Editorial

Con el ministro de Trabajo
8 de Agosto de 2013


La exigencia que hoy hacen las autoridades de Colpensiones, y las del sistema de salud, para responder por sus obligaciones contribuye a denegar derechos a las personas con menos capacidades

A veintiún meses de la creación del Ministerio de Trabajo, el doctor Rafael Pardo ha revisado, en entrevista con El Tiempo, los logros y retos de una cartera recreada luego de que “los temas laborales perdieran visibilidad” y, en consecuencia, el país abandonara temas importantes para la garantía de derechos fundamentales de trabajadores y patrones: el diálogo social, la generación de trabajo decente, la organización del sistema pensional, la formación para el trabajo y la promoción del sindicalismo democrático.


Si se comparan los indicadores del empleo en Colombia con los de los países Ocde -excluidos los de la Unión Europea en su peor crisis económica-, Colombia, con una tasa de 9,2 % se encuentra lejos de México, con 4,9 %; Corea, con 3,1 %; Estados Unidos, con 7,4 %, y el promedio de naciones, que es de 8 %. Esa tasa, la más baja para el mes de junio en 17 años, es la que hace que los ciudadanos sigan identificando la solución al desempleo como prioridad. No obstante esta situación, Colombia ha logrado que el desempleo pasara del 10,9 % que se encontraba en junio de 2011 al 9,2 de junio de 2013. Sin crear traumas ni generar confrontaciones y en un marco de diálogo con los sectores, el ministro puso la generación de trabajos formales en el centro de la política de desarrollo y ha logrado impulsar iniciativas como la “Ley de Primer Empleo” o los planes de formalización laboral, favoreciendo el reconocimiento de nuevas, y necesarias, prioridades de la política pública y el que la tasa sea modificada por la creación de trabajos formales, en lo que indica que es “un cambio todavía lento, pero importante, en la estructura del empleo”.


La ausencia de un doliente y la magnitud del problema de empleo habían propiciado que, como lo señalara el economista Hugo López, se generara un modelo de generación de puestos de trabajos formales que excluía de las oportunidades al quintil de la población formado por los jóvenes de los sectores más pobres, para los que siempre es más difícil acceder a la educación para el trabajo o a la educación superior. Proyectos como el de “100.000 (cupos) adicionales que próximamente abrirá el Sena, para que haya más jóvenes que tengan una alternativa de estudio” aplazan la entrada de los adolescentes al mundo del trabajo, garantizando un mayor disfrute de su juventud como ordena la Constitución, y les brindan oportunidades para encontrar empleos de calidad cuando lleguen a la vida laboral.


Compartimos el escándalo del ministro con la situación de Colpensiones, que recibió a los cotizantes y jubilados del antiguo Seguro Social: “La mayoría de esos 250.000 son los más pobres, que no tienen a quién acudir, cómo pagar un abogado, nada qué hacer frente a una situación administrativa y de corrupción muy complicada”. En esa situación perversa se ha llegado al contrasentido de que se exigen fallos de tutela para iniciar el estudio de otorgamiento de la pensión, medida que banaliza y arrasa con el amparo extraordinario creado por la Constitución para ofrecer protección en sus derechos fundamentales “cuando estos resulten vulnerados o amenazados por cualquier autoridad pública”. La exigencia que hoy hacen las autoridades de Colpensiones, y las del sistema de salud, para responder por sus obligaciones, es pues, la institucionalización de las vulneraciones; algo absolutamente inaceptable.


En un ambiente de esperanza, el ministro denuncia a las Farc que vuelven por viejas mañas al penetrar en las organizaciones sindicales, que por definición debieran ser modelo de democracia: “Se han activado y están muy empoderados los sindicatos más ligados al Partido Comunista, que ahora se llama Marcha Patriótica. En las elecciones de la CUT avanzaron, y en todos los temas sindicales los dirigentes de Marcha Patriótica están con el pecho inflado, activos, empoderados”. Con su abuso, los extremistas nos devuelven a los oscuros tiempos en que varias organizaciones fueron instrumento del terrorismo para acciones que nunca tuvieron que ver con la defensa de los derechos de los trabajadores y de los más pobres. Confiamos en que los dirigentes serán capaces de marcar distancia con los perturbadores de su acción en pro de derechos fundamentales.