Columnistas

Hans Küng: ¿Tiene salvación la Iglesia?
Autor: Dario Valencia Restrepo
13 de Septiembre de 2013


“Habría preferido no escribir este libro. No es agradable dedicar a la Iglesia que sigue siendo la mía una publicación tan crítica como esta”. Así comienza el trascendental libro de Hans Küng que lleva por título “¿Tiene salvación la Iglesia?”,

“Habría preferido no escribir este libro. No es agradable dedicar a la Iglesia que sigue siendo la mía una publicación tan crítica como esta”. Así comienza el trascendental libro de Hans Küng que lleva por título “¿Tiene salvación la Iglesia?”, una traducción no muy fiel del título original en alemán, publicado este año en excelente versión española. Nacido en Suiza en 1928, el autor es desde 1996 profesor emérito en teología ecuménica de la Universidad de Tubinga, así como creador e impulsor del Proyecto de una Ética Mundial, cuyo contenido aspira a ser compartido por creyentes de las diferentes religiones y por no creyentes. En 1979, la Sagrada Congregación para la Doctrina de la Fe declaró “que el profesor Hans Küng, en sus escritos, ha faltado a la integridad de la verdad de la fe católica, y por tanto que no puede ser considerado como teólogo católico y que no puede ejercer como tal el oficio de enseñar”. Sin embargo, no le fue suspendida su misión sacerdotal.


Los caminos de Joseph Ratzinger y Hans Küng se han juntado y separado.  Ambos participaron en el Concilio Vaticano II (1962-1965), el primero como colaborador de un cardenal y el segundo por nombramiento del papa Juan XXIII como perito. Luego, los dos destacados teólogos fueron colegas en la Universidad de Tubinga, pero sus diferencias se agudizaron en los agitados años sesenta. No obstante, en 2005, el profesor se reúne con el ya papa durante varias horas para hablar de lo que los une: la ética mundial y el diálogo entre ciencia y fe. En el libro mencionado arrecian las críticas a la institución papal y, en particular a Juan Pablo II y Benedicto XVI, a quienes considera culpables de revertir los logros del Concilio Vaticano II.


Küng hace frecuente mención del dicho concilio y de su convocante Juan XXIII, “Il Papa Buono”, para destacar sus llamados al “aggiornamento” o actualización a la luz de los “signos de los tiempos”, a abrir las ventanas de la Iglesia al mundo, al diálogo ecuménico con los “hermanos separados” y al apostolado de los laicos. En ese mismo espíritu, pero con adaptación a la situación concreta de América Latina, se reunieron en Medellín en 1968 los obispos de la región y allí declararon su “opción preferencial por los pobres”, lo cual llevó a la creación de la Teología de la Liberación por parte del sector de la Iglesia más comprometido con las comunidades de base.


El autor considera que la Iglesia vive la crisis más aguda desde la Reforma, agravada por el encubrimiento de los abusos sexuales en todo el mundo, que se manifiesta en la escasez de vocaciones, los cientos de miles que la abandonan y los muchos más que no siguen sus mandatos relativos a la píldora anticonceptiva, el aborto y el uso de preservativos.


El problema central es el gobierno de la Iglesia, encabezado por un papa que reúne todos los poderes, que desatiende la colegialidad  con los obispos (aquel solo debía ser un “primus inter pares”) y no facilita la voz activa de las comunidades. Se trata de un gobierno autoritario que reprime y silencia (“La Iglesia no es una democracia pero tampoco una dictadura”) y que no acepta la discusión de temas cruciales como el celibato, la anticuada visión de la moral sexual, el matrimonio de los sacerdotes y la participación de las mujeres.


Al final del libro, Küng responde la pregunta del título, así: “No he perdido la esperanza de que la Iglesia sobreviva”. Pero para ello debe salir de la Edad Media en que vive una burocratizada curia romana opuesta tenazmente a las reformas y obsesionada con el poder, orientarse hacia el espíritu de Jesús y los orígenes cristianos, aceptar mujeres en todos los ministerios eclesiásticos y practicar a fondo el diálogo ecuménico.