Columnistas

El sucio comercio de lo desechable
Autor: Ra鷏 Benoit
17 de Agosto de 2013


Me siento enga馻do y burlado. Por segunda vez en menos de 10 meses he tenido que cambiar mi impresora. No quiso volver a trabajar. Un aviso dec韆 que uno de los cartuchos estaba da馻do.

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Me siento engañado y burlado. Por segunda vez en menos de 10 meses he tenido que cambiar mi impresora. No quiso volver a trabajar. Un aviso decía que uno de los cartuchos estaba dañado.


En dos oportunidades compré la tinta, 4 de colores básicos y dos cartuchos adicionales que le llaman “cabezales de impresión”, un regalito de Hewlett-Packard en sus últimos modelos para vender más. Siguió fallando.


Entonces, me dijeron que tenía que reemplazar la tarjeta de impresión, pero al hacer cálculos, salía más económico adquirir una impresora nueva. 


Están programadas con una vida limitada. Comienzan a fallar en menos de 12 meses. Se bloquean en caso de usar cartuchos recargables. Te indican mensajes falsos de atasco de papel.


Hace algunos años me pasó algo similar con mi computador portátil. No hubo técnico que lo pudiese reparar.  


En un cuartel de bomberos de Livermore, California, una luz lleva encendida desde 1901. Fue hecha a mano por gente honrada, usando filamento de carbono.


Los bomberos comenzaron a notar en 1972 que jamás había sido cambiada esa bombilla y cuando cumplió sus primeros 100 años le hicieron fiesta. Cualquiera puede verla en la Internet, a tiempo real, porque hay una cámara encendida constantemente para confirmar el ejemplo a la decencia empresarial.


Pero, no todos los empresarios son tan honrados. La codicia los embarga y se alinean a lo que se conoce como obsolescencia programada, vida limitada para los artículos del hogar y la oficina, con el fin de aumentar las ventas y por consiguiente las ganancias de los fabricantes.


Hace algunos años la Televisión Española hizo un documental en donde denunció ese “motor invisible de la sociedad de consumo”.


Todo habría comenzado la navidad de 1924, en Ginebra, Suiza, cuando se creó en secreto el cartel mundial de la electricidad, llamado “Phoebus”, para controlar la producción de bombillas. Hay pruebas que demuestran que industrias como Phillips de Holanda y Osram de Alemania, participaron en la conspiración, reduciendo la vida útil de los bulbos de 2,500 horas a solo mil.


El fabricante de la bujía que alumbra en la estación de bomberos de California, es la Shelby Electric Company de Ohio, industria que con certeza no participó en la trampa.


Otros industriales han hecho lo mismo que el cartel de la bombilla. DuPont creó en 1940 una fibra sintética resistente para las medias veladas de mujeres: el nylon. Los dueños, al ver que duraban mucho, obligaron a los técnicos a bajar la calidad. Esas son las medias que hoy día se rompen fácilmente “con solo mirarlas”, como dicen las mujeres.


Hace menos de 4 años, dos jóvenes descubrieron que la batería del iPod estaba programada para una vida corta y no ser reemplazada por el fabricante, obligando a comprar un aparato nuevo.


Estados Unidos es líder de ese mercado indecente. Después de los años 50 se creó una sociedad de consumo sin límites, lavándole el cerebro al público a través de la publicidad con mensajes subliminales de comprar, desechar y comprar, aunque no se necesite. Somos seducidos para llevar un estilo de vida despilfarrador. La teoría es que si la gente no compra la economía no crece.


El link de la bombilla eterna: http://www.centennidalbulb.org/cam.htm




Comentarios
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Gustavo
2013/08/17 06:27:57 am
Por favor corregir la direccion web de la bombilla