Columnistas

¡Se salió de madre!
Autor: Lázaro Tobón Vallejo
26 de Septiembre de 2013


El fútbol en general ha dejado de ser un espectáculo deportivo. El estadio y la cancha ya son de segundo plano, la atención se la está llevando la violencia que circunda lo que antes era denominado el mejor espectáculo del mundo.

El fútbol en general ha dejado de ser un espectáculo deportivo. El estadio y la cancha ya son de segundo plano, la atención se la está llevando la violencia que circunda lo que antes era denominado el mejor espectáculo del mundo. 


El tema de la violencia no es nuevo. En los años 80, la situación se empezó a dañar, como lo relató el periódico El Tiempo, el 3 de julio de 1994, bajo el titular “Fútbol y Violencia, una larga historia”. Casi dos décadas después, en vez de mejorar la situación está peor.


El diario capitalino en ese entonces hizo el siguiente recuento de hechos violentos alrededor del balompié. 


1986: Asesinados siete dirigentes deportivos, incluyendo a José Pablo Correa, Presidente del DIM. Octavio Piedrahita, inversionista y el técnico de la selección juvenil Carlos Arturo Mejía Gómez. Se hizo un atentado contra otro y tres más fueron secuestrados.


1988: Asesinado Arquímedes Victoria Grantón, secretario de una liga metropolitana de fútbol. El árbitro Jesús Díaz denuncia amenazas contra su vida. El árbitro Armando Pérez es secuestrado. Los árbitros paran, negándose a pitar la tercera fecha de las finales de ese año.


1989: El árbitro Álvaro Ortega Madero es asesinado en Medellín. Un árbitro y un juez de línea son heridos después de pitar un partido de segunda división.


1990: Asesinado el dirigente del Once Caldas Germán Mejía Arango,.


1992: El periodista Fredy Erazo, es asesinado. Secuestrado el accionista del DIM y del Envigado, Manuel Guillermo Zuluaga.


1993: Asesinado el jugador de fútbol Omar Darío Cañas. Saúl Velásquez, presidente de Difútbol, renuncia por amenazas. El periodista deportivo Carlos Lajud Catalán es asesinado. Es asesinado en Bucaramanga el exfutbolista Augusto Koop.


1994: Francisco Maturana y Gabriel Jaime Gómez son amenazados en pleno campeonato Mundial, sí este último jugaba contra Estados Unidos. Es asesinado en Medellín, el zaguero central Andrés Escobar. 


 Y año tras año, semana tras semana, los registros de la violencia en el fútbol, no solo colombiano sino mundial, son noticia.


En el ámbito internacional los “hooligans” en Inglaterra marcaron una era de terror, las barras bravas argentinas también hacen su aporte en el proceso de desfiguración del fútbol.


Uno de los casos más macabros de violencia en el balompié fue el ocurrido en el estado de Maranhao en el norte brasilero. Allí, durante un partido entre aficionados, el árbitro Otávio Jordao Da Silva fue descuartizado por un  par de asistentes al juego, luego que Da Silva le clavara un puñal a un jugador que lo había agredido momentos antes. La cabeza del árbitro fue izada en mitad del terreno de juego.


Mientras la Fifa filosofa por el juego limpio y la no violencia en los estadios, la realidad social es otra. La violencia en el ámbito mundial se salió de madre. 


A los diferentes actores del fútbol  y su alrededor les pasó lo de la rana hervida. Que en vez de saltar del caldero con agua caliente y salvar su pellejo, se quedó aclimatándose cada vez más al aumento de la temperatura hasta que la pobre rana so volvió sopa. 


Es hora de tomar una decisión radical, como lo han hecho en Egipto e Israel, por ejemplo, suspender los torneos locales, y por qué no hasta el próximo mundial de fútbol. Hasta que el planeta futbolero no reaccione y las cosas regresen a su cauce natural. El goce de un partido de fútbol en paz.