecto club genera frustraciones de quienes egresan de la universidad pública pues se imaginan un futuro sombrío y de pocas oportunidades.


El problema para Antioquia es que universidades públicas y privadas débiles restan competitividad y desarrollo económico. A diferencia del siglo XIX cuando los costos de transporte separaban las regiones exitosas de las fracasadas, en el siglo XXI es el capital humano abundante, especializado y con alta formación el que permite el desarrollo, crecimiento industrial y de servicios.


Los conocimientos y los servicios “viajan” por la red y los productos de alto valor agregado son cada vez más livianos, sofisticados e innovadores. Basta comparar una computadora Eniac de 27 toneladas de peso con una portátil de 800 gramos. Además, la tecnología inalámbrica permite conectar una variedad de dispositivos electrónicos, facilitando el acceso a una gama ilimitada de servicios, incluyendo los de salud.


Pero estos avances son solo posibles con investigación básica y aplicación tecnológica, que tiene sus líderes naturales en los investigadores en universidades públicas y centros de innovación. Además, la interacción entre diversas áreas del conocimiento presente en los centros educativos facilita la creación y apropiación de conocimientos de diversas disciplinas. Las consolas de entretenimiento que identifican los movimientos corporales son posibles gracias a los avances de la geología. ¡Quien lo creyera!


Antioquia requiere de universidades públicas abiertas y funcionando, con fortaleza institucional y orientadas al avance de la ciencia y el aprendizaje y no al comercio informal. Quizás las universidades han fallado en la formación ciudadana de sus estudiantes. Pero también requieren organismos que protejan su misión: el avance del conocimiento para la consolidación de una humanidad ética, justa y próspera. Solo recuperando su objetivo tendremos universidades para la competitividad.