Columnistas

Hasta donde hemos llegado
Autor: Bernardo Trujillo Calle
27 de Julio de 2013


No podía creerlo. En uno de los programas de “Hora 20”, Alfredo Rangel dijo con desparpajo que había malestar en las Fuerzas Armadas porque durante el desfile del 20 de julio, el hijo del Presidente marchó con los demás soldados

No podía creerlo.  En uno de los programas de “Hora 20”, Alfredo Rangel dijo con desparpajo que había malestar en las Fuerzas Armadas porque durante el desfile del 20 de julio, el hijo del Presidente marchó con los demás soldados y a raíz de eso, 39 presentaron solicitud de baja.  No tenía, claro, ninguna información fidedigna y sólo adujo como prueba del hecho “insólito” uno de los ácidos comentarios radiales de Fernando Londoño Hoyos que fue desmentido por el comandante del ejército.  Empeñado en sostener la gravedad de lo ocurrido, utilizó el programa para repetir su consabido discurso sobre lo mal que anda un gobierno que se atreve a cometer tal desafuero. No valió la distinta interpretación de los compañeros de panel y a tal grado llegó su insolencia, que la directora Diana Calderón tuvo que increparlo haciendo valer su autoridad de ser la responsable de la conducción.  No se dio por aludido el fresco señor Rangel y, por supuesto, ni se retiró de la mesa, ni se calló.


El señor Rangel, como otros extremistas conocidos por sus desmesurados ataques al presidente Santos y de sus altos créditos de uribismo impenitente, han llegado hasta la mezquindad al incitar a paros y acciones violentas.  A Rangel, no se sabe bien cuál fue el motivo para retirarle su columna de insultos periódicos de la Revista Semana.  Sin respeto por la verdad y corto de sindéresis política, se hizo acreedor a un destacado lugar en la escala del antigobiernismo y ya se habla de que ingresará a la lista de aspirantes al Congreso en representación del C.D. en donde de seguro hallará la horma de sus zapatos.


Tampoco estuvo afortunado en sus intervenciones el panelista Juan Lozano Ramírez, nieto de Juan Lozano y Lozano y Pacho Eladio Ramírez, dos prohombres del liberalismo del pasado siglo.  Elusivo y taimado, dejó la sensación de haber perdido definitivamente el rumbo del buen ejemplo familiar al sumarse a la cohorte de quienes han sido cautivados por el caudillismo.  Dice no aspirar más al Congreso que honraron sus antepasados, razón para intuir que mira hacia más altos destinos.  Una larga espera que va a confundirse con la incierta fecha de las calendas griegas.  ¿O se someterá a otra pela como candidato a la alcaldía capitalina?


Santos ha venido enfrentando con su talante liberal (lo de la U pasó a ser un viejo chiste), los paros que le están armando desde la sombra guerreros de escritorio, politiqueros de oficio.  A tal grado de insensatez se ha llegado, que las Farc están ofreciendo impúdicamente sus armas a los revoltosos del Catatumbo envalentonados, tal vez, por manifiestos públicos como los del Polo en donde aparecen nombres de gente culta, al lado del fusil que exhibe Magateo (SEMANA No. 1629).  La protesta es un derecho constitucional y liberal, mas no la violencia y el atentado personal.  Si Santos no ha permitido que la policía se desborde en excesos, es porque ha escogido el camino del diálogo, más sensato, humanitario y democrático.


El liberalismo y los partidos que respetan los principios constitucionales de Colombia como “Estado social de derecho... fundado en el respeto de la dignidad humana, en el trabajo y la solidaridad de las personas que la integran y en la prevalencia del interés general”, vamos a contribuir a que el fantasma de un cuartelazo o revuelta nacional se aleje lo más posible del futuro de nuestro país.


P.S.: La galería de las cinco figuras liberales aparecidas en SEMANA (1629), muestra los matices de izquierda que definen nuestro partido. Desde un centímetro hasta 50 a la izquierda, allí están de bulto organizando el regreso al poder.  “Estos muertos que voz matáis ...” podríamos repetir hoy.  La experiencia, la firmeza, la lealtad, la capacidad, tienen en este mosaico un previsible futuro de bonanza.  No meramente burocrático, que también se necesita y todos los partidos del mundo la buscan, sino ideológica.  El liberalismo ha jalonado desde hace 165 años los avances más notables y provechosos.  No vamos a repetir lugares comunes, pero lo cierto es que la democracia ha tenido en él su más firme garantía de sobrevivencia.  Con razón se le ha llamado el partido del pueblo.