Columnistas

Trampas de la diplomacia
Autor: Sergio De La Torre
11 de Agosto de 2013


Esta vez sí, Colombia reclamó a Nicaragua por su última decisión de ofertar la extracción de petróleo en aguas aledañas al archipiélago de San Andrés.

Esta vez sí,  Colombia reclamó a Nicaragua por su última decisión de ofertar la extracción de petróleo en aguas aledañas al archipiélago de San Andrés. Aguas que nos pertenecen, primero, porque no forman parte de las que La Haya le adjudicó a esa nación, y segundo, porque aún en la hipótesis de que si formaran parte de ellas, el fallo pertinente no ha sido confirmado, pues todavía no hemos presentado los reparos  que anunciamos al conocerlo. Pero además, en el reclamo se aduce otra razón, irrefutable y suficiente   en mi opinión: parte del área ofrecida corresponde a la biósfera Seaflower, donde está vedada por la Unesco cualquier actividad industrial que afecte el  medio ambiente.


Nuestra queja se formuló apenas se supo lo anterior. Ella me sorprendió gratamente, acostumbrados como estamos a la mora en reaccionar cada que se ofende la dignidad y se vulneran los intereses  o los legítimos derechos de Colombia en cualquier respecto. Tres ejemplos emblemáticos bastarían para demostrar nuestra habitual, sempiterna lentitud en responder, o la previsible ausencia  de  respuesta alguna. Y  no se crea que somos ligeros al juzgar los continuos agravios y atropellos venidos de fuera. He aquí los ejemplos :


Estados Unidos tardó un quinquenio en ratificar un TLC cuyos  gravosos y humillantes requisitos no tuvieron que cumplir otros países  como Perú. El presidente Obama se mostró más atento a las maniqueas  exigencias de la burocracia sindical gringa que a su compromiso con Colombia. Burocracia sindical corrompida y tortuosa, añado, como ninguna en el mundo. Pero tortuosa en casa, intramuros, porque en el exterior posa de transparente y muy erguida. A nadie escapa que los sindicatos gringos, que  a toda hora gritan su solidaridad con sus congéneres acosados y con los obreros mal pagados del Tercer Mundo, son los primeros en exigir a su gobierno expulsar a los inmigrantes latinoamericanos que acuden allá en busca de trabajo. En punto a fariseísmo no tienen émulo, pero Obama, atento a sus admoniciones y advertencias, nos hizo esperar largos años por un tratado que si a alguien beneficia es a Estados Unidos. Si me extendí en este ejemplo es porque ilustra bien el grado de  paciencia y abyección a que hemos llegado,  con nuestro dizque mejor aliado. ¿Cuánto nos cuesta, en términos de simple decoro, esa actitud resignada y borreguil que nos caracteriza?


El presidente Santos fue uno de los primeros en reconocerle la legitimidad a Maduro, en contraposición a la mitad, por lo menos, del pueblo venezolano, y a pesar de los serios cuestionamientos hechos a su elección, a todas luces amañada tras el cierre de las urnas. Semanas después recibe a Capriles, víctima  del vistoso fraude. Lo hace por cortesía hacia quien  representa, cuando menos, a media Venezuela, y en ejercicio de su potestad soberana, o de su real y libérrima gana. Maduro monta en cólera. Lo apostrofa, se despacha contra él como si se tratara de su vasallo. Amenaza con dañar los diálogos de La Habana, corta el suministro de gasolina en la frontera y, de hecho, bloquea la frontera. La ministra del ramo, sin inmutarse, guarda prudente silencio, como paje regañado. Aquí la bobería sigue confundiéndose con la prudencia en los pasillos de la Cancillería. Y eso  que ya se le demostró a Venezuela que no necesitamos de su mercado para colocar nuestros productos, incluyendo, por supuesto, al papel tualette. Mas aquí viene lo gracioso del asunto: el presidente chileno acaba de recibir a Capriles en Santiago y Maduro no abrió la boca. O sea que a nosotros se nos dá trato de coimes  mientras se respeta a los demás  cuando hacen lo mismo.


Nada desanima más que la impasibilidad colombiana frente a la cadena de abusos y ultrajes de que venimos siendo objeto desde el triste y  ya remoto incidente de la corbeta Caldas, que Barco hubo de retirar de aguas  que no eran del vecino, a raíz de lo cual se congeló, en provecho  suyo, el diferendo marítimo  nacido de la entrega de Los Monjes, dispuesta por un canciller que  - ¡Vaya casualidad¡- portaba el mismo ilustre apellido de la ministra.


3) Y aquí, con este caso, retomamos el tema  que hoy nos interesa.  Ajustamos  ya 9 meses de proferida la atrabiliaria e ilegal sentencia de La Haya y todavía Colombia no ha fijado su posición, olvidando el sabio  aforismo de que “quien calla otorga”. Entretanto Nicaragua, como era de esperarse, aprovechando la consabida abulia nuestra,  fortalece su presencia en el área disputada, ensancha y estrecha sus redes internacionales, proyecta grandes obras y negocios. Como el tema es enjundioso y amerita más espacio, debemos diferir su continuación.