Palabra y obra

Pedro Olea: “I demand that actors know how to speak”
Pedro Olea: “Exijo que los actores sepan hablar”
Autor: Sergio Esteban Vélez
9 de Noviembre de 2013


Pedro Olea es uno de los directores íconos del cine español de los años setenta. Cuando se celebran sus 75 años de edad, este cineasta de culto, aplaudido en los mayores festivales del Orbe y ganador de un Goya, estuvo conversando con nosotros.


Foto: Cortesía 

Con su primer largometraje “Días de viejo color”, Olea recibió el premio al mejor director de una ópera prima del Círculo de Escritores Cinematográficos.

Sergio Esteban Vélez


Para un joven lleno de originalidad y de ideas libertarias, ¿cómo era dirigir cine en España, cuando el dictador Franco aún gobernaba?


“Era muy complicado vivir, porque todo estaba prohibido.  Afortunadamente, Franco se fue haciendo cada vez mayor y, a medida que se acercaba su muerte, se fueron abriendo un poco las puertas de la censura, para dar una imagen falsa e idealizada del cine de España en los festivales internacionales. 


Todos, por supuesto, teníamos guiones prohibidos e historias prohibidas, y hacíamos lo que podíamos. Mi primera película fue en el 67, cuando Franco todavía estaba muy potente... y me censuraron montone s de cosas.  Y eso que la historia era una tontería, una película casi infantil, pero había una chica que se enamoraba de un chico y tomaba la decisión de subir con él al apartamento para hacer el amor. Me censuraron esa escena.  En esa época, los censores lo recibían a uno para dar las explicaciones de por qué había que cortar escenas.  Y el censor, textualmente, me dijo: ´Es que una chica de esa educación no puede decirle a un hombre que suba a su apartamento.  Si usted hubiera rodado que él la violaba, habríamos dejado la escena; pero no si la decisión viene de la chica´.  Nos tocó luchar mucho.”


¿De dónde la decisión, en 1978, recién muerto Franco, de arriesgarse a rodar “Un hombre llamado Flor de Otoño”, una película que muestra muy abiertamente el homosexualismo?


“Esa película la quería hacer desde antes, pero estaba absolutamente prohibida la obra de teatro en la cual fue basada.   No era solamente una defensa de la homosexualidad, sino casi una defensa del terrorismo.  Hoy en día, habría sido muy difícil hacer esa película, no por el aspecto gay, en el cual ya se ha avanzado bastante, sino porque el travesti protagonista (que se llevó el Premio de Interpretación del Festival de San Sebastián) se quiere “cargar” al dictador Primo de Rivera y lo fusilan por ello. Entonces, es la defensa de un terrorista, que además era homosexual.  Eso, en ese momento, era muy difícil, porque no se había empezado a hacer cine gay abiertamente.”


Muchas de sus películas han sido basadas en grandes novelas. Cuéntenos sobre la relación cine-literatura en su trabajo.


“Sí, es que yo en un principio quería ser escritor.  Yo soy frustrado en tres cosas: escritor frustrado, actor frustrado y actor frustrado.  Mezclando todo eso que no pude ser, con la ayuda de un equipo estupendo puedo ser director de cine, que es un poco de todo eso, pero más en colaboración.  La autoría en cine es muy difícil, porque es como una artesanía, porque dependes de un equipo, y mientras mejor sea el equipo, mejor es el resultado.” 


Hablemos de “El maestro de esgrima”.


“Es una de mis películas favoritas.  Es la película mía que más se ha distribuido y ha gustado en todas partes.  Arturo Pérez-Reverte dice que es su mejor adaptación cinematográfica.  Estuvimos a punto de llegar al Óscar y, al lado, en Palm Spring, por votación, fue elegida como la película que debería haber ganado el Óscar a la mejor película en habla no inglesa.  Años antes, en 1972, mi película ´La casa sin fronteras´, había sido pedida directamente desde Hollywood para participar en el Óscar en habla no inglesa.  La habían visto en el Festival de Berlín, y la pidieron.  España, a disgusto, la envió. No pasó nada.


Y cuando estuve en Los Ángeles promocionando ´El maestro de esgrima´, descubrí que ´La casa sin fronteras´ no llegó al Óscar porque los fascistas de la dictadura de Franco, para joderme (porque se decía que la película era contra el Opus Dei), no mandaron la versión en español de la película, sino una versión en inglés que habíamos rodado.  Por tanto, era imposible que participara en la competición al Óscar a la mejor película en habla no inglesa. ¡El fascismo tiene una mano muy larga!”


¿Es de los directores que se vuelven amigos de sus actores?


“Sí, menos de alguno.”


¿Sigue siendo amigo de Isabel Pantoja, protagonista de su película “El día que yo nací”, con Ana Belén y Víctor Manuel como productores?


