Columnistas

Los Castro, Venezuela y la Gran Colombia
Autor: Alfonso Monsalve Solórzano
14 de Julio de 2013


Un ex general del ejército de Venezuela, Antonio Rivero, describe en Semana cómo funciona la asesoría militar de Cuba en el vecino país.

Un ex general del ejército de Venezuela, Antonio Rivero,  describe en Semana  (http://www.semana.com/mundo/articulo/chavez-mantenia-relacion-guerrilla-colombiana/350479-3, 12 07 2013) cómo funciona la asesoría militar de Cuba en el vecino país. Es en todos los campos; inteligencia, ingeniería militar, telecomunicaciones, educación,  entrenamiento de francotiradores, logística, etc. Su influencia es tan grande, que oficiales cubanos dan órdenes a sus análogos venezolanos, y reciben  los informes de novedades nacionales, es decir, todos los reportes militares, son  entregados también a ellos, que tienen, además acceso a información de seguridad tan sensible como la de aeropuertos y puertos; tan extensa, que poseen la información notarial (registro de propiedades y propietarios) y del registro de los ciudadanos; y tan profunda, que la dictadura bolivariana reformó al ejército venezolano a imagen y semejanza del cubano, introduciendo el esquema  de “defensa integral”, que implica la movilización de civiles como milicias, o sea, como fuerzas paramilitares.


Rivero conoció a un capitán del ejército cubano con una estrecha relación con las Farc, y señala, algo ya sabido: que Chavez tenía relación con ese grupo antes de ser presidente, pero adiciona que el gobierno cubano envió  a Venezuela en 1997 a tres asesores para hacer trabajo electoral en la campaña presidencial del candidato Chávez. En el desayuno ya se sabía lo que iba a ser la comida. 


Rivero define la relación entre Cuba y Venezuela, como una relación de país asociado: Cuba asociada con Venezuela o viceversa. Pero en realidad, es una de dependencia, en la que Cuba manda en Venezuela y, por si fuera poco, ésta saca a flote la economía de aquélla, mediante todo tipo de subsidios, incluido como el primero, el del petróleo.


¿Y por qué traigo todo esto a cuento? Ya se ha hablado hasta la saciedad de la alianza, en todos los aspectos, entre la dictadura narcosocialista y las Farc.  En lo nefasta que es en la negociación entre el gobierno de Santos y las Farc, en las que Venezuela no funciona como un país facilitador, sino como un negociador más de la guerrilla. Y Cuba no es el país anfitrión, sino el director de orquesta de la conspiración. En la mesa de negociaciones participan tres actores perfectamente alineados políticamente, y el gobierno colombiano, que no funciona exactamente como una contraparte, defendiendo con toda su fuerza e inteligencia a la nación, sino, a lo sumo, como un gobierno amigable, que se derrotó a sí mismo, dispuesto a llegar a acuerdos a como dé lugar.


Si Santos hubiese estado dispuesto a conseguir una paz digna, jamás hubiera aceptado a Venezuela como facilitador y a Cuba como anfitrión, porque las consecuencias serían fatales, como en efecto lo fueron. Mientras siguen negociando en La Habana,  Venezuela y las Farc trabajan para incendiar al Catatumbo, lugar perfecto para iniciar un enorme foco de agitación y de violencia, con el objetivo de que el país se entere y Santos se doblegue más si es posible, concediendo una Zona de Reserva Campesina, donde no podrían entrar las fuerzas armadas colombianas, pero sí transitar libremente las tropas de la dictadura y de la guerrilla. A la que se suma la violencia que comienza a azuzar esa grupo en departamentos, como el Putumayo, en la frontera del Ecuador correista, y el apoyo irrestricto de los indígenas del Cauca, dueños y señores de ese territorio.  La negociación al servicio de la insurrección.


Es el comienzo, con negociación y /o insurrección, si todo les sale bien, de la construcción de la Gran Colombia socialista, formada inicialmente por Venezuela y Colombia, un engendro castro-chavo-farcsista, una república bananera socialista, bajo la dirección de Cuba, mientras Nicaragua se frota las manos porque tiene en Venezuela la armada y los aviones que necesita para hacer valer la expoliación a la que nos quiere someter el famoso Tribunal de La Haya, con el apoyo de Cuba, ahí, en el Caribe, por si acaso, porque sabe que con Santos no habrá una respuesta digna frente al despojo, sino que permitirá que Nicaragua se quede con nuestro mar económico para no molestar a las Farc. Y con el regocijo del gobierno ecuatoriano, amigo y aliado de todos los anteriores, por donde transita esa organización.


La de Cuba, Venezuela y las Farc no es una jugada perfecta, sino el resultado de no apostar por parte de nuestro gobierno, que buscaba que los otros ganaran. Una especie de suicidio, si sólo se tratara de la vida del jugador; pero un asesinato a mansalva de un país al que el aquel le importa.