Columnistas

¿Referendo a la carrera?
Autor: Jorge Arango Mejía
1 de Septiembre de 2013


La Constitución tiene una vocación de permanencia. Ella es, en las naciones civilizadas, la norma de normas, la expresión de las reglas fundamentales de la convivencia.

La Constitución tiene una vocación de permanencia. Ella es, en las naciones civilizadas, la norma de normas, la expresión de las reglas fundamentales de la convivencia. A diferencia de las leyes ordinarias –por naturaleza cambiantes- la Constitución está diseñada como el marco en el cual, mediante las normas inferiores, se regulan los asuntos de todo orden que afectan a la comunidad y al individuo como miembro de la misma. Dicho en las palabras más sencillas: la Constitución está formada por unas reglas fundamentales (que no tienen por qué entrar en detalles ni en pormenores), que sirven de base a innumerables normas de diferente jerarquía, que la desarrollan y no la pueden contrariar.  


Por lo anterior, la Constitución no puede modificarse para ajustarla a la medida de los intereses o las urgencias del momento. La constitución española vigente, por ejemplo, prohíbe iniciar su reforma en tiempo de guerra o durante los estados de anormalidad previstos en su artículo 116. ¿Por qué?  Porque factores diversos, relacionados con el uso de la fuerza, con las vías de hecho, pueden condicionar indebidamente la reforma o viciarla.


Es fácil entender  la razón por la cual la ley estatutaria que regula los mecanismos de participación (134 de 1994) establece que el referendo no podrá coincidir con ningún otro acto electoral: si coincide, de algún modo resultará desviada o torcida la voluntad popular. Dicho en otros términos: un candidato popular puede ganar votos para aprobar una reforma inconveniente; y, por el contrario, la aprobación de reformas necesarias o atractivas para la gente, puede aumentar la votación de candidatos de escasos méritos.


No es aceptable mezclar lo que es propio de la lucha política, de la competencia democrática por el poder, con reformas de la Constitución o de la ley. Al hacer las dos votaciones en el mismo día, se corre el peligro de que la reforma no refleje la voluntad de la nación sino la de un partido o grupo.


Al pueblo hay que hablarle claro, en ningún caso confundirlo o impedir que se exprese con toda libertad. En el caso de las charlas con los delegados de las Farc, nadie sabe cuáles han sido los acuerdos: todo es un misterio. Solamente cuando exista un documento final que contenga las conclusiones, se podrá publicar, para que cada uno lo analice y decida si está dispuesto a aprobarlo con su voto o, por el contrario, lo rechaza. 


En lo relativo al proyecto de ley presentado por el gobierno para reformar el artículo 39 de la ley 134, con el fin de  realizar en un mismo día las elecciones y el referendo, hay que tener en cuenta los tiempos del proceso.


Por mucho que se corra, solamente en febrero o marzo de 2014, podrá sancionarse la reforma de la ley estatutaria, una vez revisada por la Corte Constitucional. Después, el Congreso tendrá que tramitar la ley que convoca el referendo, de conformidad con el artículo 378.  Aprobada esta ley, también será revisada por la Corte, según el artículo 241, numeral 2.


Como la primera vuelta de la elección presidencial será al fin de mayo, veremos una carrera de velocidad pura, que no permite la reflexión propia de una reforma constitucional. Y que está llena de peligros.