Columnistas

Leyes inútiles (y absurdas)
Autor: Rubén Darío Barrientos
29 de Agosto de 2013


En Suecia, hace unos cuarenta años, se aprobó un receso de seis meses en el legislativo para examinar las leyes inútiles y borrarlas del mapa.

En Suecia, hace unos cuarenta años, se aprobó un receso de seis meses en el legislativo para examinar las leyes inútiles y borrarlas del mapa. El presidente Santos (sin pedir receso, pero sí eficiencia) le propuso al Ministerio de Justicia que liderara un estudio para detectar normas absurdas, en el propósito de que se ventilara finalmente en el Congreso un proyecto de ley que las mandara al carajo, ora por obsoletas, ora porque ya cumplieron su objetivo, ora porque no tienen aplicación. Aunque aquí nos demoramos en hacerlo, se abona el criterioso ejercicio para sacarles tarjeta roja y acometer una depuración pedida a gritos. Son más de 20.000 leyes las que están sobre la mesa, para escoger, señalar y expulsar.


En efecto, pararon bolas y ello se está haciendo en Colombia desde comienzos de este 2013. Ya se culminó una primera fase del estudio, que conllevó el hallazgo de 402 normas torpes que –nadie lo niega– pudieron ser serias y aplicables en su oportunidad legal, pero que hogaño se pasean entre risibles, majaderas e inoperantes. Para la muestra un botón: prohibición de la mendicidad, creación de un fondo de pobres, reglas para la destrucción de la langosta, pensión especial por ser descendiente de un prócer de la guerra de la independencia, prohibición de importación de chinos, reintegración de los salvajes a la vida civil y prohibición de denunciar minas de esmeralda. 


No menos peculiares son las que se refieren a: normatividad sobre vagos y rateros, regulación de la propiedad de las abejas que se vuelan de los panales, el envío anual por el gobierno de tres estudiantes para que se preparen en temas de silvicultura, traslado de presos en ferrocarril, animales incluidos en un legado de rebaño, la adopción de lectura obligatoria del libro “Fábulas y Verdades” de Rafael Pombo, horarios de las retretas en los parques de las principales ciudades, la prohibición para el gobierno de importar drogas que formen hábito pernicioso, prohibición del expendio de bebidas fermentadas, impedimento de vender bebidas alcohólicas a los que se les afecte el cerebro, entre otras.


Se estima que en diciembre se podrá presentar el proyecto de ley, para depurar y suprimir la normatividad anacrónica y quitar tanta “basura” legal que estorba y llena anaqueles, sin ton ni son. Se ha involucrado también en este tema a un grupo universitario que validará la conveniencia o no de esta exclusión del ordenamiento. Sin embargo, como todo este globo de leyes forma parte del devenir del país, se pretende llevarlas a un archivo histórico y hasta colgarlas para una exhibición tipo museo, en donde se mire con buenos ojos la evolución legislativa de Colombia. Válido.


También se han querido buscar con lupa: leyes innecesarias, normas que exhiben sustracción de materia, disposiciones contradictorias y estipulaciones inservibles. De esta última camada, queda la moraleja para los congresistas de legislar con sensatez, abstraídos de desenfreno y buscando factores cualitativos y no cuantitativos. También hay que revisar códigos, como el Civil que data de 1887, en donde hay profusión de poéticas y embellecidas expresiones, que hoy podrían ser más directas y menos sinuosas. Suena a desgaste todo este embeleco, pero ponderamos esta disección que busca anteponer la claridad y la firmeza jurídicas.