Columnistas

Buscan Judas último modelo
Autor: Rodrigo Pareja
23 de Julio de 2013


Aunque algunos pretendan dar por terminado el grave incidente ocurrido en el consejo de redacción del noticiero de Teleantioquia, donde un periodista “sapo” se portó en forma miserable y utilizó de manera indebida lo allí tratado,

Aunque algunos pretendan dar por terminado el grave incidente ocurrido en el consejo de redacción del noticiero de Teleantioquia, donde un periodista “sapo” se portó en forma miserable y utilizó de manera indebida lo allí tratado, el asunto será llevado hasta sus últimas consecuencias.


La Fiscalía General y el investigador designado para hacer las averiguaciones, intensificará esta semana su acción y comenzará por recibir ampliación de la declaración a la gerente del canal regional, Selene Botero.


Tanto de parte de ella como del gobernador Sergio Fajardo, la decisión es aclarar la vergonzosa situación presentada y dar con el responsable de la filtración, lo mismo que conocer la motivación o el incentivo que tuvo para proceder en tan bellaca forma.


De pronto el periodista “sapo” se encuentra hoy tranquilo y cree estar a salvo camuflado entre las 25 personas que ese día integraron el consejo de redacción, número altísimo pero comprensible porque en esa jornada se estaban definiendo, no solo el noticiero de la fecha sino toda la programación del fin de semana.


Un punto contra ese desleal es que ya una prestigiosa firma contratada por la entidad que realiza el noticiero, descartó de plano que se hubiera presentado una “chuzada” desde el exterior, como aquellas que en el pasado gobierno tanto se usaron. 


Después de un minucioso y técnico rastreo se comprobó la no existencia de cualquier artefacto, conexión, micrófono ultra secreto o cualquier otro mecanismo por sofisticado que fuera, al cual achacarle la filtración.


En consecuencia el periodista “sapo”, quien también va a ser llamado a declarar junto con todos los asistentes al malhadado consejo de redacción, debe recordar en este momento cómo fue que hizo la condenable tarea, si con su celular o con su grabadora de mano.


En cualquiera de los dos casos, evocará también que en su casa, solitario y con todo el cuidado posible, se dedicó con esmero a editar la grabación original para pasarla a un CD que después haría llegar a un diputado, haciendo las veces de Espíritu Santo, como algunos pretenden hacerlo creer.


Grabar clandestinamente pero con plena conciencia a sus colegas; transferir luego lo captado a un CD y ponerlo en manos de un destinatario, no es tarea que pueda atribuirse a la tercera persona de la Trilogía, como algunos intentan convencer a la opinión, con más deseo de sepultar el escándalo que de aclararlo con todas sus consecuencias.


Ya rodó la cabeza del director Juan Pablo Barrientos, lo  que para muchos pudo ser el trofeo largamente acariciado, pero eso no justifica que lo acontecido pueda quedar apenas como el triunfo de la bellaquería sobre el periodismo, así el colega se haya excedido en algunos términos al referirse a algunas personas o entidades.


Si los gobernantes y sus más serviles estuvieran en capacidad de infiltrar todos los consejos de redacción y grabar lo que allí se dice a diario de ellos o de sus actuaciones, las renuncias presionadas de sus directores serían pan de cada día.


Qué bueno fuera también escuchar, grabar y difundir lo que en algunas reuniones de funcionarios, dirigentes políticos y otros personajes que son objeto de críticas por su accionar, se dice sobre columnistas y periodistas que son fieles a su misión de contar la verdad y poner al descubierto la corrupción y el mal hacer en todas sus formas.


Así se llegaría a un estado de igualdad en el cual no solamente los periodistas paguen los platos rotos, sino que también estos sean acompañados de vez en cuando por algún mal hablado funcionario o político.


Lo cierto es que al periodista “sapo” que ofendió al periodismo y resultó un ser despreciable, hay que descubrirlo, ponerlo en evidencia y hacer que pague como debe ser, su despreciable proceder.