Palabra y obra

Oscar Roldán-Alzate, creator and mediator in art
Oscar Roldán-Alzate, creador y mediador en el arte
Autor: Juliana Vélez Gómez
3 de Agosto de 2013


“No hay obstáculo, en el universo del arte uno puede pensar en grande siempre y tiene como lograrlo”, dice Oscar Roldán-Alzate. Piensa en grande, no tiene temores. Sus acciones hablan por él.



"Yo admiro mucho los maestros, para mí un maestro es una persona cargada de verdad." dice Oscar Roldán-Alzate, refiriéndose a los artistas. 

Julián Roldán

Los clérigos son al templo, como los artistas al museo y para mi, el espacio natural era el Museo de Arte Moderno. Yo salía de la facultad y me iba para Carlos E., me metía y empezaba a ayudar en los montajes desde muy chiquito”. Sí, Oscar Roldán-Alzate creció con el Museo de Arte Moderno de Medellín, Mamm, al que le ha dedicado la mitad de su vida. Ha sido uno de los testigos y artífices de la transformación del Museo como curador, labor que asumió con la seguridad y la fascinación con la que en un momento de su vida se dedicó al arte. Este año fue nombrado como cocurador del 43 Salón (Inter) Nacional de Artistas, el evento más trascendental de las artes en Colombia que comenzará en septiembre en Medellín. 


El encuentro con el arte


Oscar Roldán-Alzate tuvo el placer de nacer en una familia numerosa que se inclinaba por la poesía, las artes y la literatura. Se educó en el Instituto San Carlos, donde recibió una formación muy encaminada al universo productivo. Por eso, al egresar como bachiller, se decidió a estudiar Ingeniería mecánica en la Universidad Nacional, pues respondía muy bien a ese “universo productivo” que le había sido transmitido. En unas asignaturas que se denominan Contextos y que son comunes para todos los programas de la universidad, Roldán-Alzate comenzó a sentir empatía por las artes pues tenía contacto con artistas de la Universidad, se volvió un asiduo visitante de sus talleres y de la Facultad de Artes. “Nunca había pensado que el arte podía ser un nicho y rápidamente en la ingeniería empecé a tener unos choques muy fuertes en esta lógica de pensamiento y empecé a sacarle derivadas e integrales a mis problemas personales y dije ‘no, hasta aquí llegó”. Así fue. Hizo cuatro semestres de ingeniería y se decidió por artes. Eso implicaba contarle a su familia y además argumentarles “alrededor de este mito fantástico de la vida trágica de los pintores modernos, que los artistas valen cuando se mueren”, dice. ¿Qué le llamó la atención de las Artes? “Si bien la ingeniería es un pensamiento lógico matemático, el otro pensamiento era todo lo contrario. Era divergente, expansivo, el universo de las posibilidades: para un problema habían mil respuestas, en cambio en la ingeniería para un problema había solo una”, argumenta. Y eso tenía mucho qué ver con su personalidad. 


A mediados de los años 90 se presentó a estudiar Artes Plásticas en la Universidad de Antioquia. Lo describe como una “realización maravillosa”. La ciudad estaba saliendo de una época muy violenta y en ese momento se le entregaba al arte una responsabilidad, “donde se le decía usted tiene que tomar las riendas del camino que vamos a seguir porque se vienen cosas distintas”, cuenta. 


En su formación como artista, la universidad les inculcaba la idea de esculcar en la vida propia  para producir arte y por mucho tiempo, estuvo en función de eso, observando qué sucedía en su vida. “Pero muy rápidamente todas mis intensiones se volcaron hacia el conflicto social. Pero no necesariamente la sangre y la violencia, sino más bien qué engendraba esa  violencia y cómo la gente del común la vivía.” Recuerda con especial cariño una obra que hizo y que la nombró Palmarés. Con esta obra, precisamente trataba de indagar cómo se generaban esos conflictos y cómo afectaba a las personas. Allí tenía dos personajes que se enfrentaban en su vida bajo la anécdota del fútbol: eran Andrés Escobar y Pablo Escobar. “Entonces empecé a hacer trabajos de archivos, mi trabajo se volvió rizomático y se volvió un trabajo que pisaba muchas áreas del conocimiento y formas de pensar y actuar. Visitaba el tema de la archivística, pero también de la fotografía, la historia y se volvió como un modus operandi de mi trabajo artístico. Ese es como el primer atisbo de cómo llega la curaduría a mi trabajo”. Se puede decir, que la investigación y la curaduría encontraron a este artista. 


