Columnistas

¿Cómo defender el Parque del Río?
Autor: Carlos Cadena Gaitán
4 de Noviembre de 2013


Es posible que esta sea una de las más importantes noticias del urbanismo en la historia de este país. Sin embargo, los enemigos de la sostenibilidad no dejarán de atacarlo.

Es posible que esta sea una de las más importantes noticias del urbanismo en la historia de este país. Sin embargo, los enemigos de la sostenibilidad no dejarán de atacarlo.


La semana pasada se seleccionó el diseño ganador de nuestro futuro Parque del Río. Se trata de uno de los más ambiciosos proyectos de revitalización urbana jamás desarrollados en Colombia, y llega justo a tiempo, mientras todavía tenemos forma de cambiar paradigmas sobre lo que significa la calidad de vida urbana. 


Regalarle este proyecto a una ciudad víctima del tóxico urbanismo dependiente del carro, es una oportunidad de reinvención. Aunque no se reducen los carriles de la autopista (sino que por el contrario, se busca “optimizar la movilidad”), aunque sea ahora se acepta que el río siempre fue el verdadero corazón de la ciudad, se le ofrece una oportunidad de sobrevivir, y se invita a que todo su recorrido –desde Caldas hasta Bello– vuelva a ser un lugar de interacción humana; para los ciudadanos, que son la razón de ser de cualquier urbe. 


Curiosamente, no se había anunciado los ganadores, cuando ya salieron los grandes patriarcas de la construcción a defender sus mega-autopistas. Que este tipo de obras no se justifican en esta ciudad, dicen; que una verdadera gran obra fue, por ejemplo, el corredor vial multimodal del río. ¡Carambas! Perdón, pero creo que ese gremio necesita urgentemente que les inyecten datos frescos, literatura científica actualizada. Lo escribo con respeto.


Sin señalar culpables, es claro lo que ha pasado en Medellín durante las últimas décadas. Algunos “expertos” nos vendieron la idea de que el “progreso” de una ciudad se mide con el número de kilómetros de autopistas urbanas, y la cantidad de rascacielos diseñados en torno a los lineamientos del Congrès International d’Architecture Moderne. Por eso, abandonamos el río a su suerte de colores, sonreímos de felicidad cuando vemos que se trabaja en ampliar alguna vía, y votamos por aquellos que nos prometen más alfombras rojas para el carro.


Las masacres urbano-ambientales de los poderosos constructores de estas tierras nos hicieron pensar que una alta calidad de vida se refería a vivir en moles de edificios aislados en las laderas, cuya única opción de movilidad sería siempre el carro particular. Todo esto, mientras –en silencio– olvidamos que la calidad de vida en una ciudad se debería medir más bien por la posibilidad de llegar en bicicleta hasta el trabajo o el colegio; en poder acceder a espacios verdes de calidad, sin tener que caminar más de 10 minutos desde cualquier hogar.


Aunque todavía no hablamos de emular la cantidad de espacios verdes urbanos de ciudades como Helsinki, Oslo ó Curitiba, ya empezamos a restituir el corazón de nuestro hogar. Queda entonces una gran responsabilidad para todos: defender el Parque del Río. La mejor manera de hacerlo es informándonos al respecto del proyecto, participando activamente en su proceso, y obviamente, haciéndole seguimiento detallado para que evitemos sorpresas indeseadas. ¡Ojo! Esa responsabilidad no es sólo del estado, sino absolutamente de la ciudadanía.


Felicitaciones a la Alcaldía por apostarle a este proyecto, al Director de Planeación por echárselo al hombro, y a los ganadores: Latitud Taller de Arquitectura y Ciudad.