“No he visto a Isabel desde que murió Lola Flores.  Y ahora en el escándalo este (hace pocos meses, fue condenada por blanqueo de capitales), no quiero meterme.  Si ella ha hecho algo, que cumpla la ley.   Pero la verdad es que el trabajo con Isabel lo querían hacer todos los directores, porque su primera película, ´Yo soy esa´, había arrasado en todas las taquillas.   Y me llamaron a mí y dije que sí.  Yo quería intentar ver si Isabel era actriz. Y el trabajo con ella fue absolutamente maravilloso.  Le gustaba mucho trabajar.  Me dio la impresión de que le gustaba más ser actriz que cantante.  Todos los del equipo nos llevamos perfectamente con ella.  Cuando salías, había miles de personas esperándola.  ¡Le ponían los niños para que los tocara, como si fuera la Virgen! ¡Qué disparate! Yo me divertía mucho.  Rodé muy a gusto con ella.  Y la película me gusta mucho.   Un famoso escritor dijo que era la mejor interpretación de una folclórica española en toda la historia del cine, incluyendo a Imperio Argentina.”


¿Es de los directores que se dejan dar consejos y sugerencias de los colegas?


“Claro, y hago caso.  En ´Tiempo de tormenta´, por ejemplo, había una secuencia carísima de Jorge Sanz y María Barranco borrachos y drogados rompiendo los cuadros de una galería.  Y alguien me dijo que si quitaba esa secuencia, ganaba mucho la película.  Ni consulté con el director.  Lo pensé y me dije que esa persona tenía razón.   


Entonces, sí acepto consejos de gente que admiro y de personas que admiten también mi consejo.  Es algo que no se hace con envidia, sino con amistad y generosidad.”


¿Y es igual de receptivo cuando los actores quieren aportar al papel algún aspecto o matiz que no estaba planeado inicialmente?


“Depende.  Eso me gusta hablarlo antes, en las reuniones de mesa, con el guión.  Tenemos que lograr que el personaje sea el mismo, visto por el actor y por el director.  Luego, en el rodaje, yo dejo en libertad a los actores, porque creo que lo más importante de la dirección de actores es la elección de actores.  Yo hago mucho cásting y quiero que los actores sepan hablar bien. Porque los jóvenes de hoy en día van mucho al gimnasio y están en muy  buen estado físico, pero no saben hablar.  Yo exijo que sepan hablar. Y luego los dejo que demuestren lo que saben.   Creo que interpretar es un verbo un poco pretencioso o retorcido. Es mejor ´jouer´ o ´play´. Y eso es lo que hay que hacer: jugar.”  


¿Se considera un director caprichoso?


“No.  Soy riguroso y perfeccionista y me gusta ambientar muy bien, pero no soy caprichoso.  El capricho es conseguir contar esa historia.  Si consigues que un productor la cuente, habrá los caprichos justos.  Y si el productor te da el reparto que tú quieres, el equipo y la fotografía que tú quieres  lo que tienes que hacer es estar agradecido y hacerlo bien.”



Maestro de Almodóvar

En los años setenta, a usted le tocó dirigir a jóvenes que se convertirían en grandes estrellas.  Es el caso de Pedro Almodóvar. Usted y Fernando Colomo fueron los primeros directores de cine en apoyarlo y en darle trabajo.  ¿Cómo era ser el jefe de Almodóvar, antes de que él fuera famoso?


“La gente del cine, los de izquierda, nos reuníamos de vez en cuando en casa del director Fernando Colomo.  Eran unas reuniones muy majas y muy libres.  Un día, por invitación de Fernando, aparece allí Pedrito Almodóvar, con bigotito, con una cámara de Super-8, y comienza a proyectar sobre la pared trailers de películas rodadas por él mismo e interpretadas por él mismo.  Lo primero que nos mostró fue un trailer de ´¿Quién le teme a Virginia Woolf?´, en el cuál él mismo hace de Elizabeth Taylor, ¡con bigote!  Nos quedamos todos deslumbrados y quedamos convencidos de que eso sí que era una bocanada de aire fresco en el cine español. 


En esa reunión, Pedro me pidió que, cuando fuera a hacer mi siguiente película, lo llevara de ayudante.  Y, cuando lo tenía de ayudante en “Un hombre llamado Flor de Otoño”, me dijo: “Déjame hacer un papelito... y así gano un poco de dinero”.  Entonces, sale en la película haciendo de ´la Reina de la Banana´.


Siempre me he llevado muy bien con Pedro y fui uno de los primeros en defender su trabajo.  Era algo nuevo e inesperado, una explosión de libertad.”




Filmografía de Pedro Olea

-Días de viejo color (1968)


-El bosque del lobo (1971)


-La casa sin fronteras (1972)


-No es bueno que el hombre esté solo (1973)


-Tormento (1974)


-Pim, pam, pum... ¡fuego! (1975)


-La Corea (1976)


-Un hombre llamado Flor de Otoño (1978)


-Akelarre (1984)


-Bandera negra (1986)


-La leyenda del cura de Bargota (1990)


-El día que nací yo (1991)


-El maestro de esgrima (1992)


-Morirás en Chafarinas (1994)


-Más allá del jardín (1997)


-Tiempo de tormenta (2003)


-¡Hay motivo! (2004)