Cuando se graduó, se ganó una beca para estudiar un posgrado. No quería ser historiador. Él quería ser artista pero tener argumentos sólidos, pues sentía que los argumentos de los artistas eran débiles. Se había formado satisfactoriamente en el universo semántico y simbólico, pero no en el conceptual. Se dio cuenta que sus últimos trabajos eran “un ejercicio de revisión de la relación de poder. Y eso se llama política”, dice, así que luego de compartir sus inquietudes con María Teresa Uribe, reconocida socióloga de Colombia, se decidió por estudiar una maestría en Ciencias Políticas en la Universidad de Antioquia. Roldán-Alzate cuenta que fue un momento de mucho aprendizaje, pero a su vez de mucho dolor, pues hasta ese momento se daba cuenta de la complejidad del mundo. “Me volví un descreído del arte, eso quiere decir que no tenía el poder de transformar la materia como la tenía antes. Era como si a Sansón le hubieran cortado el pelo, perdí la capacidad de crear, porque no me sentía capaz”. 


La transición


Unos años antes, a Roldán-Alzate lo habían invitado a hacer una exposición sobre tango en la terminal de transportes Olaya Herrera. Habían pasado 65 años de la muerte de Gardel, y para la exposición el artista no quería centrarse en su muerte. Pensó que la vida del cantante seguramente era una historia de felicidad y fascinación. Una tía abuela, le había contado que en 1935 cuando murió Gardel, en Junín vendieron sus dientes. La sonrisa de Gardel se había convertido casi en un mito y a partir de ahí fue que Roldán-Alzate comenzó  armar la exposición. Hizo un trabajo colaborativo e invitó a participar a varios artistas. “Ese trabajo se convirtió en un paradigma en mi proceso y en mi obra de transición entre ser artista y ser curador. Porque ya no era yo el creador, sino el artífice mediador”. 


Mientras estudiaba Ciencias Políticas se agudizó más el sentido para ver la estética de los demás sobre la propia. Le parecía mejor estudiar al artista como una especie de “conejillo de indias” y revisar su estética y formas de proceder. 


Su primera curaduría fue para el Museo de Arte Moderno de Medellín en  2002. La exposición  se llamó ”Nosotros también pintamos”, era pintura joven del área metropolitana. En esta oportunidad se vio enfrentado a un problema que era la valoración de un medio tan visitado y aprendido como ese. Esa fue la primera exposición que el Museo le encargaba a él. 


EL espacio natural


Desde el 2003, aproximadamente, Natalia Tejada, en ese momento la directora del Museo de Arte Moderno, invitó a Roldán-Alzate a hacer parte del comité técnico del Museo, pues no existía en ese momento la figura de curador. Luego, llegó una nueva directora, Paula Restrepo. En vista de que se venía un cambio esencial en el Museo, que era el traslado hacia Ciudad del Río, Restrepo organizó todo el equipo de trabajo y luego de investigar sobre quién era la persona idónea para asumir el cargo de curador, Roldán-Alzate fue llamado para ocupar este lugar. Cuenta el artista que fue un momento de gran riesgo. Pues por un lado tenía un empleo estable y por el otro una oportunidad maravillosa en la que no habían tantas certezas. Pero ganó esa posibilidad arriesgada de irse al Museo, que años después le traerían múltiples gratificaciones. Se vinculó al Mamm en enero de 2008. Debió estudiar cómo construir un lenguaje curatorial, pues él no se había formado como curador exactamente. “Era como aprender en seco, como comerse una tostada en el desierto”, pero lo hizo y junto con otras personas del Museo, robustecieron un gran proyecto de ciudad. Roldán-Alzate había entendido que debía trabajar y no hablar. Es decir, dejar que fueran sus acciones las que hablaran por él. “Es un mundo muy complejo, de muchas envidias y dolores de cabeza, entonces dije, un decálogo interno empieza con el primer mandamiento: no se habla. Segundo, se trabaja. Y así fue como hicimos un trabajo muy orquestado, con un tercer mandamiento que se puede decir que es sin protagonismos, un cuarto, que es liderazgo y un quinto que es en equipo”, afirma. Estando en el Mamm, Roldán-Alzate resalta, entre otras, la curaduría de dos exposiciones que considera muy valiosas: una, “Sociales. Débora Arango llega hoy”, que estuvo en Estados Unidos. Otra, “Bienes Mostrencos” de Carlos Garaicoa, uno de los artistas que más admira.


