Columnistas

Sí al referendo
Autor: Bernardo Trujillo Calle
31 de Agosto de 2013


El Quijote es un libro de sabiduría, no tanto por las hondas reflexiones del Ingenioso Hidalgo, sino por las simplezas de Sancho que resumen en frases del común, verdaderas joyas de lo cotidiano.

El Quijote es un libro de sabiduría, no tanto por las hondas reflexiones del Ingenioso Hidalgo, sino por las simplezas de Sancho que resumen en frases del común, verdaderas joyas de lo cotidiano.  El refranero allí contenido nos alumbra en ciertos momentos difíciles.  Yo suelo citar uno, tan oportuno en esta ocasión, cuando se le han venido al presidente Santos las diez plagas de Egipto y algo más, por no seguir con humilde previsión aquello de que “al buen callar llaman Sancho”, palabra homónima del escudero, pero absolutamente distinta en su filosofía.  Cuando en un arrebato de rabia o decepción dijo cómo los medios han sido en buena parte los responsables de la actual situación de protesta nacional, no les estaba atribuyendo ninguna participación directa, pero sí de servirles a los promotores de vehículo de amplificación de cuanto iban diciendo o haciendo en cualquier lugar del país los indignados, desde las pacíficas marchas, hasta las más ruidosas y agresivas.


Ni riesgos de ir a cometer la ingenuidad de pensar en la espontaneidad de los hechos violentos sucedidos desde Nariño hasta el Catatumbo y de pasar por alto la mano vengativa de las extremas y de los adversarios del gobierno, metidos hasta el cogote en las refriegas contra la policía y la sociedad en general. Es un hecho incontrastable la organización de  escaramuzas escalonadas, efecto dominó, dirigidas meticulosamente por quienes han tenido experiencia en armarlas y desarmarlas a discreción, ya por rencor, lucro económico o interés partidista. 


Tampoco se puede desconocer la responsabilidad de los gobiernos anteriores y claro, del actual, en esta suma de años de olvido y marginalidad de los campesinos, tenidos como colombianos de segunda clase, maltratados, discriminados, expoliados, engañados y sometidos a vivir bajo la ilusión de un pronto alivio de su miseria.  La aristocracia de los grandes tenedores de la tierra y su desmedida ambición, insaciable y perdurable, ha logrado hacer fracasar los tímidos intentos de sucesivas reformas agrarias (o agrícolas) porque sus intereses han estado por décadas atados por estrechos lazos económicos o familiares con los intereses de los ricos citadinos.  Políticos corruptos, gamonales esclavistas, mediadores arribistas, son los artífices de estas desigualdades que claman por un revolcón de verdad encaminado a su desenmascaramiento y reivindicación del campo. ¿Cebolleros, papicultores, minilecheros de Siachoque, caficultores de Aipe  o Pijao organizando paros y cacerolazos contra el gobierno?  Nos consideran tontos. 


Se impone con urgencia una sala de crisis del alto gobierno para examinar uno a uno todos estos problemas y resolverlos sin chistar.  Las marmotas buena vida, inquilinos de los ministerios, deben pasar al tablero y si no han dado la medida, a asfalto sin contemplaciones.  Santos no se puede casar con especímenes de esta laya.  El jueves habló el Presidente convocando a la tranquilidad.  Sereno, comprensivo, dispuesto a arreglar los daños acumulados durante décadas, sólo que fue a él a quien le estalló la papeleta en la mano.  Detrás del paro agrario, justo hasta no más, hay promotores del desorden e intereses politiqueros. No todos son campesinos; hay abusivos y aspirantes a curules.


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Lo del referendo es un derecho inalienable de los colombianos.  No se entendería un retorno en estos momentos, dejando frustrados millones de conciudadanos esperanzados en conseguir la paz.  El día apropiado es el mismo de las elecciones para congreso o presidencia y el tarjetón deberá llevar sin tapujos dos palabras: Quiero la paz o Quiero la guerra.   Es un lenguaje inequívoco y sencillo de entender.  Y no es trampa gobiernista.  Sólo consultando el querer de las mayorías, se legitimará el resultado.  Estamos en una democracia y es apenas el tributo que los colombianos de todos los partidos podemos y debemos ofrecerle.  Buena parte del problema de los paros se debe a la inminencia del referendo.  No permitamos que se nos desoriente.


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¿Una sola pregunta: quién indemnizará a los campesinos de los perjuicios sufridos con los paros?