Editorial

縃acia las neo-dictaduras?
9 de Noviembre de 2013


Con sus decisiones, los gobernantes castro-chavistas van configurando las nuevas formas de dictadura que amenazan a Latinoam閞ica.

La presentación por el partido sandinista del proyecto de reforma constitucional que modifica las instituciones democráticas nicaragüenses para permitir la reelección indefinida del presidente, concederle facultades legislativas y acrecentar los poderes de las Fuerzas Militares coincide con el interés del Frente para la victoria, partido del kirchnerismo argentino, por impulsar la reelección indefinida y con la sentencia del Tribunal Constitucional de Bolivia que permite la segunda reelección de Evo Morales; también concurre con el proyecto de ley habilitante (para obtener facultades legislativas) presentado por el presidente Nicolás Maduro a fin de conseguir poderes para intervenir la economía y luchar contra la corrupción. Con sus decisiones, los gobernantes castro-chavistas van configurando las nuevas formas de dictadura con que amenazan a Latinoamérica.


Hasta el año 2009, Cuba era el único país americano que permitía la reelección indefinida de su presidente, que además lo es del Partido Comunista, el único legal en ese país. Mediante referendo votado el 15 de febrero de 2009, los venezolanos votaron la reforma constitucional que consagró la reelección indefinida de todos los cargos de elección popular. No obstante las dudas que se han mantenido sobre la transparencia de esa jornada y sobre la precaria mayoría de 54,86% frente al 45,13% que votó no, en el marco de una abstención del 30% del censo electoral, el chavismo logró instaurar un modelo institucional del que su creador, Hugo Chávez, logró disfrutar al obtener su segunda reelección bajo la Constitución del año 1999. 


El presidente José Mujica definió, en entrevista con The New York Times, la reelección indefinida como una “institución monárquica”. La elección de los sucesores definidos por los presidentes fallecidos, Hugo Chávez, en Venezuela, o en ejercicio, como Néstor Kirchner, en Argentina; la trinca institucional contra la Mesa de Unidad Democrática de Venezuela, y la pretendida aspiración de la señora Cristina Kirchner a su segunda reelección, le dan razón al gobernante socialista de Uruguay.


Desde febrero de 1999, el chavismo ocupa la Presidencia de Venezuela, república presidencialista, como la mayor parte de las democracias americanas. Las sucesivas reelecciones de Hugo Chávez y la primera de su ungido, condujeron a que Venezuela degenerara en una autocracia, pues el partido gobernante, que está sometido a la voluntad de su jefe, controla todos los poderes del Estado. Ello, con el agravante de que se legitima con la realización de jornadas electorales que tienen apariencia de libertad para el elector y de transparencia en las votaciones, el conteo y el escrutinio. La aparente victoria de Nicolás Maduro sobre Henrique Capriles, por tan solo 1,49% de los votos, a pesar de que el chavismo entregó subsidios, controló puestos de votación y manipuló tarjetones, y la posterior negativa del Consejo Electoral y el Tribunal Supremo de Justicia a atender las quejas del derrotado, son frustrante prueba de la “autocracia electoral” que rige en ese país.


Evo Morales cumplió ocho años como presidente de Bolivia. Aunque su período vencería en 2016, una heterodoxa interpretación del Tribunal Constitucional, según la cual la primera reelección fue apenas su primera elección en el marco de la Constitución de 2009, le permitirá aspirar a un tercer mandato de cinco años, a pesar de que la Carta prohíbe la segunda reelección del presidente. Este es el primer paso hacia el modelo en el que se conservan las apariencias democráticas, con elecciones y aparente separación de poderes, para garantizar las dictaduras de nuevo cuño. 


Tal vez debido a la derrota en las elecciones legislativas del pasado octubre, cuando perdió las mayorías en Senado y conservó unas insuficientes en la Cámara de Diputados, el kirchnerismo no ha insistido en el anuncio de presentación del proyecto de reforma constitucional que permitiría, en 2015, la segunda reelección de la presidenta. Pero los  líderes democráticos de Argentina se encuentran ante el reto de fortalecer su voz parlamentaria para enfrentar el eventual zarpazo contra la Constitución y las instituciones democráticas anunciado por el gobierno peronista. Si consiguen cumplir su papel en defensa de la democracia liberal habrán escrito una página histórica en América.