Arte y poder


Tal vez la relación política del arte es una de las cuestiones que más le llama la atención a  Roldán-Alzate, que la explica así: “Hay quien dice que el poder consiste en la capacidad de definir lo que es real. Y la definición de la realidad es un asunto político. Pero la realidad como tal, lo que percibimos nosotros de la realidad tiene que ver con el arte. Un ejemplo claro es que artista es todo aquel que quiere izar un mundo, y no solo lo quiere izar sino que lo tiene que llevar a cabo. Es decir, quiere imponerle al mundo su manera particular de verlo. Pero, además, debe conseguir quién siga ese mundo. Eso todo es una operación de poder. La creación de los artistas son cuestionamientos sobre el mundo. La  tarea de la política en un estadio óptimo es administrar la realidad. La tarea del arte es cuestionar esa realidad. Y en eso estamos los que nos movemos en el arte”.


La curaduría


Roldán-Alzate no podría denominar en sí como difícil su trabajo. Más bien cree que es una gran responsabilidad “mantener el tenor, el profesionalismo y el adecuado manejo de todos los elementos que confluyen en un proceso curatorial para que cada artista u objeto expuesto logre su mayor rendimiento a la hora de contar su historia”. Algo que le puede generar un poco de miedo es que un curador es una figura con poder. “Entonces es someter ese poder al rigor que tiene la responsabilidad”, dice. Además de ser artista, Roldán-Alzate también es docente universitario, “para mí lo más fascinante de pararme frente a un público de estudiantes es que me da miedo, más que miedo hay una situación de incertidumbre de lo que está por conocerse y es todo lo que va a pasar con una muestra en escena”. 


De las cosas que más le gusta es el contacto con los artistas, “con gente que uno conoce por los libros, de mi trabajo es de las cosas más fascinantes”.  Otra de las cuestiones por las que más vibra es cuando monta una exposición. “El ejercicio de hacerla, de distribuir el espacio, de negociar con las piezas de ver cómo una cosa se va armando como un castillo. Lo más lindo es cuando uno está seguro de que hay un mensaje que le llega a alguien”. 


Este curador es muy joven. “Lo que viene es trabajo como un berraco”, dice. Es feliz en el Museo, que es casi su hogar. Cuando habla de su trabajo es facil ver que la emoción que lo embarga. “Todos los días me levanto con la conciencia de que hay que hacer museo y sacar este museo adelante. Viene la segunda etapa del Museo que es muy importante para mi, yo le he dedicado a este museo la mitad de mi vida”. 


A Roldán-Alzate no le interesa salir y hacerse famoso en la escena internacional. Le gusta reconocer las potencias que hay en nuestro mismo entorno, es decir, “cómo beneficiar comunidades que están lejanas de posibilidades. La familia mía es de Yarumal, ¿por qué no hacer un proyecto con Yarumal? ¿por qué no ir más bien a la veredas?” se pregunta. Cree que es necesario ver de manera sensata los contextos, analizarlos y pensar cómo se puede aportar desde las manifestaciones culturales. Pensar en qué sucede con las comunidades que el Museo beneficia y en la satisfacción de llegar hasta ellos, es para él “incluso más grande que haber conocido al artista más famoso del mundo.”



¿Qué es un curador?

En términos clásicos el Curador es aquel que cuida un patrimonio. El concepto viene del Derecho Romano y es homologable a un albacea. Al arte la palabra curador entra en el siglo XVII, aproximadamente, y en el XX toma mucha fuerza. El curador es conocido como el conservador, se encarga de los cuidados de una colección patrimonial y que nos narra una historia, quiénes somos. Sin embargo, en la curaduría contemporánea se habla de un intermediador de contenidos que tiene que ver con las prácticas artísticas y culturales. Es una persona que edita los contenidos estéticos de una muestra en particular e investiga alrededor de los mismos, es decir, desarrolla conocimiento, escribe textos críticos y diseña dispositivos de intermediación con el público. Uno de los objetivos del curador es que a la hora de mostrar una pieza, una obra, o conjunto de obras, haya una interlocución viable con el público, ligada por ayudas didácticas, apoyos museológicos. Evidentemente no se trabaja solo con obras actuales sino también con las del pasado, pero que se entienda en el contexto del presente. Hay trabajos que pueden compararse en cierta medida con el oficio del curador como el de un director de cine, una persona que orquesta un gran grupo de personas que hace que todo funcione de tal manera que los otros no piense en la producción sino en la historia que cuentan.