Editorial

No temer al Darién
14 de Julio de 2013


Mientras los gobiernos de Colombia y Panamá siguen admitiendo objeciones no técnicas para aplazar la obra que haría de América un continente de países hermanos, el terrorismo y sus negocios ilícitos continúan aprovechando la ausencia de autoridad.

En abril del año pasado recibimos con esperanza el acuerdo de la Cumbre de las Américas realizada en Cartagena en torno a la necesidad de “la ejecución de proyectos con una visión de redes hemisféricas en materia de vías, de ferrocarriles, de interconexiones eléctricas”. Entendimos entonces que los gobernantes, incluido el presidente Juan Manuel Santos, estaban comprometidos con la construcción de la carretera Panamericana en el tramo Tapón del Darién y con obras complementarias a esa iniciativa, como la interconexión eléctrica por vía terrestre. Con sus declaraciones en la entrevista que hoy publicamos, el mandatario siembra nuevas dudas por el futuro de la interconexión que el continente americano ha deseado, estudiado e impulsado ¡desde hace 144 años!


Nuestro temor por las decisiones que pudieran afectar la construcción del tramo faltante para lograr la integración americana nace en la intención expresada por el gobernante de trabajar con “ONG, universidades y sociedad civil en general, tanto en Panamá como en Colombia”, con el propósito de evaluar opciones ambientales “para desarrollar el proyecto del tramo de la Carretera Panamericana que interconectaría Suramérica y Centroamérica en el siglo XXI”. Porque tememos que el presidente haya sido desinformado por los círculos de malquerientes del proyecto -muchos de ellos muy cercanos a quienes se benefician del abandono del Tapón del Darién- consideramos necesario revisar las principales conclusiones de expertos estadounidenses y americanos que han estudiado desde el año 1869 las posibilidades de construir las obras civiles en el tramo Yaviza-Palo de Letras. 


La primera aproximación a la llanura del río Atrato a fin de establecer sus posibilidades como zona de desarrollo fue encabezada entre los años 1869-1871, cuando al capitán Thomas O. Selfirdge Jr le fue asignada la responsabilidad de identificar alternativas para construir un canal interoceánico en Centroamérica. Entonces, el investigador llamó a que la obra se hiciera en la llanura del río Atrato, apta por su altura y por sus condiciones geográficas. El capitán es reconocido hoy como el descubridor del llamado Tramo de Palo de Letras, que es el recorrido entre el sitio Palo de Letras, en Colombia, y la localidad de Yaviza en Panamá. 


Las exploraciones en el sitio continuaron entre finales del siglo XIX y mediados del XX, con las expediciones para la construcción del Ferrocarril Interamericano (1879) presidida por el ingeniero Alejandro J. Cassat, que determinó que la conexión férrea entre los dos sectores del continente es “el que sale de Yaviza, siguiendo el curso del río Tuira hasta Palo de Letras (llamado entonces ‘El Cajón’) y descendiendo a cruzar el Atrato frente a Riosucio”. Cuando el Congreso Panamericano de Carreteras acordó la construcción de la Carretera Panamericana florecieron inquietudes por el carácter cenagoso de la zona predefinida para la obra. La Subcomisión del Darién creada en 1957 para definir el tramo de la obra  determinó que esta debería hacerse en el recorrido El Tigre-Río León-Lomas Aisladas-Cacarica-Palo de Letras en Colombia, Yaviza-Pinogana-Palo de Letras, en Panamá. 


No obstante lo concluyente que fue ese análisis, las discusiones siguieron abiertas. Por eso mismo, el Gobierno de Colombia determinó, en 1995, realizar un estudio completo y con óptica ambiental, que determinara el mejor recorrido para la obra. La firma seleccionada por Invías para tal iniciativa fue Ecology and Environment, fundada en 1970 y conformada por 800 expertos en consultoría ambiental. Los analistas estudiaron trece posibilidades, además de la de no hacer la obra, y profundizaron en las seis alternativas más posibles para realizarla. Al usar el método Expert Choice, la firma concluyó, en 1998, que el tramo correcto para la obra es el que parte de El Tigre para llegar a Yaviza. Este análisis no ha encontrado controversia técnica. 


Mientras los gobiernos de Colombia y Panamá siguen admitiendo objeciones no técnicas para aplazar la obra que haría de América un continente de países hermanos, el terrorismo y sus negocios ilícitos continúan aprovechando la ausencia de autoridad para devastar la naturaleza y corromper a los habitantes de esas llanuras que podrían ser la región biodiversa más rica del mundo, si se aceptara realizar las obras que garantizarían su protección integral.